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El regreso obligado al éxito del pasado

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Dime que López Obrador cometió errores graves sin decirme que López Obrador tomó decisiones garrafales. Claudia Sheinbaum: “Para desaparecer la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, ¿a quién le vamos a preguntar? Pues ya no a las cúpulas sindicales, sean de la CNTE o de otros, sino que vamos a ir con los profesores, directo, y que digan los docentes qué piensan”.
Esto que acaba de descubrir la Presidenta, esta nueva estrategia de tratar de frenar el chantaje de los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, era exactamente el alma de la reforma educativa que planteó, negoció y logró aprobar con una amplia mayoría multipartidista Enrique Peña Nieto.
Sin embargo, la contrarreforma del sexenio pasado, impulsada más por compromisos político-electorales de López Obrador que por eficiencia pedagógica, devolvió a las cúpulas sindicales el control clientelar de las plazas y los ascensos. Fue un daño directo a esos maestros que hoy quieren volver a tomar en cuenta porque al desmantelar el Servicio Profesional Docente basado en el mérito, este régimen restauró el poder de veto, de conflicto y de chantaje de la CNTE.
Evidentemente, este gobierno populista quedó atrapado entre la imposibilidad presupuestal de aceptar las absurdas exigencias de los líderes sindicales y su negligente postura de no hacer uso de su facultad de cuidar el orden con la fuerza pública.
Este pragmatismo tardío no es exclusivo de los asuntos educativos, se nota que el gobierno actual también, y con una enorme urgencia económica, dio un viraje más tímido en el sector energético.
La concepción dolosa de la soberanía, que incrustó López Obrador en la mente de millones, ha impedido al gobierno actual retomar la necesaria participación abierta de los capitales privados.
Pero la realidad es una: Pemex está financieramente quebrado, y ya arrastra a las finanzas públicas del país; y la CFE está al límite de su capacidad de generación. Esto le ha costado al país miles de millones de dólares en Inversión Extranjera Directa.
Las señales actuales de recomponer el rumbo son sutiles pero contundentes. De facto, el gobierno de Sheinbaum ha iniciado un proceso de flexibilización a las restricciones al capital privado para participar en proyectos de infraestructura eléctrica.
Es de una timidez que refleja miedo al tlatoani, pero entienden bien en el gobierno que hay que regresar a muchos de los planteamientos de la reforma energética del 2013.
Si México no tarda en salir de este accidente histórico que es la autollamada Cuarta Transformación, habrá correcciones que aun así tardarían una generación en llevarse a cabo, como devolver la autonomía al Poder Judicial o recuperar los organismos autónomos del Estado.
Pero por ahora, el desafío de Sheinbaum, como mecanismo de supervivencia económica para el país, es corregir el rumbo sin que se interprete como una herejía política frente al desastroso legado del expresidente López Obrador.
Y es que romper abiertamente con el ala dura del llamado movimiento podría salvar a México, pero implicaría un suicidio político para el gobierno actual. Por el contrario, no hacer, aunque sea, estos pequeños cambios, implica una condena a muerte para la economía mexicana.
Si México no tarda en salir de este accidente histórico que es la autollamada Cuarta Transformación, habrá correcciones que aun así tardarían una generación en llevarse a cabo, como devolver la autonomía al Poder Judicial o recuperar los organismos autónomos del Estado.

