Las mujeres conforman uno de los grupos que son más vulnerables durante la pandemia del Covid-19, así como de los que experimentaran más obstáculos económicos y sociales en el proceso de reactivación. Dentro de la población femenina hay grupos de mujeres con mayor vulnerabilidad; como parte de la estructura sistémica de desigualdad, las mujeres indígenas, pertenecientes a la comunidad LGBT, pobres, migrantes o refugiadas son algunos ejemplos.

El problema de la migración, además de ser global, es uno de los más persistentes y de los que presentan brechas de género amplias, de acuerdo con el informe Mujeres migrantes y refugiadas en el contexto de Covid-19 de la ONU Mujeres.

A diferencia de los hombres, las mujeres tienden a migrar solas por cuestiones de género, como violencia dentro del hogar, violencia contra sus derechos por el contexto religioso o político de sus países o a causa de fenómenos como la feminización de la pobreza.

Por su parte las experiencias migratorias también son muy distintas de las de los hombres. La mayoría de las mujeres migrantes fue víctima de violencia sexual, reproductiva, explotación sexual forzada, sexo trasnacional o discriminación en su trayecto migratorio.

Se calcula que de entre el 25 al 80% son víctimas de violencia sexual; en este sentido el estudio El Silencio que Cargo: Revelando la violencia de género en desplazamiento forzado, Guatemala y México de la ACNUR este rango es demasiado amplio por los obstáculos para obtener cifras certeras, especialmente porque hay muy pocas sobrevivientes a la violencia durante la migración que puedan reportar sus experiencias.

Entender las diferentes causas migratorias de las mujeres así como las experiencias en sus rutas de movilidad es esencial para erradicar este tipo de violencia de género. En un primer momento para contener la migración por necesidad atendiendo las necesidades y garantizando los derechos de todas las mujeres. En un segundo momento para que los flujos migratorios de mujeres que salgan de sus países puedan hacerlo de una manera segura y libres de violencia de cualquier tipo.

La pobreza y la violencia en el hogar, ejes transversales

La migración por necesidad está ligada a características poblacionales focalizadas en la pobreza y la violencia estructural de género que se han profundizado durante la emergencia sanitaria.

El comercio minorista informal es una de las ocupaciones principales de las mujeres en situación de vulnerabilidad económico-laboral. Con la paralización de estas actividades y los flujos de personas en las calles, muchas mujeres han perdido su principal fuente de ingresos sin protección social ni apoyos.

Por otro lado, además de la profundización de la pobreza y la vulnerabilidad económico-laboral, la violencia doméstica también se ha profundizado con el confinamiento, los reportes de emergencia y las búsquedas electrónicas relacionadas con auxilio y ayuda para las víctimas y sus hijos han repuntado de manera importante durante estos meses con Covid-19.

En este contexto es necesario priorizar la atención vía política pública para atender estas necesidades para contener los flujos migratorios y evitar todo tipo de violencia contra sus derechos. Especialmente por la saturación de los servicios de organizaciones y proyectos dirigidos a la población femenina vulnerable y a los grupos migrantes y refugiados a escala global.

¿Qué pasa en la emergencia sanitaria?

Las causas de migración se agudizan y los grupos migratorios continúan sus trayectos de movilidad con mayor inseguridad social, civil y sanitaria.

Ante la pandemia la mayor parte de los recursos están destinados al combate del Covid-19 por lo que tanto los albergues como centros de acogida, mantienen condiciones de insalubridad y los servicios de atención clínica y psicológica también se encuentran pausados. Por otro lado, el acceso a salud sexual y reproductiva también queda en segundo plano para muchas mujeres en esta situación.

El reporte de la ONU Mujeres también presenta los riesgos de presencia de violencia sexual contra niñas y mujeres no sólo en los trayectos de migración sino también en los albergues y centros de acogida. Estas situaciones tienden a quedarse impunes dadas las condiciones de vulnerabilidad de las víctimas; por miedo, amenazas o falta de información.

¿Cómo pueden actuar las autoridades?

Reconocer la problemática y las necesidades particulares de ciertos grupos de la población es el primer paso para generar políticas con perspectiva de género dentro de estas comunidades.

La ONU Mujeres destacó la importancia de crear canales de comunicación efectivos e incluyentes acerca de la emergencia sanitaria a las mujeres migrantes, considerando la posible marginación y rezago tecnológico y de recursos así como su probable condición de víctimas de violencia doméstica y sus limitaciones lingüísticas.

Otra de los ejes para la contención de esta violencia estructural es la dispersión de recursos y apoyos hasta las comunidades vulnerables y con tendencias migratorias.

En línea con estas acciones también se deben destinar recursos y vigilar que se garanticen los derechos de las mujeres y niñas tanto en los trayectos de movilidad como en los centros de atención a migrantes y refugiados. No sólo cumpliendo las reglas sanitarias relacionadas con la prevención Covid-19; también brindando atención sexual y reproductiva así como clínica y psicológica.

ana.garcia@eleconomista.mx