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Opinión

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El Paquete Económico 2027 ya enfrenta su primer desafío

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Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico

Gerardo Flores Ramírez

Esta semana, Alejandro Werner publicó en el sitio del Peterson Institute for International Economics un balance de los dos primeros años de la presidenta Claudia Sheinbaum. El panorama que describe es de continuidad: estabilidad macroeconómica con muy bajo crecimiento y fundamentos que se deterioran lentamente, pero sin señales de alarma en el horizonte. Su conclusión es que ese escenario probablemente se sostendrá hasta 2030, aunque advierte que podría romperse antes por un choque externo, sea financiero o de política comercial. Vale la pena leer el Paquete Económico 2027 a la luz de esa advertencia, porque una parte del choque financiero ya está en curso.

Cuando SHCP entregó el Paquete a la Cámara de Diputados, a principios de mes, la Reserva Federal no había subido su tasa de interés. Lo hizo el 16 de septiembre, por primera vez desde 2023, y los mercados asignan hoy cerca de 70% de probabilidad a un segundo aumento en octubre. El rechazo del presidente Trump a la última propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz llevó el barril de Brent por arriba de 107 dólares y reavivó el temor a más inflación en EUA.

El gobierno estadounidense paga hoy más de 5.2% por endeudarse a diez años, el nivel más alto desde 2007. Si el deudor más seguro del mundo enfrenta un mayor costo por endeudarse, lo más probable es que países como México lo resientan. Por ejemplo, con la Fed subiendo su tasa y Banxico en pausa en 6.50%, el diferencial de tasas cayó a su nivel más bajo desde 2008, y el peso cerró ayer en 17.99 por dólar, casi 7% por arriba de su mejor nivel de principios de mes y prácticamente en los 18 pesos que el Paquete supone para 2027.

El vínculo con las finanzas públicas pasa por lo que Werner identifica como una de las presiones centrales sobre la deuda, la combinación de muy bajo crecimiento con tasas de interés implícitas relativamente altas. Los Criterios Generales suponen que la tasa de Cetes a 28 días bajará a 6.0% en 2027, lo que exige que Banxico siga recortando. Pero hay quienes no la ven en ese nivel. BNP Paribas, por ejemplo, anticipa una tasa de 7.50% el próximo año. Según la propia Hacienda, cada punto porcentual adicional eleva el costo de la deuda en 37,900 millones de pesos, sobre un pago de intereses que ya absorbe 17 de cada 100 pesos de ingresos, la proporción más alta desde 1999.

El margen para absorber ese costo es reducido. Werner documenta que la consolidación fiscal se detuvo en un déficit cercano a 4% del PIB, que el Paquete 2027 mantiene esa meta y pospone hasta 2032 la llegada a 3%, y que un déficit de entre 4 y 5% es el escenario más plausible para lo que resta del sexenio. Estima además que estabilizar la deuda requeriría mejorar el balance primario en al menos dos puntos del PIB, algo que solo sería posible con una reforma fiscal. A ello se suma Pemex, que en su lectura presiona la calificación soberana hacia el grado especulativo.

Sería incorrecto, sin embargo, leer esto como la antesala de una crisis. A diferencia de 1982 o 1994, la deuda mexicana está contratada mayoritariamente en pesos, de modo que una depreciación no infla automáticamente su saldo. Con un matiz, 21.7% del saldo sigue denominado en moneda extranjera, de modo que el efecto no es nulo, sólo que en una magnitud menor a la depreciación cambiaria.

En su análisis, Werner menciona que aún con la pérdida del grado de inversión, México conservaría acceso a los mercados. Pero no elimina el riesgo, lo cambia de lugar. Si la deuda está en pesos, lo relevante ahora es la tasa a la que se refinancia, no el tipo de cambio, y esa tasa la fija un mercado que compara los bonos del gobierno federal a tasa fija, contra un bono estadounidense a diez años que hoy paga la tasa más alta desde 2007.

Bajo este escenario, sería irresponsable que la Cámara de Diputados apruebe en sus términos los Criterios Generales de Política Económica y la Ley de Ingresos de la Federación para 2027. De entrada, SHCP debería enviarles un escenario alternativo, con tasas más altas, un peso más débil y un petróleo volátil, y revisar si los techos de endeudamiento de 1.7 billones de pesos en el mercado interno y de 13,500 millones de dólares en el externo siguen siendo razonables.

No hacerlo sería una muy mala señal para los mercados.

*El autor es economista.

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