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La estrategia antidrogas de Trump es más de lo mismo que fracasó desde 1971

Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times
Donald Trump dio a conocer el lunes pasado su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026, un documento de más de 180 páginas que la directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas, Sara Carter, resume en una frase: "Lo que buscamos no es gestionar la crisis. Es la victoria".
La estrategia se articula a partir de dos líneas paralelas. La primera ataca la oferta: perseguir cárteles, controlar los precursores, cerrar las rutas, modernizar la vigilancia fronteriza con Inteligencia Artificial. La segunda trata de reducir la demanda: prevención, tratamiento, recuperación, respuesta a la sobredosis. Toda la fuerza retórica y el detalle operativo está en la primera.
El enemigo a vencer es el fentanilo. Entre 2021 y 2023 Estados Unidos superó las 100,000 muertes anuales por sobredosis de esta droga, con un récord de 107,941 en 2022. La tendencia se invirtió en 2023 y cayó a 72,836 en los 12 meses que terminaron en agosto de 2025. El documento se propone acelerar esa reducción, que atribuye a Trump, cuando en realidad comenzó durante el gobierno de Joe Biden, bastante antes de que esta estrategia existiera.
La estrategia no contiene ninguna novedad y establece en un marco doctrinal lo que ya estaba en marcha y, para que sea políticamente aceptable, le añade el tema de la salud pública.
Desde que Nixon declaró la guerra a las drogas en 1971, todas las estrategias han repetido lo mismo: lenguaje bélico, criminalización, la oferta como el enemigo, la abstinencia como meta moral. La Estrategia 2026 admite que 48.4 millones de estadounidenses sufrieron un trastorno por consumo de sustancias en 2024, pero no se pregunta por qué tantas personas consumen o caen en la adicción. Identifica enemigos, sustancias y rutas, pero evita poner en el centro la precariedad, la soledad, la desigualdad, la enfermedad mental no atendida y la desesperanza que alimenta la demanda. Los instrumentos cambian, la reclasificación jurídica de los carteles, la escala tecnológica, pero no la ideología que fracasó durante 55 años.
La evidencia internacional permite predecir su fracaso. Desde hace décadas, Suecia aplica un modelo casi idéntico: abstinencia como norma, tolerancia cero y estigma al consumo. El resultado es una de las tasas de mortalidad por drogas más altas per cápita de la Unión Europea. Portugal tomó en 2001 el camino opuesto: despenalizó el consumo de todas las drogas y garantizó un tratamiento universal, gratuito e inmediato. Las muertes por sobredosis disminuyeron más del 80%. La Estrategia 2026 elige el modelo que la evidencia indica como el menos eficaz para salvar vidas.
Para México la situación es paradójica. Trump le exige al mismo gobierno que acusa de proteger a los cárteles terroristas. Pedir ayuda al que se acusa de ser cómplice es una contradicción que nada puede resolver. Lo que la estrategia no dice es que México es el primer socio comercial de EU y el principal destino del nearshoring industrial. El mismo gobierno que ha diseñado esta estrategia tiene un interés económico estructural en no romper esa relación. Esa contradicción es el verdadero margen de maniobra de la presidenta Claudia Sheinbaum y el límite real de la victoria que, demagógica e ilusoriamente, promete Sara Carter.
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