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La nueva geopolítica farmacéutica: una oportunidad histórica para América Latina que comienza en México

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OpiniónEl Economista

La reorganización de la cadena global de suministro farmacéutica ya comenzó. La pregunta ya no es si el mundo diversificará la producción de medicamentos e ingredientes farmacéuticos, sino quiénes serán los nuevos socios estratégicos de las economías desarrolladas.

Para América Latina, esta transformación representa una de las mayores oportunidades industriales y económicas de las últimas décadas. México, por su estrecha integración con América del Norte y por el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC por su sigla en español), se encuentra en una posición única para liderar esta nueva etapa. A partir de allí, otros países de la región podrán incorporarse progresivamente para fortalecer la cadena de suministro farmacéutica regional.

El T-MEC ofrece una oportunidad única para profundizar la integración de la cadena farmacéutica entre los tres países, fortaleciendo la producción regional de ingredientes farmacéuticos activos (APIs), medicamentos terminados y otros insumos estratégicos. Ello permitiría construir una cadena de suministro más resiliente, segura y competitiva para América del Norte y, con el tiempo, extender esos beneficios a otros países, impulsando al mismo tiempo el desarrollo industrial del hemisferio.

Durante más de treinta años, el comercio internacional estuvo guiado por un principio dominante: la eficiencia. La lógica era simple. Cada país debía producir aquello que pudiera fabricar al menor costo posible y abastecer al resto del mundo. Este modelo permitió reducir los precios, aumentar la productividad e impulsar el crecimiento económico global. Sin embargo, también generó una consecuencia no deseada: la concentración progresiva de industrias estratégicas en un número cada vez menor de países.

La industria farmacéutica ilustra claramente esta evolución. La presión permanente por reducir costos desplazó la producción de Ingredientes Farmacéuticos Activos (APIs, por sus siglas en inglés) y de los Key Starting Materials (KSMs), o precursores químicos, hacia países con menores costos laborales, menores exigencias regulatorias y ambientales y, en muchos casos, importantes subsidios estatales. Como resultado, numerosos fabricantes en América Latina, Europa y Norteamérica perdieron competitividad y abandonaron el mercado.

México, Brasil y otros países de la región llegaron a contar con capacidades significativas para producir APIs. Sin embargo, la creciente competencia internacional, particularmente desde un país, provocó una pérdida gradual de participación en estas cadenas de valor.

Hoy, el desafío ya no consiste únicamente en producir al menor costo posible. La prioridad es encontrar un equilibrio entre la eficiencia en costos y la reducción de la vulnerabilidad de la cadena de suministro, garantizando un abastecimiento seguro, resiliente y confiable de medicamentos esenciales.

La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto los riesgos de depender de un número limitado de proveedores, mientras que las crecientes tensiones geopolíticas han convertido la seguridad de las cadenas de suministro en un componente fundamental de la seguridad nacional, la seguridad sanitaria y la seguridad económica de las naciones.

Las cifras reflejan la magnitud del desafío. De acuerdo con laFarmacopeia de Estados Unidos (U.S. Pharmacopeia), aproximadamente el 67 % de los Drug Master Files (DMFs)correspondientes a APIs antimicrobianos se concentran en China e India. Asimismo, el 58 % de los KSMs utilizados para APIs aprobados en Estados Unidos dependen de un solo país de origen y el 41 % provienen exclusivamente de China. Estas concentraciones representan riesgos significativos para la continuidad del suministro de medicamentos críticos.

Este escenario explica por qué Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia y otras economías desarrolladas están impulsando estrategias para diversificar sus cadenas de suministro farmacéuticas. La elevada concentración de la producción en un número reducido de países ha generado una vulnerabilidad que ya no resulta sostenible desde una perspectiva de seguridad nacional, sanitaria y económica.

En este nuevo contexto, América Latina reúne ventajas difíciles de replicar. La región cuenta con experiencia industrial, talento técnico, una industria farmacéutica consolidada, capacidad instalada susceptible de expandirse y una ubicación geográfica privilegiada respecto del mayor mercado farmacéutico del mundo. Estas fortalezas la posicionan como un socio natural para acompañar la reorganización de las cadenas globales de suministro.

Dentro de la región, México ocupa una posición singular. Ningún otro país latinoamericano combina un acuerdo comercial como el T-MEC, una profunda integración manufacturera con Estados Unidos y Canadá, y experiencia exportadora.

A ello se suma la creciente adopción de los estándares de calidad de la United States Pharmacopeia (USP) por parte de la industria, lo que constituye un elemento clave para facilitar el cumplimiento de los requisitos regulatorios y agilizar los procesos de evaluación de la FDA.

Estas condiciones convierten a México en el punto de partida natural para construir una cadena regional de suministro farmacéutica entre socios estratégicos, a la que posteriormente podrán incorporarse otros países latinoamericanos.

La revisión del T-MEC ofrece una oportunidad única para institucionalizar esta integración. Más que una negociación comercial, puede convertir la resiliencia de la cadena de suministro farmacéutica en un objetivo estratégico del tratado.

Ello permitiría construir una verdadera arquitectura regional de seguridad farmacéutica basada en la cooperación regulatoria, la armonización de estándares y un marco que impulse nuevas inversiones, fortalezca las capacidades productivas y facilite el desarrollo de cadenas de suministro entre países aliados.

Esta transformación ya está en marcha. En 2025, el Gobierno de Estados Unidos anunció la creación del Strategic Active Pharmaceutical Ingredients Reserve (SAPIR), una reserva estratégica destinada a mantener un inventario suficiente de APIs críticos para sostener la producción de medicamentos esenciales durante al menos seis meses. Esta decisión refleja el reconocimiento de que la resiliencia de la cadena farmacéutica constituye un objetivo estratégico de seguridad nacional.

No obstante, la diversificación de proveedores también requerirá modernizar algunos instrumentos regulatorios. Una de las medidas de mayor impacto sería permitir que los ingredientes activos farmacéuticos (APIs) sean precalificados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), de manera independiente del registro del medicamento terminado, desacoplando el proceso de aprobación de los ANDAs.

Esta medida facilitaría la incorporación de APIs producidos en Estados Unidos o en países aliados, reduciría significativamente los tiempos necesarios para sustituir proveedores y fortalecería la resiliencia de la cadena de suministro farmacéutica.

Asimismo, deberían establecerse incentivos regulatorios y económicos para aquellas empresas que sustituyan APIs provenientes exclusivamente de un solo mercado por ingredientes producidos en Estados Unidos o mediante estrategias de nearshoring y friendshoring en países aliados. Estas medidas acelerarían la diversificación del suministro sin comprometer los estándares de calidad ni la seguridad de los pacientes.

Para América Latina, esta oportunidad trasciende el sector farmacéutico. Implica atraer inversión de largo plazo, generar empleo altamente calificado, impulsar la innovación, fortalecer capacidades tecnológicas y avanzar hacia una inserción internacional basada en industrias de alto valor agregado. Pocas actividades industriales ofrecen simultáneamente beneficios tan significativos para el desarrollo económico, la seguridad sanitaria y la integración regional.

Aprovechar esta oportunidad exigirá una acción coordinada entre gobiernos, empresas, autoridades regulatorias e instituciones financieras de desarrollo. Los gobiernos deberán crear un entorno regulatorio que facilite esta transición, invertir en infraestructura y establecer incentivos que atraigan nuevas inversiones. El sector privado deberá ampliar y modernizar sus capacidades productivas, mientras que los bancos de desarrollo y otras instituciones financieras de desarrollo desempeñarán un papel decisivo en el financiamiento de esta transformación.

La reorganización de la cadena farmacéutica mundial es una ventana de oportunidad que probablemente permanecerá abierta durante pocos años. Los países que logren posicionarse hoy como proveedores confiables formarán parte de las cadenas de suministro del futuro; quienes permanezcan al margen difícilmente recuperarán esa oportunidad.

América Latina tiene la capacidad industrial, el talento humano y la cercanía geográfica para convertirse en un socio estratégico de las economías más desarrolladas del mundo. La revisión del T-MEC ofrece una oportunidad histórica para incorporar el fortalecimiento de la cadena regional de suministro farmacéutica como uno de los pilares estratégicos del acuerdo. Lo que determinará el resultado ya no será únicamente la capacidad de producción, sino la velocidad con la que los gobiernos y las empresas decidan actuar.

*La autora es presidente de MFJ International, LLC, una firma global de consultoría con sede en Washington, D.C., especializada en comercio internacional, cadenas de suministro farmacéuticas, propiedad intelectual y financiamiento para el desarrollo. Anteriormente fue Directora Ejecutiva Alterna deEstados Unidos ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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