En la llamada guerra contra el narcotráfico, con la cual el presidente Felipe Calderón se propuso generar condiciones de seguridad en el país, con resultados desastrosos, sí hubo ganadores: empresarios a cuyas cuentas fueron a parar buena parte de los recursos públicos, plantea la periodista Peniley Ramírez.

En entrevista, la autora del libro “Los millonarios de la guerra. El expediente inédito de García Luna y sus socios”, editado por Grijalbo (2020), expone que, siguiendo la ruta del dinero, documentó que unos 8,000 millones de pesos llegaron a una red de más de 83 compañías, dispersas en el mundo, de empresarios que adquirieron yates, relojes, autos de lujo, más de 30 propiedades en Miami y negocios en Panamá.

—¿Qué es lo que explica que el presidente Felipe Calderón hiciera secretario de Seguridad a Genaro García Luna?

—Fuentes cercanas a Calderón que entrevisté dicen que no tenía muchos contrincantes. Sé que fue recomendado por algunos empresarios de muy alto nivel y también por activistas. Estas recomendaciones hicieron que Calderón dejara de lado las advertencias sobre García Luna y es algo que revela el libro, que había no solo advertencias de manera informal, sino informes confidenciales, tanto de la PGR (Procuraduría General de la República, ahora FGR) como del Ejército, que había un círculo de corrupción alrededor de él.

—¿Qué explica que el presidente Calderón pusiera en marcha la guerra contra el narcotráfico?

—Lo que más se ha trabajado, desde la academia y desde la prensa, es encontrar la respuesta a esa pregunta en la legitimación política que estaría buscando después de la forma tan cuestionada como llegó al poder. Lo que plantea mi libro es que también había una estrategia de negocio detrás de la guerra contra el narcotráfico.

No era simplemente el hecho de legitimarse políticamente sino de hacer dinero y hacer negocios, establecer redes internacionales de dinero de compra de propiedades y todo eso es lo que el libro revela. Lo que pasó es que el dinero que, se supone, era para pacificar el país, terminaba en manos de unos cuantos políticos y empresarios que se dieron una vida de multimillonarios a costa de la pacificación de México.

—¿Entonces de esta guerra hubo ganadores?

—Exacto. Lo que hace el libro es buscar y encontrar a donde sí llegó el dinero.

¿En donde estaba? Era en una red de más de 83 compañías dispersas en el mundo y en una red de más de 30 propiedades multimillonarias con las cuales pude rastrear unos 8,000 millones de pesos que terminaron en yates, relojes, autos de lujo, mansiones, penthouses en Miami, negocios en Panamá.

El libro traza, tanto la ruta de donde sacaron el dinero, como dónde termina y dónde debió haber terminado. El presupuesto de la Secretaría de Seguridad Pública pasó de 9,274 millones, de pesos en 2006, a 40,536 millones de pesos, en 2012, según una nota de El Economista. Ahí hay toda una gama de gasto.

Lo que hace el libro es decir todo este dinero, que estaba en manos de estas personas, debía haber terminado en estos proyectos, pero en realidad terminó en estas otras cuestiones.

Hay 8,000 millones de pesos que están debidamente documentados en el libro.

Es importante mostrar, que es un caso, con el que por primera vez mostramos dónde empezó y donde terminó el dinero. Eso está bajo investigación ahora. Veremos ordenes de aprehensión, según tengo entendido en las próximas semanas.

García Luna está sujeto a un proceso judicial en Estados Unidos y en ese proceso judicial se están buscando más o menos 10 millones de dólares, que se presume él recibió de los traficantes de drogas para dejarles pasar la mercancía y para darles información sobre otros traficantes. Esos serían 10 millones, pero, en dinero público, el libro rastrea 400,000 millones de dólares. Lo que hago, con documentos, es explicar que esto es solamente una parte de una gama de negocios en los que se utilizó esta estratagema de guerra.

Es decir, hay una parte pequeña que son estos, de los que hablo más, que son los empresarios que se dedicaban a vender programas de interceptación de llamadas telefónicas, de monitoreo de redes sociales, de vigilancia cibernética, de espionaje telefónico.

Hay otros momentos en el libro en los que explico otros negocios, como el de la vigilancia de aduanas, el negocio de la seguridad privada, la emisión de cédulas de identidad.

Otros negocios, no solamente de México. También abordo los casos de Panamá y de Colombia y luego explico cómo hay negocios internacionales que hacen que este no solo sea un caso local y regional, sino cuáles son los grandes conglomerados, principalmente de Israel y de Estados Unidos, que reciben beneficios de este tipo de estrategias.

—¿Con cuántos empresarios habría hecho negocios la Secretaría de Seguridad Pública en ese momento?

—(En el libro) se hace mucho hincapié en el caso de la familia Weinberg porque son de los que hay más pista en las investigaciones.

Es muy importante hacer notar que este no es un libro sobre el sexenio de Calderón. Hay dos capítulos del libro que son del sexenio de Calderón, pero el libro tiene ocho capítulos. De manera que la mayor parte de este libro no es del sexenio de Calderón.

Lo que pretende el libro no es decir el sexenio de Calderón fue terrible y todo lo demás es mejor, sino explicar. Incluso el último capítulo es sobre la actual administración, la de Andrés Manuel López Obrador; lo que hace este libro es encontrar estas líneas continuas de estafa al erario y de utilización de un discurso y de una estrategia de seguridad para el servicio de unos pocos. Hay otro momento en los que hablo de cuáles son los grandes conglomerados que legalmente también obtuvieron grandes ganancias y pongo el caso de la empresa Kio de María Asunción Aramburuzabala y explico cómo van estableciéndose, digamos, estos sistemas de compra y beneficio.

Por supuesto, hay un caso preponderante, el de la familia Weinberg en el libro porque, primero, son las personas que han sido coacusadas con García Luna de lavado de dinero en México, según los documentos judiciales a los que tuve acceso y porque, aunque no aparecen sus nombres, en el caso en Estados Unidos, hay muchas referencias a ellos (…), básicamente les llaman prestanombres de García Luna, en las demandas aunque no los mencionan por sus nombres, pero sí, y es importante decirlo, que ellos no han sido acusados formalmente hasta ahora, pero sí hay referencia a ellos todo el tiempo, a través de las compañías y a través de las compras, en específico de una casa en Miami de tres millones de dólares, donde García Luna se mudó después de su administración.

—¿Hay forma de que tanto el presidente Vicente Fox, como el presidente Felipe Calderón no se dieran cuenta de esto?

—Las investigaciones a las que pude tener acceso muestran que los primeros expedientes de indagatorias sobre García Luna comenzaron en la administración de Fox en 2012. Hubo dos expedientes militares y un expediente de la PGR que se elaboraron en la administración Fox y que ya alertaban de solución con delincuentes del propio García Luna como algunos de sus subordinados directos.

—¿A qué se le está poniendo atención en el juicio a García Luna?

—Uno de los principales argumentos para quienes dicen ese juicio no tiene ni pies ni cabeza, porque sólo está basado en dichos de traficantes de drogas. Es decir, los delincuentes dicen que ellos les dan dinero a García Luna, que no tienen manera de probarlo, y por lo tanto no vale lo que nos digan.

Me parece muy interesante cómo, en el juicio, se ha empezado a introducir documentación de la que no tenemos mucha pista, pero que pude obtener por otras vías, no a través de la defensa y de los fiscales. Al tomar declaraciones a extraficantes o personas que hayan trabajado directamente en el trasiego de drogas que los señalan ahí, la fiscalía también tomó otro camino de investigación, que fue el que toma el libro, es decir, la investigación de la ruta del dinero y, a través de eso ellos, establecen toda una oficina en Nueva York, que estuvo durante varios meses haciendo una indagatoria patrimonial de la historia del personaje.

Hay un capítulo en el que decimos: día uno, se envía este cargamento con 23 toneladas de cocaína; día 13, García Luna se compra una casa; día 20, se envía este otro cargamento; día 25, García Luna se compra otra casa. Entonces sí hay una evolución patrimonial inexplicable con el sueldo de funcionario público, cuyas fechas coinciden casi en todos los casos, con las fechas en las que se enviaba la droga, por lo que hoy lo están acusando de complicidad.

Es decir, sí tiene cierta lógica pensar en un crecimiento inexplicable o ilícito de la fortuna del personaje, en las mismas fechas en que se estaban enviando los cargamentos de droga que supuestamente él cobró por hacerse de la vista gorda.

—¿García Luna operó en solitario o en red?

—Creo que vamos a ver más de la red en el juicio. Hay varios funcionarios en activo que fueron cercanos a García Luna en temas en específico y ahí están mencionados también.

diego.badillo@eleconomista.mx