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Política

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Cuando la jornada arranca desde las 4 de la mañana

Hasta parece que el nombre de su pueblo refleja la expectativa de los miles que van en la Caravana Migrante: El Triunfo, en Honduras.

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MEXICO-HONDURAS-US-MIGRATION

Mapastepec, Chis. Hasta parece que el nombre de su pueblo refleja la expectativa de los miles que van en la Caravana Migrante: El Triunfo, en Honduras. De ahí es Wilson, como decide llamarse por cuestiones de seguridad. El anonimato suele ser un método para evitar la violencia en un país donde parece que las pandillas tienen el control sobre la población.

Wilson, con 22 años a cuestas y en una pequeña mochila todas sus pertenencias, despertó antes de las 4 de la mañana en el centro de Huixtla, Chiapas, y regresó a la ruta al igual que sus compañeros centroamericanos, alrededor de 6,500, de acuerdo con estimaciones de autoridades locales, y comenzó a caminar rumbo a Mapastepec, a 65 kilómetros del primer municipio.

El cansancio, las penurias, improvisar a diario dónde dormir y qué comer merman el ánimo; sí, pero la búsqueda de mejores condiciones de vida lejos del país de origen, la familia y las costumbres van inyectando fuerza en los miles de hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses que, desde hace dos semanas, desafían las amenazas del presidente del país más poderoso del mundo.

La convocatoria en redes sociales desde San Pedro Sula para iniciar la caravana entusiasmó a Wilson. En la mochila, una muda extra de ropa y el arranque en solitario hasta llegar a El Salvador. De ahí a encontrarse con la caravana en el puente fronterizo entre Guatemala y México.

“Espero que nos dejen pasar la frontera”, dice con ingenuidad, ya que de los grandes retos que le tocará enfrentar está recorrer un país con grandes peligros para los migrantes. No es Estados Unidos sino México.

Wilson en El Triunfo cosechaba camarón en turnos de 24 horas con una paga de 500 lempiras, apenas unos 406 pesos, que no daban para el sostenimiento de la familia.

Durante el camino se va hermanando con sus compañeros de caravana, desplazamiento que genera una pregunta que revolotea entre quienes incrédulos ven algo inédito en sus pueblos: ¿qué pasa en esas naciones que obliga a familias enteras, con niños, muchos de brazos todavía, a lanzarse a un camino de incertidumbre y peligro?

A través de la ruta, una de las imágenes más comunes e inquietantes es la de pequeños acompañados de sus padres, hermanos, familias de cuatro, cinco, seis integrantes que —como todos— duermen a la intemperie y comen lo que pueden a destiempo.

Imágenes de carriolas con los pequeños, los pequeños en hombros, los pequeños en brazos, los pequeños en improvisados métodos para llevarlos a cuestas, los más grandes también caminan como los adultos.

En Honduras hay un lugar que, en contraste con El Triunfo, parece ser una ironía para sus pobladores: Progreso. Daniel Enamorado Cárdenas viaja con cuatro integrantes de su familia, una de ellas es su concuña que tiene un hijo de dos años. Sin organizarse, se enteran de la caravana y sin pensarlo sólo se van.

“En Honduras no hay trabajo, no hay seguridad, no hay nada. Trabajaba en una tortillería sólo para pagar impuestos: al gobierno y el impuesto de guerra que ponen los de la pandilla”, cuenta mientras espera en un punto entre Huixtla y Mapastepec donde la gente les ofrece comida, agua, ropa y pañales para los bebés.

De impuesto de guerra, acota Sara Rodríguez, su concuña, se pagan entre 3,000 y 5,000 lempiras a la semana, si no lo haces nada más llegan y te matan. Lo suelta así como si ya no tuviera remedio, mientras su pequeño hijo juguetea en el acotamiento de la carretera donde están sentados.

Salieron sin planear, con lo puesto y una muda en la maleta. En el camino se van haciendo de ropa, de lo que vaya haciendo falta. Para esta familia México no es opción para quedarse, su mirada va más allá, hasta Estados Unidos, donde Donald Trump sostiene un discurso antiinmigrante.

“El camino ha estado duro, difícil, pero vamos para adelante, ni un paso para atrás”, sostiene Daniel Enamorado, quien quizá desconozca que aún faltan más de 3,000 kilómetros por recorrer.

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