Andrés Manuel López Obrador es lo que la gente hizo de él y la garantía que tiene el país de su proceder no depende tanto de su persona, ni de Morena, sino de los votantes, que hoy son ya muchos más ciudadanos, plantea Fabrizio Mejía Madrid.

En entrevista, el autor de Crónica de la victoria, un libro que trata de cómo se vivió el triunfo del hombre que el próximo 1 de diciembre protestará como presidente de México, refiere: “la garantía es que el electorado está mucho más preparado para participar y reclamar”.

Incluso dice que la masa que llenó el zócalo capitalino la noche del 1 de julio pasado no es un abstracto, sino organizaciones de toda la República.

A unos días de que asuma la Presidencia el político originario de Macuspana, Tabasco, el autor del texto, que es la crónica de su victoria, expone que los votantes que hicieron posible su triunfo expresaron en las urnas su hartazgo con la violencia —que raya en la emergencia—, la corrupción y el menosprecio.

El escritor destaca que los mexicanos sólo se organizan en la emergencia y la violencia que se padece en distintas regiones del país, que ha alcanzado esos niveles. Y los mexicanos quieren que sea atacada no con las mismas fórmulas del pasado reciente.

En cuanto a corrupción, indica, es ya descarada e insultante, como los casos del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte o el de la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto.

Durante la campaña “el que encarnaba la no corrupción o la encarna es López Obrador”, y la sociedad exige acabar con ella. Hay que acercar la justicia y la ley.

Mejía Madrid habla también del menosprecio, que tiene que ver con el racismo, la discriminación y el no obtener los contratos o los beneficios del Estado por mérito propio o por talento, sino debido a la componenda o la complicidad.

Desde su perspectiva, el menosprecio se explica y reproduce por todas esas cosas que hacen que el lugar que uno ocupa en la sociedad tenga que ver por el sitio donde obtuvo su preparación académica, su color de piel o el sitio geográfico de su procedencia.

Se abre una expectativa diferente, refiere

Para el escritor, la expectativa que se abre en la sociedad con el triunfo de López Obrador en la pasada elección presidencial es distinta a la que se originó cuando el panista Vicente Fox llegó a la Presidencia en el año 2000.

“Aquí esta expectativa es mucho más profunda porque tiene que ver con dos sexenios de un país realmente roto (…) Es un país quebrado, donde las propias familias están divididas”.

Es un sitio, continúa, donde esperanza no puede utilizarse como sinónimo de optimismo. Es una esperanza trágica que hace referencia a la necesidad de salvar lo que queda de país y, “entonces, eso es López Obrador, es la salida de emergencia”.

—Y si esas personas que votaron por López Obrador se defraudan de su desempeño, ¿qué les quedará?

—Tenemos que cambiar dos cosas. La primera es pensar que el desacuerdo es división y, la segunda, pensar que el presidente es un todólogo.

Recalca que el desacuerdo, aún el más pedestre, tiene derecho a existir y tenemos que pensar más en términos republicanos.

—Pero precisamente a López Obrador se le critica porque es un hombre que polariza.

—Yo creo que el país está polarizado y no porque unos sean chairos y otros fifís. Eso es lo de menos (…) no hemos reconocido que sí somos un país racista y que el color de piel tiene que ver con el lugar que ocupas laboralmente y a qué escuela vas.

En su opinión, el que se mantenga el apoyo de los mexicanos a López Obrador va a depender de lo que suceda en las localidades y remarca que la gente está muy vigilante.

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