Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Dos estrategias frente a un mismo mamut

main image

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Ahora que el tiempo pasa y se acerca la fecha límite del 1 de julio para la revisión del T-MEC, es evidente que México y Canadá han elegido estrategias totalmente opuestas para negociar con Washington, y eso recuerda un viejo refrán diplomático que se ha utilizado mucho en estos días: en esta mesa de tres, el que no se sienta a comer, está en el menú. La pregunta es: ¿la Casa Blanca se servirá viandas mexicanas o canadienses?

En las negociaciones originales del TLCAN, un representante del gobierno canadiense decía que tratar con Estados Unidos era como dormir con un elefante; no importa qué tan amigable sea la bestia, cada vez que se mueve, uno siente el peso. Hoy, sin embargo, no enfrentamos a un elefante, sino a un enfurecido mamut.

Canadá ha decidido que no quiere solo sobrevivir al movimiento del paquidermo; sino que está dispuesto a jalarle la trompa. La postura del primer ministro Mark Carney y de su gabinete que han reforzado durante las últimas horas marca una distancia que hace imposible pensar en esa deseada mesa de negociación trilateral armoniosa.

Ottawa se pone de “tú a tú” con Washington y, sin formas suavecitas, le advierte a su socio del sur que no permitirá que ellos dicten de manera unilateral las condiciones para la ampliación del acuerdo trilateral, el T-MEC. Canadá está negociando con el mundo, a pesar de su dependencia regional.

Por supuesto que el arma secreta de los canadienses para lanzar su resto en la mesa de las apuestas es la certeza que tienen de que Estados Unidos depende de ellos en su seguridad energética y mineral.

Mientras tanto en México, la política de la serenidad y la paciencia le abre las puertas de par en par al representante comercial de la Casa Blanca (USTR) Jamieson Greer para que pueda llegar hasta el despacho presidencial, para que pueda salir de Palacio Nacional y veamos lo que parece un regaño público al secretario Marcelo Ebrard, y se plante ante los empresarios con una línea de hierro de negación de cualquier concesión arancelaria.

El T-MEC, el acuerdo forzado por Trump en su primer mandato, tiene entre sus peculiaridades, lo que se conoce como la Cláusula Sunset; es el Artículo 34.7. Éste obliga a los tres países a expresar por escrito su deseo de continuar; una fecha que llega en 69 días y donde lo más probable es que reine el silencio.

El pacto podría entrar en una neblina jurídica, de esas que le encantan a Donald Trump; que daría paso, de entrada, a revisiones anuales en lo que caduca el acuerdo.

Pasaríamos entonces de la relativa estabilidad del T-MEC a un contrato a la deriva y con tres visiones diferentes de un futuro regional. México, con un discurso trasnochado de soberanía, pero con regaños frente a la Puerta Mariana; Canadá, sin discurso de soberanía, pero bien plantado en un trato entre iguales… y Donald Trump.

La ruptura del bloque norteamericano no haría perder a todos. La pregunta es si vale la pena seguir invitando a cenar al elefante que nos ve, no como su socio, tampoco como el plato principal, sino como una botana.

El T-MEC, el acuerdo forzado por Trump en su primer mandato, tiene entre sus peculiaridades, lo que se conoce como la Cláusula Sunset; es el Artículo 34.7. Éste obliga a los tres países a expresar por escrito su deseo de continuar; una fecha que llega en 69 días y donde lo más probable es que reine el silencio.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete