El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene un estilo personal de gobernar parecido al del presidente Luis Echeverría: expone un discurso muy populista y está en permanente campaña, señala el analista político, José Antonio Crespo Mendoza.

En entrevista, el profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) asegura que, así como Echeverría tenía un discurso muy anticapitalista o antiempresarial, López Obrador tiene un discurso antineoliberal.

Al igual que Echeverría —explica— el mandatario en turno está en campaña permanente, buscando estar en contacto directo con la gente, con un discurso muy fácil, de acceso a las mayorías, aunque “muy maniqueo, donde todos están conmigo, porque el que no está conmigo está contra mí. Muy de buenos y malos”.

Para el Doctor en historia, en el caso concreto de López Obrador es notorio que casi nunca contesta a las élites que le cuestionan sus argumentos con información. Simplemente las descalifica moral o ideológicamente y ya.

“Él se dirige a sus bases (amplias del 60% o 70%) con un discurso simple, muy elemental y maniqueo”, aseguró Crespo.

Para el analista el jefe del Ejecutivo federal, en este primer año de gobierno prácticamente ha evitado a la oposición.

“Como tiene mayorías parlamentarias, ni siquiera intenta dialogar. En una democracia, normalmente el gobierno del partido en el poder tiene que negociar, platicar, sentarse a debatir con las otras fuerzas políticas sobre bases racionales para llegar a acuerdos. Aquí no, porque no necesitan las mayorías y cuando les hace falta algunas, pues las compra o intimida. No es a base de convicción o de acuerdo”, agregó.

El académico considera que no hay diálogo; hay descalificación. Desde su perspectiva, eso mismo sucede hacia otros actores políticos y sociales, por la misma razón de que como puede imponer sus decisiones, no dialoga, ni convence a quienes le cuestionan, sino que simplemente los descalifica.

En el caso de su relación con los organismos constitucionalmente autónomos, considera que más bien le estorban.

En su lógica, López Obrador “quiere tener el poder centralizado para llevar a cabo una transformación de fondo, radical, profunda y definitiva, que es lo que se ha propuesto”.

Sin embargo, aclara el especialista, no lo dice en esas palabras, pero sí manda las señales de que le estorban los contrapesos cuando éstos están en manos de quienes considera sus adversarios, de sus enemigos políticos, es decir de quienes llama conservadores.

El académico llama la atención en que para el presidente López Obrador, en su intención de lograr la llamada cuarta transformación, le estorban la democracia, los contrapesos, los equilibrios, por lo tanto, hay instituciones autónomas que hay que subordinar y es lo que está haciendo.

Partiendo de esas consideraciones, para Crespo Mendoza, a un año de que López Obrador asumió la presidencia de la República, en materia política, como país, vamos de regreso. “Estamos perdiendo lo poco que se había avanzado en los últimos 30 años y en materia económica (el presidente) está haciendo lo contrario de lo que se debería hacer para generar más inversiones que es como se puede generar mayor crecimiento y sólo a través del crecimiento se puede repartir el ingreso. Entonces, no se puede conseguir desarrollo económico sin crecimiento. López Obrador ha hecho exactamente lo contrario de lo que se debería para atraer la inversión que permite el crecimiento”.

De acuerdo con el profesor del CIDE, lo grave del asunto es que el estilo personal de gobernar del presidente es muy importante en México, porque, al igual que en otros países de América Latina, donde en realidad hay democracias incipientes, las instituciones no están tan maduras, están apenas en construcción y el actuar del presidente puede desbaratarlas completamente o desvirtuarlas.

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