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Estado Fallido

Ezra Shabot | Línea directa
Cuando un Estado pierde la capacidad de garantizarle a su población seguridad y derechos de propiedad, es cuando se habla de un Estado fallido. De hecho este concepto es el equivalente a la desaparición misma del Estado y a la existencia de una jungla humana donde únicamente el más fuerte sobrevive. Países como Somalia, Siria, e incluso la Venezuela de Chávez y Maduro entre otros, son espacios sociales carentes de lo mínimo necesario para asumirse como naciones con ley y protección a la propiedad de sus ciudadanos.
La forma de llegar a ese nivel de descomposición, requiere de un proceso de deterioro constante de las instituciones para finalmente dejar funcionando sólo la fuerza del más poderoso como único instrumento de control político. Por supuesto que todo esto viene acompañado de un empobrecimiento generalizado, una salida masiva de capitales, y la emigración de todos aquellos que tengan la más mínima posibilidad de encontrar otro país que los reciba legal o ilegalmente.
Por supuesto que México se encuentra lejos de esa situación, pero se dirige a pasos agigantados en dirección a ella. Con grandes porciones del territorio nacional controladas por un crimen organizado dueño de actividades económicas importantes, e infiltrado de manera directa en las estructuras de mando en municipios y entidades federativas de todo el país, el derrumbe del Estado mexicano es incuestionable.
La vecindad con los Estados Unidos nos convierte en un problema de seguridad nacional para los norteamericanos, aunado al hecho de que la concentración de poder en manos de la presidencia de la república no ha servido para contener el ascenso de una delincuencia que hoy forma parte del poder político. Sin un Poder Judicial autónomo y profesional, la transformación de México hacia un Estado fallido avanza rápidamente.
Así, más allá de los problemas económicos derivados de un crecimiento raquítico y un endeudamiento peligroso, la carencia de instituciones confiables e individuos poseedores del conocimiento mínimo para operarlas, nos dirige directamente a un desgobierno propio de Estados fallidos donde los responsables de garantizarnos seguridad en todo sentido no saben cómo, o no están dispuestos a asumir esa tarea porque su objetivo es otro: mantenerse indefinidamente en el poder y enriquecerse a través de éste.
La única manera de evitar la degradación en la calidad de vida de la mayoría de los mexicanos, es revertir la tendencia asistencialista que reparte dinero sin requisito alguno mientras el empleo formal, los servicios de salud y la educación se deterioran constantemente, haciendo desaparecer los beneficios del recurso entregado por el gobierno morenista.
Se requeriría un golpe de timón para cambiar el rumbo del país en una dirección distinta, pero por lo pronto no hay indicio alguno de que esto sea posible.

