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La integración regional y la necesidad de contar con una agenda estratégica en la región de las Américas

Opinión
La integración regional y la necesidad de contar con una agenda estratégica en la región de las Américas
En América Latina se repite con frecuencia que somos una región con potencial. Desde el sector empresarial, esa idea puede y debe evolucionar; más que hablar únicamente de potencial, América Latina tiene hoy la responsabilidad de integrarse mejor en la región de las Américas. En un contexto internacional marcado por un nuevo orden económico y comercial, la fragmentación del comercio, la relocalización de cadenas productivas y la creciente competencia por la inversión, la integración regional se convierte en una necesidad estratégica.
Bajo esa premisa, el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE) ha participado activamente en espacios que reflejan esta agenda. Destaca la XII Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico (CEAP), celebrada en Bogotá en enero de 2026, donde se formalizó el traspaso de la Presidencia pro tempore del CEAP Capítulo México —presidido por Sergio E. Contreras, Presidente Ejecutivo del COMCE— por parte del Capítulo Colombia. Asimismo, el Consejoestuvo presente en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por la CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, en la Ciudad de Panamá. En ambos encuentros se confirma que la integración regional debe ser un eje central para fortalecer la competitividad de nuestras economías.
La Alianza del Pacífico demuestra que la coordinación entre países puede traducirse en resultados concretos. Chile, Colombia, México y Perú conforman un bloque de 237 millones de personas que representa alrededor del 40% del PIB de América Latina, el 58% de su comercio total y el 28% de la inversión extranjera directa que llega a la región. Esta escala importa, ya que, en comercio internacional, los mercados amplios y previsibles reducen costos, fortalecen cadenas regionales de valor y facilitan que más empresas —especialmente pymes— participen de manera sostenida en los flujos de exportación.
La integración también se expresa en reglas. La liberalización arancelaria entre los países de la Alianza del Pacífico ha generado un entorno de certidumbre que cobra mayor relevancia en un escenario global incierto. Para el empresariado mexicano, este marco ofrece preferencias arancelarias, disciplinas modernas y condiciones que permiten planear inversiones y expansiones con una visión regional de largo plazo.
Por su parte, los espacios de diálogo impulsados desde el ámbito financiero y de desarrollo amplían la conversación más allá del comercio. La agenda promovida por la CAF y la Alianza del Pacífico puso el acento en los factores que hoy determinan la competitividad: crecimiento económico, infraestructura, inteligencia artificial, comercio e inversión, energías limpias y turismo. Esta visión es clave: una región integrada no se cierra al mundo, al contrario, se vuelve más atractiva para el capital productivo al ofrecer eficiencia logística, mayor compatibilidad regulatoria y proyectos con horizonte de largo plazo.
Desde México, la relevancia de esta agenda es evidente, pues el comercio exterior es un pilar estructural de nuestra economía. En 2025, las exportaciones mexicanas de mercancías alcanzaron 664,837 millones de dólares, un incremento del 7.6% con respecto a 2024. Estos datos confirman que la diversificación regional no es un discurso, sino una prioridad estratégica para ampliar mercados y reducir vulnerabilidades.
América Latina enfrenta además un reto estructural: el comercio intrarregional sigue siendo limitado. Estimaciones de The Economist señalan que solo alrededor del 15% de las exportaciones totales de la región se destinan al intercambio entre países latinoamericanos. Esto revela un amplio margen para profundizar vínculos entre economías con claras complementariedades productivas.
En el COMCE mantenemos una convicción clara: cuando se conectan empresas, se alinean estándares y se fortalecen cadenas de suministro. De este modo, gana América Latina y la región de las Américas; ganan la inversión productiva, la innovación y el desarrollo. Avanzar hacia una integración más profunda no es solo deseable, es indispensable para que la región deje de verse como una promesa y opere, con hechos, como una región competitiva y articulada.
* La autora es presidenta del Comité Empresarial México-Perú del COMCE