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Opinión

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Giro de Sheinbaum, pragmatismo de Borja y Cofepris, palanca de la reactivación

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Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios

Maribel Ramírez Coronel

La presidenta Claudia Sheinbaum -a diferencia de su antecesor- está respondiendo a la contracción económica ya declarada en este 2026, y lo hace con un paquete de medidas que incorporan al sector salud dentro de la estrategia de reactivación. Insistiendo en el Plan México, la mandataria busca facilitar la inversión en industrias clave y reconoce el papel que pueden jugar la farmacéutica y de dispositivos médicos más allá de su función como proveedores de insumos sanitarios. 

Son industrias de alto valor agregado, intensivas en conocimiento y con capacidad para generar empleo calificado, atraer inversión extranjera directa y apoyar el nearshoring. Las medidas anunciadas simplifican los trámites regulatorios para ellas. Se supone que las empresas podrán procesar con mayor agilidad registros sanitarios de nuevos medicamentos —moléculas innovadoras, genéricos y biosimilares—, así como modificaciones y prórrogas.

El Plan México incluye al farmacéutico entre los sectores estratégicos que acceden a ventanilla única y autorización acelerada. Algo similar ocurre con el sector de dispositivos médicos, uno de los más dinámicos de la economía mexicana. México se coloca aquí como octavo exportador mundial al producir y exportar más de 15,000 millones de dólares anuales en equipo médico de alta tecnología: desde implantes y sistemas de diagnóstico hasta software médico y dispositivos de uso hospitalario. Esta industria genera unos 175,000 empleos especializados y representa un área natural para la relocalización de cadenas de valor. 

La agilización regulatoria de Cofepris busca reducir tiempos y costos para que la inversión privada responda a ese impulso. Aparte, está la demanda pública —816 equipos de alta tecnología por más de 11,000 millones de pesos y 24 nuevos hospitales—, la cual el Gobierno ofrece como ancla del mercado interno. 

El punto es que se reconoce la relevancia económica de Cofepris. Las actividades industriales y comerciales que regula representan cerca del 14% del Producto Interno Bruto nacional. Entre ellos están sectores que producen, importan y comercializan alimentos, bebidas, tabaco, medicamentos, dispositivos médicos, productos de cuidado personal, químicos y plaguicidas. El secretario de Economía, Marco Ebrard, ha destacado que el impacto regulador positivo de estos sectores estratégicos superaría incluso al de la industria petrolera. En particular, al sector farmacéutico lo ha descrito como “gigante” y fundamental para la modernización económica del país.

El cambio anunciado por Cofepris, si se logra, parece profundo y se resume en 5 transformaciones de fondo presentadas por su titular Víctor Hugo Borja Aburto: 1- Se reducen de 340 trámites a solo 125, 63% menos de burocracia. 2- Los requisitos promedio bajan a la mitad, de 14 a 7 por trámite. 3- Los tiempos de resolución caen a una cuarta parte, de 100 a 24 días en promedio. 4- Se abandona el viejo modelo de revisión previa exhaustiva y se adopta uno de confianza con vigilancia posterior (post-mercado). 5- Se incorpora algo ya previsto pero no concretado como es el reconocimiento automático de autorizaciones internacionales (FDA, EMA y equivalentes), los avisos inmediatos para trámites administrativos y plataformas digitales de seguimiento en tiempo real. 

Estos cinco cambios no son ajustes cosméticos; representan un cambio radical en la manera en que el regulador mexicano concibe su labor. Durante décadas, Cofepris ha operado bajo la lógica del control previo absoluto: más requisitos, más revisiones, más tiempo. La lógica era que eso generaba certeza para el paciente, pero lo que sí detonaba era parálisis a la innovación y la inversión. El regulador se compromete ahora a puntos concretos: menos papel y filas de espera, más confianza y acompañamiento técnico. El compromiso de Borja es que el regulador ya no será un obstáculo sino un facilitador: “Queremos que el sector farmacéutico, de dispositivos médicos, de innovación sanitaria y de manufactura especializada crezca en México con reglas claras, tiempos predecibles y acompañamiento técnico”. 

El titular de Cofepris, a 4 meses de tomar posesión, se está haciendo notar por su pragmatismo. Llegó al cargo en enero de 2026, designado por el secretario David Kershenobich, en sustitución de la doctora Armida Zúñiga Estrada, quien llevaba más de diez años en la institución y era reconocida por su rigor técnico y su apego estricto a los esquemas históricos. Hoy queda claro porque salió; Zúñiga, para varios, representaba la vieja escuela: procesos impecables, pero lentos. El estilo de Borja, con su trayectoria en el IMSS y su enfoque epidemiológico y de gestión pública, es más orientado a resultados y a colaborar con la industria. Su alineación con Kershenobich es evidente: ambos asumen que la regulación sanitaria debe servir al sistema de salud integrado, pero también al crecimiento económico. 

Al final del día, la pregunta es si estos pasos radicales —y, para algunos, un poco desesperados— nos llevarán realmente a una regulación sanitaria eficiente. El rezago histórico es enorme y las propias autoridades reconocen que tardará varios años en remontarse del todo. ¿Bastará esta simplificación para generar la confianza que el sector privado exige?

¿Aportará la industria los 60 millones solicitados?

Esta es otra pregunta; porque esos 60 millones de pesos solicitados por la autoridad regulatoria a las empresas reguladas para sacar adelante, son para sacar adelante de una vez por todas la digitalización tan prometida. Si la respuesta es sí, estaremos ante uno de los giros más importantes en la política regulatoria de los últimos lustros. Si no, corremos el riesgo de que las buenas intenciones se queden en el papel. Por lo pronto, el gobierno está dispuesto a cambiar las reglas del juego. Los próximos meses dirán si esta apuesta se traduce en inversión real, empleos de calidad y, sobre todo, mejores resultados para la salud de los mexicanos. 

Pero sigue la paradoja presupuestal de COFEPRIS

Y ya que estamos en etapa pragmática, sería el momento de que las autoridades de Hacienda fueran congruentes con el camino marcado, le dieran libertad presupuestal de una vez por todas al regulador sanitario y le permitieran usar los 2,000 millones de pesos que recauda anualmente, en lugar de quitarle la mayor parte. El presupuesto que le asigna el Erario a Cofepris es de apenas 700 millones de pesos. Es decir, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) es la que aún no entiende que desde Cofepris se impulsa o se frena una parte sustancial de la economía nacional. Se estima que la agencia regula cerca de 44 a 45 centavos de cada peso que gastan los hogares mexicanos en productos regulados. Además, la industria farmacéutica y otros sectores bajo su supervisión representan aproximadamente el 10.94% del comercio exterior de México.

Referencias:

Vigilancia sanitaria postcomercialización

Comunicado al sector regulado

Maribel Ramírez Coronel

Comunicadora especializada en temas de salud pública e industria de la salud. Cursó la maestría en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM. Forma parte de la iniciativa www.HospitalsinInfecciones.com. Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, plataforma de contenidos sobre salud femenina.

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