En días recientes escuché en la radio al procurador del consumidor lamentarse, como si fuera yo, de la falta de condiciones en la escuela de sus hijos para darle continuidad a las clases de manera remota. 

Así como si fuera yo, el procurador decía que sus hijos estudiaban en una escuela tradicional y que lo mejor para ellos sería cambiarlos a una institución equipada con mejores recursos didácticos. Y así como si fuera yo, y otros tantos padres que pagamos inscripciones para el nuevo ciclo escolar, tendríamos el derecho de exigir la devolución de esos pagos si decidiéramos buscar una mejor opción educativa a distancia para nuestros chamacos.

Pero la intención del procurador no era quejarse de la escuela de sus hijos. Estaba orientando a los consumidores de servicios de educación privada sobre una de las muchísimas quejas de los padres de familia en el inicio del nuevo ciclo escolar a distancia, advirtiendo del éxodo masivo de estudiantes de colegios privados a otras escuelas. 

La educación privada tiene un peso específico en el sistema educativo nacional. De acuerdo con datos oficiales alberga al 15% del total de la comunidad educativa del país (5.3 millones de alumnos y cerca de 500,000 profesores). La inminente quiebra de muchos de estos colegios y la masiva deserción que se avecina no será un mal menor. 

En las escuelas privadas también hay clases

Al margen de las escuelas que recrean núcleos selectos de comunidades por filiaciones religiosas, de comunidades extranjeras, estatus social o modelos pedagógicos, y que cobran colegiaturas muy abultadas, existen también las que operan con recursos muy modestos.  

Si echamos un ojo a la vasta geografía urbana del país, observamos claramente que, en todos los centros urbanos, lo mismo de colonias ricas o de escasos recursos, existe algún tipo de oferta de educación de paga. Esas escuelas atienden al 11% del alumnado del país que cursa preescolar, primaria y secundaria.

El deterioro educativo en México de tantos años expulsó primero a las clases medias de la educación pública y, conforme se han ido agudizando los problemas en ese sector, la educación pública también dejó de ser opción para muchos trabajadores de bajos ingresos. Con ello ha proliferado una oferta indiscriminada de escuelas de paga, fuera de estándares de calidad y para las que existen muy pocas regulaciones, pero resuelven una dinámica social que el Estado no ha podido o sabido atender.

Las escuelas de paga son la única opción para solventar grandes vacíos que existen en la educación pública en tres áreas fundamentales para la dinámica de la vida actual: 1. horarios extendidos, 2. impartición de inglés y 3. acceso a la tecnología. Para todos ellos hubo grandes planes que nunca se resolvieron. 

Horarios extendidos, inglés y computación

Antes, el significado de las horas extra en la educación privada representaba más tiempo de estudios, talleres de arte o deportes complementarios y, desde luego, inglés y laboratorios digitales. Hoy también esos horarios son una necesidad para brindar oportunidades de trabajo a las madres de familia. 

Las escuelas de tiempo completo en el sistema de educación pública se quedaron en fase experimental, probablemente hace más de cuatro décadas, aun cuando desde hace tantos años se han demandado condiciones de tiempo de estancia para los niños en las escuelas, equivalentes a las jornadas laborales de sus madres. Hoy, las únicas escuelas que tienen horarios entre seis y ocho horas diarias son las privadas. 

Ese tiempo extra se dedicaba en parte a capacitar a los alumnos en el manejo de herramientas digitales, no como una prioridad curricular, sino como un valor agregado. 

Pero la educación virtual no solamente requiere equipos de cómputo y conexión a internet. Necesita de maestros con habilidades digitales y métodos didácticos distintos a los que se utilizan en la educación tradicional.

Si calificamos las capacidades digitales de las escuelas particulares, ¿cuántas de ellas sobrevivirían? Aunque no en la misma intensidad, esta lluvia nos está mojando a todos. 

* Elsa Díaz Coria A. estudió comunicación y relaciones públicas. Ha sido reportera, analista de información y desde el año de 1998 es consultora de comunicación para empresas y organizaciones del sector privado.

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