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Sin presente no hay futuro II

Lucía Melgar | Transmutaciones
Este sábado 24 nuevas manifestaciones se desplegaron en las principales ciudades de Francia pese a la prohibición de manifestarse en algunas y la demarcación de recorridos específicos por parte del gobierno. Con mayor despliegue policiaco, tomaron la calle entre 440,000 y 800,000 personas. La mayoría de estas movilizaciones, como las anteriores, fue pacífica; pero de nuevo hubo brotes de violencia contra comercios y edificios, menores que el sábado 17 y, en consecuencia, menos arrestos (1465), heridos (150 manifestantes y 267 policías, según cifras oficiales). La continuación de las protestas en las próximas semanas, anunciada por sindicatos y estudiantes, y la convocatoria a la huelga nacional el 5 de noviembre, han puesto en alerta al gobierno. Lo que debe seguir en el centro del debate son las demandas estudiantiles y las causas de las violencias urbanas.
Las reivindicaciones estudiantiles son claras: escuelas dignas, suficientes docentes, horarios soportables y una reforma al sistema de selección que se impone por encima de las preferencias vocacionales o capacidades de los/as estudiantes (ParcoursSup) en un marco ya extremadamente competitivo. Estas demandas no son nuevas: el gobierno no les ha dado respuesta adecuada en diez años, como si esperara su mágica disolución. La novedad para la juventud descontenta es el peso de la exclusión, particularmente en zonas marginadas, acelerada por la IA que amenaza con eliminar empleos, y ya trastorna la educación, y, para muchos, la intensidad del cambio climático, evidente en aulas, heladas o asfixiantes, que ensombrece el porvenir. Si el presente es opresivo, ¿qué futuro esperar?
Las causas de las violencias, en cambio, son confusas. El gobierno acusó, sin pruebas, a la extrema izquierda, beneficiando así a la extrema derecha y su discurso securitario, que, en tono menor, también ha adoptado. Las explicaciones unicausales de la violencia suelen ser erradas o limitadas. La violencia es multifactorial, rara vez irracional, está conectada con otras y con el contexto. Incluso los casos de “violencia gratuita” nos dicen algo sobre los perpetradores y la sociedad. La violencia expresiva algo manifiesta : ¿rabia, hartazgo?, ¿por qué?
Contra la visión simplista de que las violencias sociales se deben a simples acciones del “lumpen” o a saqueadores oportunistas, estudios previos sobre una serie de disturbios anteriores en Francia y análisis recientes plantean diferentes motivaciones, relacionadas con la precarización de los barrios periféricos y con la violencia policiaca. La degradación de la vida en estos barrios, la educación deficiente, la falta de salidas laborales, las violencias institucionales hacia sectores marginados, así como el racismo de la policía hacia jóvenes nacidos y educados en Francia pero de origen magrebí, alimentan desesperanza, resentimiento, y la conciencia de ser despreciados en una sociedad donde la pertenencia no pasa sólo por el éxito o el dinero sino también por el “origen”.
Dado el predominio en estos barrios de poblaciones de origen inmigrante – provenientes de las excolonias francesas sobre todo- , agentes políticos derechistas y medios irresponsable y redes alertan contra una “invasión” migrante y presentan la violencia como amenaza externa que se resolvería con expulsar a estas poblaciones. El propio Macron denunció ayer la manipulación mediática y política de presentar a Francia bajo una “invasión migrante” o “islamista”. La estigmatización asociada con la migración o con la lumpenización de clases populares en crisis ha servido antes a discursos autoritarios que prometen restaurar el orden sin enfrentar los problemas reales que viven poblaciones marginadas por el “progreso”, desdeñadas por autoridades y sociedad.
Como si la confusión ante la violencia y la desinformación no bastaran, la difusión de convocatorias con fines de saqueo en otros países ha llevado a la Unión Europea a investigar los orígenes de un posible intento de desestabilización. Entre los sospechosos: Rusia, Irán, Argelia. Y no habría que descartar a la extrema derecha.
En estos tiempos turbios, se requiere de respuestas políticas inteligentes a las demandas estudiantiles y a los malestares y males sociales.

