Con el inicio de las campañas para la elección de gobernador en el Estado de México, no pude menos que recordar que, en julio del 2012, Enrique Peña Nieto emitió su voto en Atlacomulco, lo que no deja de ser un indicador del apego al terruño del actual presidente de la República. Un apego compartido por su familia ampliada, casi todos descendientes de Galo del Mazo y Conde, santanderino afincado en Acambay en la segunda mitad del siglo XIX, tatarabuelo de Alfredo del Mazo Maza, de Carolina Monroy y de Enrique Peña Nieto, entre otros… que están emparentados con otras familias de prosapia local como los Vélez, los Monroy, los Sánchez Colín, que han estado en la zona por siglos y siguen siendo la élite local. Ese apego condiciona la elección local del 2017.

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Demográfica y territorialmente, Atlacomulco es pequeño: tiene alrededor de 100,000 habitantes y 257.8 kilómetros cuadrados, apenas constituye 1.2% del territorio estatal. Pero es el centro de una región que comprende los municipios de Temascalcingo, San Felipe del Progreso, Acambay, Jocotitlán, San José del Rincón, Timilpan y el Oro, los que colindan con Michoacán y Querétaro, cuyas riquezas naturales, agrícolas, mineras, ganaderas, silvícolas son base de la bonanza de la zona. De vocación agrícola y ganadera, Atlacomulco es un núcleo comercial, político y religioso de suma importancia.

Fundado por mazahuas y otomíes, fue conquistado por los aztecas que le dieron el nombre actual, Atlacomulco, lugar de los pozos , en náhuatl; formó parte del señorío de Tacuba. Tras la Conquista, por cédula real otorgada en 1536, Atlacomulco fue encomendada a Francisco de Villegas. Poco después, llegaron familias españolas a asentarse en la región. Durante la Colonia no pasó nada de particular relevancia, excepto por el inicio de la devoción al Señor del Huerto.

Dice la leyenda que, en el siglo XVII, una anciana muy bondadosa y devota era dueña de la imagen de un Cristo y de un huerto de manzanas, frutas que cultivaba y repartía entre los pobres del pueblo; el resto de su tiempo lo pasaba orando frente a la imagen. Un buen día, la echaron en falta y los vecinos la encontraron muerta arrodillada a los pies de Cristo, pero en perfecto estado de conservación y despidiendo un perfume dulcísimo. A partir de entonces, los pobladores de Atlacomulco fomentaron el culto al Señor del Huerto y construyeron una capilla ex profeso a principios del siglo XIX, en la que se dice, los políticos mexiquenses han acudido con gran devoción hasta la fecha, especialmente, en tiempos electorales.

Tierra de gobernadores

El peso simbólico de Atlacomulco en esta elección local del 2017 es singular porque es indispensable que el PRI gane la gubernatura mexiquense porque de ello depende la subsistencia del priismo local y nacional.

Por ello, la figura del atlacomulquense más universal se vuelve referente ideológico. Isidro Fabela Alfaro, gobernador mexiquense de 1942 a 1945 legislador, revolucionario, diplomático ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, España, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Alemania, historiador, escritor, coleccionista de arte, académico de la lengua y juez de la Corte Internacional de La Haya es el patriarca de esa clase política que necesita con urgencia asegurar su porvenir dentro del mismo Estado de México y voltea a ver la figura señera del patriarca, al que las nuevas generaciones ya no conocieron, pues murió en 1964. Fabela es objeto de veneración por los miembros del mítico grupo Atlacomulco porque engloba las mejores cualidades de esa familia que hoy está en la cúspide del poder, aunque no las tiene todas consigo.

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La abuela paterna de Isidro Fabela, Dolores Vélez, tuvo un hermano, quien, a su vez, tuvo dos hijos. Uno de ellos fue el padre de Arturo Vélez, primer obispo de Toluca; el otro fue padre de Mercedes Vélez Díaz, madre, abuela y bisabuela de los tres Alfredos del Mazo y de Josefa Vélez Díaz madre de Dolores del Mazo, abuela de Enrique Peña del Mazo y bisabuela del presidente Enrique Peña Nieto. Mons. Vélez era primo hermano tanto de la bisabuela de Peña Nieto como de la de Alfredo del Mazo Maza.

También era primo segundo de Isidro Fabela. De este galimatías familiar se desprende que el mítico grupo Atlacomulco es un clan que incluye políticos, empresarios, intelectuales, clérigos y, de seguro, muchos parientes, hoy menos pobres.

Además de Fabela, también han sido atlacomulquenses cinco gobernadores del Estado de México: Alfredo del Mazo Vélez (1945-1951), Salvador Sánchez Colín (1951-1957), Alfredo del Mazo González (1981-1986), Arturo Montiel Rojas (1999-2005) y Enrique Peña Nieto (2005-2011). Uno más, Carlos Hank González (1969-1975), fue parte del grupo porque su carrera política surgió ahí, aunque era nativo de Santiago Tianguistenco.

La familia Vélez dio cuatro gobernadores al Estado de México (Fabela, los dos Del Mazo y Peña). La familia Del Mazo ha dado tres gobernadores y está a punto de dar el cuarto, según las encuestas. Los Montiel igualmente han dado tres gobernadores: Arturo Montiel, Salvador Sánchez Colín y el propio Peña.

En resumen, Peña Nieto está emparentado con cinco gobernadores del Estado de México por ambas ramas, aunque no desciende de ninguno de ellos de manera directa.

Probablemente, en vista de los resultados de todas las encuestas disponibles hasta la fecha en especial la de Roy Campos que ubica a Alfredo del Mazo Maza en el primer lugar de preferencias con 25% de intención de voto el siguiente gobernador será el tercero de su nombre.

La leyenda dice que Isidro Fabela y su grupo político juraron ante la imagen del Señor de Huerto, allá por los años cuarenta del siglo XX, que algún día, alguien de su familia ampliada, pues los hijos adoptivos de Fabela eran españoles y murieron jóvenes llegaría a ser presidente de México.

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Otra leyenda dice que una vidente, Francisca Castro Montiel sí, todos son parientes aseguró que seis gobernadores y un presidente de México saldrían de Atlacomulco. La profecía está más que cumplida: todo apunta a que un octavo miembro del grupo Atlacomulco ocupe el Palacio de gobierno de Toluca.

Una victoria de Alfredo del Mazo Maza será aliciente para el Revolucionario Institucional en la elección presidencial del 2018, aunque de proseguir las condiciones actuales, se ve poco probable que un priista ocupe Los Pinos los siguientes seis años.

En ese caso, y ya en el terreno de situaciones puramente hipotéticas, aunque plausibles, el papel del tercer Alfredo del Mazo será crucial para establecer las condiciones y los recursos que permitan las reconstrucción del priismo. El Estado de México tendría que convertirse en el santuario de los priistas, el espacio para la reconstrucción del PRI, seguramente en otros términos, pero básicamente con la misma gente. Como sea, en el Estado de México, tendrían los recursos materiales, financieros y humanos para resurgir. Atlacomulco sería, por lógica y si Del Mazo gana, el epicentro del renacimiento de un partido que gobernó ininterrumpidamente por 70 años y que gracias a los mexiquenses perdió su segunda oportunidad. Más vale que se encomienden al Señor del Huerto y pongan manos a la obra: la tarea será titánica; la responsabilidad, mucha, y los obstáculos, formidables. En junio, se despejará parte de la incógnita del futuro del PRI.

Todo apunta a que un octavo miembro del grupo Atlacomulco ocupe el Palacio de gobierno de Toluca .