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¿Ya nos vale la política?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Como que ya hay otro gobierno, uno que no se elige con votos.
Porque esta es una elección con epicentro en Washington que se siente en el Zócalo. Una elección política, la más relevante del año en todo el mundo, pero la sensación que me deja es que los políticos ya no están necesariamente al volante.
En estos días, más parecen dueños del carro quienes gobiernan las empresas de salud, de energía y las tecnológicas. ¿Quién detiene ese vehículo?
Esta mañana probablemente tendremos ya una idea más clara acerca de si el Partido Republicano de Donald Trump perdió las elecciones de ayer en el Congreso de su país. Si ganan los demócratas, podemos esperar una contienda en esa nación.
Unos probablemente fomentarán la guerra; otros, los recortes presupuestales. Ambas cosas significan disrupción y, aun con eso, la gente hace negocios como en una primavera.
Ayer 03 de noviembre, Pfizer (¿se acuerdan de la vacuna?) elevó su perspectiva de ingresos y Shopify reportó un crecimiento sostenido en el volumen bruto de mercancías y en las ventas.
Lo más revelador no fue el número, sino el lenguaje de la dirección de Shopify. Habló de compra delegada —agentes de inteligencia artificial que compran por el consumidor sin que este tenga que intervenir— y de la expansión de Shop Pay de cara a la temporada navideña. ¿Se enteraron de la compra que hizo Marvell de Lumentum? La cerraron el lunes y tuvo un valor de 110 mil millones de dólares. Ya no hay cifra que llame la atención generalizada de la audiencia. Apple, Nvidia, Microsoft, Meta y Alphabet valen más de un billón de dólares (one trillion) cada una. ¿Qué es una bicoca por debajo de ese número?
En plena semana electoral, Marvell, que se define como transportadora, almacenadora, procesadora y protectora de datos, concretó un acuerdo cuatro veces más grande que la compra de Grupo Modelo por parte de Anheuser-Busch InBev en 2013, y más grande que la compra de Activision Blizzard por parte de Microsoft en 2023, por 75,400 millones de dólares.
Dimensionemos. Hacer un trato de ese tamaño indica plena confianza en que nada detendrá el avance de la IA, un negocio que no está regulado, no depende directamente de concesiones del gobierno y hoy atrae la mayoría de las inversiones.
Pfizer en salud y Shopify en comercio electrónico parecen diseñar su propia suerte, al margen de los políticos que han caído en un extraño lugar: entre el circo y la relevancia. Las decisiones de quienes ocupan escaños no cambian la tendencia en aquellos negocios que siguen creciendo con tecnología.
¿Saben qué sí puede detener físicamente esta ola? La falta de cables y transformadores.
Ya les platiqué aquí del éxito de los electricistas y de las empresas que les venden equipos.
Es un reto que señaló ayer Elon Musk, líder de Tesla y SpaceX: el ritmo de producción de chips superará nuestra capacidad para prenderlos.
A su juicio, no hay suficiente energía para cubrir el consumo previsto de los centros de datos y, al cierre del año, muchos chips serán almacenados en espera de que haya más electricidad.
Ni él ni los líderes de otras empresas billonarias presentan los cambios políticos como un obstáculo para el crecimiento de los negocios relacionados directa o indirectamente con la innovación que trae consigo el uso de la inteligencia artificial.
Son esas compañías las que se encargan de moldear nuestros gustos, incluso al votar.
Ignoro si, como dice Musk, llegaremos a diciembre con un exceso en la producción de semiconductores. Veo mucha intención puesta, por ejemplo, en mejorar las líneas de transmisión para que no pierdan eficiencia con los cambios de temperatura.
También hay inversión directa en más generación y transporte de energía, principalmente en Estados Unidos, pero también en México. Ahí está la Misión Génesis de la Casa Blanca, que empuja la creación y producción acelerada de SMR (small modular reactors) para generar energía nuclear con reactores transportables.
Lo que no podemos ignorar es que el esfuerzo de cada nación responde a una demanda creada por los dueños de las mayores fortunas y de las empresas más valiosas.
Inevitablemente, la figura del alcalde, el diputado, el senador o el presidente se desdibuja.

