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Luces, expectativas y promesas imaginarias

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
No se puede encontrar la paz evitando la vida. Virginia Woolf
Hay verdades que cambian en lo fundamental, la forma de intentar entender al menos el progreso de los acontecimientos, los avances de todo tipo se han ido dado a pasos agigantados, la inteligencia artificial no sustituye mano de obra; focaliza áreas de oportunidad y hace eficiente los procesos productivos.
Los problemas mundanos son eso, preocupaciones individuales y no colectivas de mayor o menor grado, caminos oscuros a lo largo de la historia de la humanidad, donde México no está exento de adversidades, pendientes desde el anonimato, pero sobre todo deudas con la sociedad la clase política.
Nombres y apellidos pueden repetirse, herencias malditas algunas de ellas, familias al amparo del poder, otras más en la marginalidad de los “apoyos”, que son dádivas a cuentagotas para ir matando las aspiraciones poco a poco.
Un aniversario más del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, quien era en 1994 el candidato del PRI a la presidencia de la república, con una serie de aristas, que han analizado en decenas de libros, algunos hasta beneficiarios de esos años, en las controversias propias de los pleitos intestinos por el poder político y lo que implicaba, absolutismo.
Su secretario particular y hombre de confianza, Alfonso Durazo; ha sorteado más de treinta años entre varios partidos políticos y hasta un presidente panista de México, Vicente Fix Quesada con el mismo cargo, conociendo y reconociendo los recovecos de los sótanos de los secretos más cuidados.
Homenajes con menor carga de sentimientos, reparto de culpas desde el alzamiento en Chiapas, con tintes de enemigos en el gabinete del entonces presidente Carlos Salinas, aquel de la política ficción, que, por supuesto vivimos en la década de los noventa, con Manuel Camacho y Ernesto Zedillo en la lucha sorda por la nominación huérfana dejada en Lomas Taurinas, un día como hoy 23 de marzo.
Nos queda memoria de esas historias del México que pudo ser otro, pero la solidaridad y el hubiera tuvieron alas, sufrimientos inmediatos en las ansiedades, pero reacomodos desde el mismo abismo de las sombras, rápidamente; ejemplos sobran.
Luces que se apagaron al mismo tiempo que carreras en el poder legislativo y ejecutivo de esos tiempos, expectativas ahora de su hijo varón, senador de la república, distante de parecerse en el discurso a su padre, respuesta quizá a las promesas imaginarias del pasado, donde una frase sigue haciendo ruido, en la eventual decadencia de la política partidista: “Veo a un México con hambre y sed de justicia”.
Mañana, al día siguiente de fechas marcadas en las dudas de siempre, la verdad no está más, nunca ha estado, en ese natural inconformismo de la sociedad crítica, que acusa hasta suplantación del asesino solitario, cuando al menos fueron dos disparos con arma distinta, vaya lío entre los sueños inacabados y las mentiras a modo de varios políticos de esa época, para salvar sus posiciones de privilegio, que varios de ellos conservan hasta en el senado de la república.
Generalmente el duelo es del pueblo, porque las noticias eran hasta dosificadas, cuando todos con dos centímetros de frente, sabíamos desde el primer momento que la esperanza se rompía, se hacia añicos, por la muerte de un protagonista diferente a los demás.
ENTRE LÍNEAS
Subsidios a las gasolinas, la guerra entre árabes y judíos nos está cobrando factura, sin fecha de caducidad a la vista, y con tintes de complicaciones mayores por las amenazas del gigante norteamericano, desde la comodidad de un campo de golf, el gobierno activa estos mecanismos.

