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Opinión

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Trump de Golfo a Estrecho

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Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Manuel Ajenjo

Hay personas a las que les da por coleccionar estampillas, monedas, coches antiguos o amantes jóvenes. Donald Trump, hombre de aficiones múltiples, parece haber agregado a su colección los accidentes geográficos.

La explicación quizá sea más sencilla de lo que parece. En México, cuando decimos que al-guien es un golfo no necesariamente estamos hablando de geografía. Hablamos de un sujeto de vida alegre, costumbres relajadas y moral con horario flexible. Y si revisamos la biografía íntima del actual presidente de Estados Unidos —tres matrimonios, el episodio Stormy Daniels y su conocida relación social con Jeffrey Epstein— podemos decir que Trump tiene anteceden-tes para identificarse con el calificativo —sinónimo de caradura y vividor— que al convertirse en sustantivo indica gran porción de mar, como el Golfo de México, lo cual al golfo neoyorkino le pareció una extravagancia cartográfica y ordenó que, para efectos del gobierno estadounidense, se llamara Golfo de América.

El pequeño inconveniente es que América no es Estados Unidos. América es un continente enorme que va de Alaska a Tierra del Fuego y en el que, por cierto, viven cientos de millones de personas que hablan español y portugués y que jamás recibieron una circular de Washington preguntándoles si estaban de acuerdo en que los vecinos del norte se quedaran también con el nombre del continente.

Recordarán que recientemente difundió una imagen en la que Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, México, el Caribe y hasta Islandia, aparecían unidos en una sola nación, cubiertos por la bandera de las barras y las estrellas y bajo un nombre modesto, discreto y nada imperialista: “Estados Unidos de América”.

Los estadounidenses llevan siglos practicando esa pequeña apropiación verbal. Se llaman a sí mismos Americans, como si los mexicanos fuéramos venusinos, los argentinos marcianos y los brasileños habitantes de Saturno.

Y ahora ha descubierto Ormuz. El presidente publicó un mapa en el que el histórico Estrecho de Ormuz aparece convertido en Trump Strait, es decir, Estrecho Trump. Ya no estamos ante un presidente: estamos ante un rotulista. A este paso habrá que esconderle los mapas.

Porque el Estrecho de Ormuz no apareció ayer ni estaba esperando patrocinador. Su nombre tiene siglos de historia y está ligado a Ormuz, importantísimo centro comercial que durante la Edad Media controló buena parte del tráfico entre el Golfo Pérsico y el océano Índico. Pero llegó Donald, vio el mapa y probablemente pensó: —“Está bonito. Pónganle mi nombre”.

Trump parece convencido de que gobernar el mundo consiste también en rebautizarlo. Si un territorio le gusta, le cambia el nombre; si un país le molesta, lo amenaza; y si un accidente geográfico se atraviesa en su camino, termina convertido en sucursal de la marca Trump.

Porque no olvidemos que estamos ante un hombre que durante décadas puso su apellido en edificios, hoteles, casinos, campos de golf, corbatas, vinos, bisteces y universidades.

Era inevitable que algún día se le acabaran los productos y empezara con la geografía. Lo preocupante será cuando descubra el océano Pacífico. Podría llamarlo Trump Ocean. Al Atlántico, por razones comerciales, podría bautizarlo Trump Atlantic Resort & Spa.

Y si algún asesor imprudente le enseña dónde está el Mar Rojo, quizá ordene cambiarlo por Mar Republicano, porque eso de rojo podría parecerle peligrosamente demócrata o comunista.

México debería tomar precauciones. No vaya a ser que una mañana el Orate Anaranjado descubra que existe el Río Bravo y concluya que el único bravo en este hemisferio es él. O le dé una ojeada al mapa de Jalisco y termine por llamar Mar–a-Lago de Chapala.

El problema de los hombres que quieren pasar a la historia es que algunos construyen monumentos, otros escriben libros y otros prefieren escribir su nombre encima del mapa. Donald Trump pertenece a estos últimos.

Lo malo es que su ambición no conoce fronteras. Y como siga así, terminará rebautizando el planeta Tierra como Trump World. Total, para él, el mundo es un negocio redondo.

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Manuel Ajenjo

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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