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Política

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El éxodo hormiga en el escenario político

Un fenómeno interesante, no inesperado, pero altamente significativo, es el tránsito de algunos actores políticos a otros espacios del escenario, ya sea de manera formal o informal.

Un fenómeno interesante, no inesperado, pero altamente significativo, es el tránsito de algunos actores políticos a otros espacios del escenario, ya sea de manera formal o informal.

Dentro de la izquierda, el grupo de Los Galileos en sorna les dicen que sin embargo, se mueven porque ya son liderazgos históricos están encontrando nuevos aliados de grupos. Hace unos cuatro años, jamás se habrían imaginado estar dialogando con panistas (y hasta priistas) sobre las posibilidades ahora necesidad de crear un frente amplio para el 2018.

El líder de Los Galileos es el sinaloense-nayarita Guadalupe Acosta Naranjo, antes aliado de Nueva Izquierda, es decir, de Los Chuchos. De hecho, la Iniciativa Galileos, que así se llama oficialmente, es un grupo nacido en el 2015 que paulatinamente se ha ido alejando del PRD y ha buscado establecer nexos con otros partidos y ubicarse como una facción con identidad propia. En estos momentos, trabajan para la consecución del Frente Amplio Democrático propuesto por Alejandra Barrales y secundado por el presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya. Gracias a que llevan años en el escenario político, Los Galileos se acercaron a liderazgos consolidados en otros partidos, como el panista Gustavo Madero y el priista Manlio Fabio Beltrones e incluso al jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera y propiciaron la discusión sobre los gobiernos de coalición, un tema que impulsó Beltrones en el Senado, allá por el 2009 o antes. Da la impresión de que todos están en el humor de dialogar antes de que las cosas se vayan a poner color de hormiga y justamente eligieron la posibilidad de un gobierno de coalición para expresar más o menos por dónde pretenden que vaya el proceso electoral 2018.

Es obvio que no hay tiempo legislativo para incluir una figura como la de gobiernos de coalición en las normas electorales, pero sí se pueden establecer rutas y compromisos para el proceso electoral, los comicios mismos, el periodo poselectoral y el próximo sexenio, sea quien sea el ganador.

El afán coaligador no satisface a muchos. Al interior del perredismo existe una seria suspicacia respecto a la propuesta de alianza con Acción Nacional. El lunes 7 de agosto, Pablo Gómez y Leonel Godoy, ambos ex dirigentes nacionales del PRD, el secretario de Asuntos Municipales del CEN del PRD, Carlos Sotelo y el senador Raúl Morón, anunciaron que apoyaran la candidatura presidencial de López Obrador, porque rechazan aliarse con el PAN. Tanto rechazan la idea, que exigen la renuncia de Alejandra Barrales a la dirigencia nacional perredista.

En conferencia de prensa, Sotelo leyó un pronunciamiento conjunto y afirmó que ellos y miles más lograrán el cambio de régimen que se propusieron alcanzar en 1989, cuando fundaron el PRD. Dicen que no basta derrotar al PRI sino impedir el retorno del PAN al poder, porque finalmente la alternancia no produjo una auténtica ruptura. Sin embargo, lo más singular de la postura de Gómez, Godoy y Morón es que pretenden apoyar la candidatura de AMLO, sin renunciar al PRD, del que dicen que ha perdido su esencia, ha dejado de defender los derechos elementales de los mexicanos y se ha derechizado . Es rarísimo o, al menos, contradictorio: ¿Como para qué se quedan en el PRD si ya no es un partido de izquierda según ellos? ¿No sería más congruente irse directamente a Morena si han apoyado desde hace años a López Obrador?

En el PRI se vislumbra una escisión derivada de las decisiones de la mesa de Estatutos que se llevó a cabo en Campeche, los días 9 y 10 de agosto. La decisión de cambiar los estatutos para permitir la candidatura de simpatizantes va a irritar a las bases priistas.

Si bien se logró imponer la voluntad presidencial qué casualidad que el presidente Peña estuvo en Campeche horas antes del inicio de la Asamblea Nacional en cuanto al artículo 166 de los Estatutos, no estaba en el programa la reforma del artículo 194, con lo que se evitará que un legislador que haya ganado por la vía plurinominal sea candidato por la misma fórmula en una ocasión inmediata subsecuente. Muchos van a ser los impedidos para acceder a una curul o un escaño, empezando por el líder petrolero Carlos Romero Deschamps­ (nadie en su juicio votaría por él). Incluso a la misma Ivonne Ortega afecta esta decisión y lo peor es que no fue aceptada su moción de incluir en transitorios la obligación de consultar a las bases para elegir al candidato presidencial del PRI.

¿Será que algunos priistas actuarán como Pablo Gómez y Leonel Godoy, apoyarán a AMLO pero se quedarán en el PRI, ejerciendo un voto útil para el candidato presidencial de Morena? Es una posibilidad que no se contrapone a que algunos otros priistas o expriistas de nuevo cuño pasen a militar en Morena. Ya lo han hecho Manuel Bartlett y Esteban Moctezuma­; la semana pasada se filtró en prensa que Mario López Valdés, exgobernador de Sinaloa expriista gracias a que el grupo Atlacomulco no apoyó su candidatura y decidió contender por el PAN y Patricio Martínez, exgobernador de Chihuahua, están buscando incorporarse a las filas de Morena. Hay otros casos, como el empresario taurino y carbonífero coahuilense Armando Guadiana­ Tijerina, candidato por Morena al gobierno de Coahuila, priista hasta el 2012.

Es posible que en semanas subsecuentes veamos a más priistas sumarse a la candidatura de López Obrador, especialmente después de que en la mesa de Estatutos de la Asamblea Nacional del PRI se admitiera la posibilidad de que el candidato presidencial sea un simpatizante sin los 10 años de membresía que acreditaran su lealtad al Revolucionario Institucional y no sólo al presidente Peña. El misterio es si será de manera formal y abierta, o soterradamente.

El escenario planteado por José Antonio­ Crespo (El Universal, 27 de marzo del 2017) está cobrando visos de realidad: la escena en el 2018 sería la lucha entre dos fuerzas PAN y Morena y la caída de la tercera, es decir, el PRI, debido al éxodo de priistas de viejo cuño, léase nacionalistas revolucionarios a Morena. Pero, ¿por qué los priistas preferirían irse a Morena que al PAN o al PRD? Muy sencillo: Morena es la versión contemporánea del PRI anterior a 1983 y en ese sentido, altamente conservador y amigable para quienes consideran que el PRI ya perdió su esencia.

Sin embargo, lo que entonces no se había contemplado es que algunos sectores del PRD y del PAN buscarían crear un frente amplio de carácter incluyente, que al parecer ya atrae a otros partidos como Movimiento Ciudadano y quizá al Verde Ecologista. Esta variable altera por completo el escenario. Independientemente de las críticas en contra del Frente Amplio Democrático, una iniciativa de esta naturaleza podría dar cabida a priistas descontentos con las decisiones del grupo dominante al interior del PRI yque, por distintas razones, no se identifican con López Obrador. Los cambios estatutarios del PRI seguramente fueron música para los oídos de Alejandra Barrales, Ricardo Anaya y también para AMLO. Lo que se avizora tendencialmente es otra escisión del PRI, más fatal que la de 1988: perdieron el voto de confianza que les permitió regresar al poder.

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