Hace 26 años Petacalco, Guerrero, apareció no sólo en el mapa de México, sino en el del desarrollo. Era el lugar donde se inauguraba una de las centrales eléctricas más importantes de América Latina, en la víspera de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio.

Era el sitio donde la selva baja se junta con el mar, el lugar que prometía empleo a unos pasos del puerto de altura de Lázaro Cárdenas, donde la gente se hamaqueaba para despedir el sol en el océano y donde los mangos y los cocos se daban a manos llenas, lo mismo que la pesca.

Sin embargo, hoy parece que el destino le jugó una trastada: la promesa de bonanza se convirtió en cenizas.

Sí, tiene una de las centrales más importantes en generación de electricidad del país, pero también una de las más contaminantes del mundo. Y eso se ve, se siente, se oye y se palpa. Los mangos y los cocos se enroñaron. La pesca se fue. Prácticamente sólo quedan peces de esos que dan toques. Llueve ceniza todo el tiempo y no se puede ni tender la ropa, menos colgar la hamaca.

Y todo por el fogón que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) construyó allí como vecino.

Localizada en el municipio de la Unión, en la región de la Costa de Grande de Guerrero, la carboeléctrica Plutarco Elías Calles de Petacalco cuenta con siete unidades, que en conjunto tienen una capacidad efectiva para generar 2,778 megavatios (MW), con una generación bruta de 18.081 gigavatios-hora (GWh), lo que la coloca como la segunda más importante del país o la primera, según la fuente que se consulte.

Aunque se trata de una central eléctrica de ciclo combinado, es decir, que además de carbón puede quemar combustóleo pesado como combustible alterno y diesel para el arranque, utiliza como energético primario el carbón, considerado como el más contaminante de los combustibles fósiles.

Lo cierto es que cada año esa central, ubicada a 10 cuadras de la bahía de Petacalco, consume en promedio 7 millones de toneladas de carbón, que arriban hasta sus instalaciones principalmente desde Colombia, Australia, Canadá y Estados Unidos.

Ese combustible de origen fósil llega, no de a montones, sino de a montañas de más de 71,000 toneladas en navíos de gran calado hasta la terminal marítima de Lázaro Cárdenas, desde donde se trasladan vía terrestre hasta Petacalco, que está a unos 15 kilómetros de distancia.

Cuando el carbón entra al proceso de generación de energía comienza también la tragedia ecológica.

Una contaminación que calienta

Para algunos especialistas, el principal impacto de la carboeléctrica de esa orilla de Guerrero es su contribución al calentamiento global y sus consecuencias en el cambio climático.

En ese sentido, el Protocolo de Kyoto (tratado internacional que entró en vigor en 2005, como parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, donde se fijaron límites para las emisiones de gases de efecto invernadero) tiene como objetivo reducir las emisiones de gases que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), Gas Metano (CH2) y Óxido Nitroso (N2O), además de tres gases industriales llamados fluorados; Hidrofluorurocarbonos (HFC), perfluorurocarbonos (PFC) y Hexafluoruro de azufre (SF6).

De acuerdo con la Comisión para la Cooperación Ambiental de México, Estados Unidos y Canadá, la Central Carboeléctrica Presidente Plutarco Elías Calles de Petacalco, Guerrero, es la principal generadora de CO2 de todas las centrales eléctricas del país con 15 millones163,296 toneladas al año. También es la es la principal generadora de mercurio con 710.97 toneladas al año.

Además, es la segunda en emisiones de óxido nitroso (N2O) con 228 toneladas al año; segunda en generación de metano (CH4), con 152 toneladas y la tercera generadora de óxidos de nitrógeno (NO) con 24,024 toneladas al año y una de las cinco mayores generadoras de dióxido de azufre (SO2) con 152 toneladas al año.

En la Base de datos críticos de emisiones globales de SO2. Clasificación de las peores fuentes globales de contaminación SO2 de la organización ecologista Greenpeace, Petacalco tiene dos deshonrosas menciones: una, en la posición número ocho de la lista de puntos conflictivos por emisiones de SO2, con 204 kilotoneladas al año en el mundo y en el lugar 34 de la lista de puntos críticos de emisiones y fuentes (2018), para SO2 identificados por el satélite Aura de la NASA, con 204 kilotoneladas al año.

Las imágenes de Aura muestran el caso Petacalco como un huevo estrellado con el centro rojo y borde amarillo en una orilla del continente americano, acompañado sólo por unas manchas a la altura de Canadá.

En ese documento se asienta que México está en el grupo de nueve países que concentran los puntos críticos de ese compuesto químico. Refiere que el impacto a la salud del SO2 proviene de la exposición directa a este contaminante y a partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 2.5 micrómetros (PM2.5) producidas cuando el SO2 reacciona con otros contaminantes del aire para formar partículas de sulfato.

El PM2.5 es el contaminante del aire con más impacto a nivel de salud pública debido a que es una mezcla de todo tipo de contaminación que va desde metales pesados hasta contaminantes gaseosos secundarios, tales como sulfatos y nitratos.

Los contaminantes son tan pequeños que pueden penetrar aún más los órganos y células, dañando así cada órgano del cuerpo, causando demencia y problemas de fertilidad, hasta un nivel de inteligencia inferior, o problemas cardiacos y de pulmones.

Eso se lee en los documentos y se observa desde las alturas, pero de cerquita, a ras de suelo, la gente lo respira, lo percibe y lo padece.

Ni para colgar ropa

Hace tiempo que las señoras de esa orilla de México se dejaron de quejar de que no es posible tender la ropa recién lavada a secar al sol en los patios de sus casas, porque las cenizas lo ensucian todo. Los señores que tienen automóvil también dicen poco ya de los daños a la pintura de sus carros por la ceniza.

Lo que no dejan de expresar son las enfermedades de los ojos atribuibles, sin lugar a duda, a la contaminación. Muchos le atribuyen el incremento de enfermedades más serias.

Aunque para la autoridad las cenizas que expulsa esta central eléctrica es un residuo no peligroso, su presencia es una constante, no sólo las que vierte por sus cuatro chimeneas, sino las que guarda en los tiraderos de ceniza que tiene en el mismo pueblo. Algunos estudios refieren que cada año cada una de sus siete unidades producen 91,960 toneladas de ceniza. Eso no sólo significa un cerro, sino una cordillera de problemas.

En junio de 2016, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) impuso la clausura temporal del Proyecto “Depósito de Cenizas de Carbón de la Central carboeléctrica Presidente Plutarco Elías Calles”, por carecer de autorización para cambio de uso de suelo en terrenos forestales, que otorga la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).

Ese tiradero afecta 32.6 hectáreas de selva baja caducifolia y humedal Costero.

Según la PROFEPA, daña especies de mangle botoncillo, mangle blanco, huaje, cubato, parota, huizache, pata de vaca y cuahulote.

Contaminación de cuerpos de agua

Como todas las centrales termoeléctricas, el agua de enfriamiento es indispensable para su funcionamiento. Incluso, desde afuera de la planta, sus instalaciones se miran en medio de dos brazos de río, como si hubieran sido dispuestos por un paisajista urbano, bordeando el complejo del que destacan sus cuatro chimeneas de 120 metros de alto con sus anillos rojos hasta arriba.

De un lado, un brazo de 3.2 kilómetros, al que se le conoce como de llamada, que trae el agua del río Balsas y una batería de pozos en las inmediaciones de la isla de Cayacal. Es para remover  lo que técnica y pomposamente llaman “el calor de exceso en el vapor de escape de la turbina a través del condensador”, el cual ingresa a grandes cantidades para llevar a cabo su función en el trabajo de la central. El otro es el de descarga, de 2.60 kilómetros, que saca el agua caliente hasta la bahía de Petacalco directo al mar.

Los primeros afectados fueron los pescadores. Entrevistado vía telefónica, Gilberto Barrera Reyes, dirigente de trabajadores de cooperativas de Petacalco, destaca que la producción de pescados y mariscos ha bajado considerablemente desde que inició operaciones la planta el 18 de noviembre de 1993.

El dirigente de 41 asociaciones pesqueras que aglutinan a 1,600 trabajadores dice que desde que hicieron los canales de entrada y de salida de agua de la planta se vieron los primeros impactos ecológicos: el manto freático se fue hacia abajo y luego, cuando empezó a funcionar, el agua caliente comenzó a matar los mariscos.

—¡sólo deja peces indeseables, como ese que da toques, la guitarra y el sapo espinudo!, Pero la CFE nunca lo han querido aceptar —recalca.

Recuerda que hace años, antes de que alguien decidiera generar energía desde allí, la Bahía de Petacalco “era un santuario de peces, pero como se modificó el trazo del río y ahora en lugar de desembocar a 100 metros de donde termina el pueblo, ahora lo hace justamente al centro. Con ello se azolvó y se convirtió en una bahía miserable pa´ la pesca”.

—Lo grave es que no se puede resollar del cenizal que sale de diario! ¡Es una contaminación endemoniada! —señala.

Incluso dice que la gente atribuye la muerte de unas 80 personas de cáncer a la contaminación de la carboeléctrica.

Además, menciona que ahora, de repente “hace un ruidal”. “Parece un jet despegando y no puedes platicar a dos metros de distancia”.

Según el dirigente de trabajadores del mar, hace unos 15 años una embarcación sacaba hasta tres toneladas de pescado en un día y ahora sólo saca un 10%. Por eso dice: “Aquí nos mató, nos acabó”.

En tanto, los productores de mango se quejan de los destrozos de la ceniza. “Se mete en la fruta por el pitón, la pudre por dentro antes de que madure y así no lo quieren ni pa´ jugo. “Al coco nomás lo vuelve cacarizo y nadie lo quiere. Se pone roñoso nomás”.

Una tragedia ecológica documentada

De acuerdo con un análisis realizado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático sobre los subsistemas socioambientales del país, el emplazamiento de la carboeléctrica en el lugar que ocupa exigió amplias obras de nivelación y relleno, la apertura de canales para la obtención de aguas de enfriamiento y descargas residuales.

Las obras en la planta afectaron directa o indirectamente a zonas clasificadas como de relevancia ecológica para la vida silvestre de ese borde de Guerrero.

Tan solo para la construcción hubo la necesidad de expropiar tierras de cultivo, nivelar terrenos, modificar la topografía del suelo por excavaciones, desmontar y desyerbar, tareas que generaron aproximadamente un millón 670,000 metros cúbicos de materiales de desechos, cuya disposición fue la fuente de conflictos con los pobladores locales, especialmente cuando estos materiales fueron depositados en áreas ocupadas por comunidades de manglares, junto a los esteros.

Además, cuerpos de agua como el estero Boca Vieja, al suroeste del pueblo está cerrado al intercambio de agua, aislado del resto del sistema estuarino, como le dicen los técnicos, con calidad de agua deficiente, con un grado elevado de deterioro y de escasa importancia pesquera.

Es una zona que presenta un área de manglar de importancia crítica y altamente vulnerable. De un total de un millón 255,550 metros cuadrados estimados a principios del siglo en la región, se han destruido alrededor de 898,000 que representan 72%, quedando sólo 356,650 metros cuadrados, refiere la dependencia.

Lo cierto es que desde los años noventa del siglo pasado ha habido reclamos y protestas de la comunidad a la CFE. La controversia sobre los efectos ambientales y sociales de la central rebasaron los ámbitos locales y llegaron hasta la PROFEPA, la Comisión de Ecología de la Cámara de Diputados, la Presidencia de la República y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pero sin muchos resultados.

Lo único que ha pasado es que ahí, en Petacalco, la electricidad se produce con carbón, se va tierra adentro, la contaminación se esparce hasta 100 kilómetros a la redonda, mientras el pueblo, como hace casi 27 años que se inauguró la carboeléctrica e inició esta historia, sigue estando a la orilla de México y de las mieles del desarrollo o, como llá dicen los costeños, el pueblo quedó como placa de tráiler: hasta atrás, junto al mofle y  lleno de tierra.

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