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Opinión

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Reconstruir al INE para salvar las finanzas públicas

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

En los mercados financieros, la salud económica se mide a través de termómetros de certidumbre, indicadores subjetivos que dejan ver algo más que números. Desde el PMI del ISM o la confianza del consumidor de The Conference Board en Estados Unidos, hasta el Indicador IMEF, el Indicador de Confianza Empresarial y la Inversión Fija Bruta en México, la unidad de medida en todos esos indicadores es la misma: la confianza. Y buena parte de la certidumbre de los agentes económicos depende de los contrapesos institucionales.

Lo vimos recientemente en el sur del continente: el triunfo de Lula generó nerviosismo en los mercados, pero el equilibrio de poderes que se logró en el Congreso abrió la posibilidad de corregir los excesos populistas en las finanzas públicas de aquel país.

Así, a pesar de la continuidad de ese modelo en Brasil, sí se marcan diferencias con México, que, por ahora, se queda como el único régimen de ese corte que conserva todo el poder.

La erosión de los contrapesos en nuestro país no ha pasado inadvertida para los inversionistas. La contracción de la confianza se traduce en cautela y menor inversión, lo que compromete las metas fiscales y amenaza con mantener el desequilibrio de las finanzas públicas, que ya están fuertemente presionadas por el gasto y el costo de la deuda.

El ejemplo más reciente de esta captura es la evidencia de la que no hay manera de zafarse: el sometimiento del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Electoral.

La falta de contrapesos legislativos permitió a Morena imponer en la presidencia del INE a Guadalupe Taddei, una figura afín, con facultades discrecionales que anularon los controles colegiados internos.

Los servicios políticos al régimen fueron más que evidentes, pero la falta de contrapesos derivó en presunta corrupción, contratos a modo y escándalos que forzaron su salida. Si a esto sumamos las resoluciones de un Tribunal Electoral subordinado a los intereses del oficialismo, el resultado es lapidario: una competencia sin piso parejo.

Para los mercados, un país sin árbitro confiable es aquel donde las reglas económicas pueden cambiar, no por voluntad popular, sino por intereses de una camarilla.

Una de las principales misiones del gobierno actual no es convencer a su feligresía de que nada tiene que ver con el cochinero del INE; eso es imposible. Su trabajo es corregir el rumbo del desequilibrio fiscal como su única oportunidad de salvación financiera, y empezar con la reconstrucción de los contrapesos internos en el instituto electoral es una oportunidad para mandar señales de confianza a los mercados globales.

La presidencia de Taddei fue un error de la Cuarta Transformación y de Morena que a todos nos ha salido muy caro. Devolverle al árbitro electoral su autonomía técnica no es una concesión a la oposición; es una llave maestra para recuperar a la confianza perdida.

La antesala en la que estamos, a querer o no, es la de un fracaso financiero, y tratar de recuperar la confianza institucional es la forma de abrir las puertas al capital internacional y, con ello, reactivar el crecimiento en México. Ojalá lo vean en Palacio Nacional, en lugar de seguir con la negación como mecanismo de defensa.

La erosión de los contrapesos en nuestro país no ha pasado inadvertida para los inversionistas. La contracción de la confianza se traduce en cautela y menor inversión.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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