El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene un estilo personal de gobernar absolutamente disruptivo, planteó Juan Luis Hernández Avendaño.

En entrevista, el director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla, explicó que ese estilo está centrado en un modelo de comunicación social personalista.

El politólogo dijo que el presidente ha decidido llevar las características de su persona al terreno de la narrativa política, pero se ha enfrentado a que su liderazgo polariza: “por un lado, agrega, es decir, logra atraer, seducir y movilizar adeptos, pero, por otro, rechaza, es decir genera que haya un sector social que lo repele, que no lo apoya”.

Eso ha derivado en un discurso polarizante y esa es una de sus principales debilidades, porque esa forma de comunicar plantea una rijosidad política aguda.

Incluso, mencionó que no sería raro que cuando deje el cargo, se generara un escenario como el ocurrido en días pasados en Bolivia, donde el expresidente Evo Morales también tenía un discurso polarizante.

Explicó que esa situación ocurre porque buena parte de lo que hace su administración está concentrado sólo en él, lo cual constituye también una debilidad.

El académico explicó que, como gobernante, la principal debilidad del presidente López Obrador es que no ha logrado desplegar una verdadera estrategia contra el crimen organizado, el cual está empoderado, con mucho control territorial.

Por otra parte, consideró que entre sus fortalezas destaca que es un buen comunicador nato, lo cual ha permitido incluso que, en algunas encuestas, como la realizada por Mitofsky y publicada en El Economista, la Presidencia aparece como una de las tres instituciones con mayor credibilidad del país, sólo superada por las universidades y el Ejército.

También es una fortaleza el hecho de haberse constituido como un presidente a ras de tierra, que se encuentra con la gente común y corriente, que puede incluso protestarle o felicitarle por las cosas que hace.

Hernández Avendaño destacó que ha habido un cambio en las reglas de juego, particularmente en los privilegios salariales de la alta burocracia, de los beneficios fiscales que había para algunos empresarios, de la reorientación del presupuesto para beneficiar a los deciles más pobres de la población.

Subrayó que el gobierno del presidente López Obrador está recentralizando procesos y el presupuesto, quitando los intermediarios de los programas sociales, pero, por otro lado, es un gobierno muy heterogéneo y, por lo tanto, en muchas franjas del gobierno hay mucha ineptitud, cadenas de corrupción e intereses creados por mucho tiempo.

López Obrador toma decisiones personales y muy personalistas en ciertos rubros, en ciertos ámbitos, pero eso no significa que eso sea eficaz, sobre todo, porque se ha encontrado lo que él llama un gobierno que parece un “elefante perezoso y reumático”.

Es por ello, por lo que, todavía hoy hay personas de la tercera edad que no han podido ser beneficiados con las pensiones para adultos mayores, a pesar de que es el programa emblemático de su gobierno.

El académico dijo que es evidente que, particularmente con sus opositores, el presidente tiene un discurso que es un peligro para él mismo, porque la relación con la oposición debería ser democrática y no de descalificación o en la que divida entre mexicanos conservadores y mexicanos liberales. “El presidente tiene que reconciliar, más que dividir”.

Dijo que AMLO durante este año, en su relación con la oposición y en la forma como la trata, ha tenido suerte porque prácticamente ha estado paralizada, sin creatividad y dividida internamente.

Hasta ahora, ha tenido margen de maniobra ante la oposición, pero no es posible asegurar que esa situación va a seguir así siempre, pues seguramente irá creciendo la oposición en la medida que vaya bajando la aprobación del mandatario y eso se explica porque la tolerancia de la sociedad en términos de resultados también se acorta.

Destacó que, en este primer año de gobierno, López Obrador concentró el poder quitándole margen de maniobra a los órganos constitucionalmente autónomos, colonizándolos y otra serie de decisiones algunas cuestionadas.

Lo relevante es que, si eso soluciona algunos problemas sociales, dado las bajas condiciones democráticas de la sociedad mexicana no pasaría nada, pero si no hay resultados favorables, lo que ocurriría sería un proceso similar a lo que ha ocurrido en Brasil, es decir se podría estar gestando el Bolsonaro mexicano, alertó Juan Luis Hernández Avendaño.

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