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Opinión

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La democracia ante las urnas

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Manuel Ajenjo | El privilegio de opinar

Manuel Ajenjo

En La democracia en 30 lecciones, Giovanni Sartori aborda una interesante tesis de Amartya Sen (1933), economista y filósofo indio, Premio Nobel de Economía en 1998, acerca de un concepto que solemos reducir, quizá demasiado, al acto de acudir periódicamente a las urnas.

Para Sen, la democracia no consiste solamente en votar y elegir representantes. Es, sobre todo, “discusión pública”. Sartori coincide en un punto fundamental: las elecciones son condición necesaria de la democracia, pero no condición suficiente. La existencia de urnas, candidatos y votos no convierte automáticamente a un régimen en democrático. La historia demuestra que movimientos autoritarios pueden alcanzar el poder mediante elecciones y, una vez instalados en él, utilizar las propias instituciones democráticas para debilitarlas o destruirlas.

La observación adquiere particular actualidad en México. Nuestro país ha iniciado el proceso electoral 2026-2027 y los partidos políticos comienzan a definir a quienes competirán por gubernaturas, presidencias municipales, alcaldías, congresos locales y la Cámara de Diputados.

Es precisamente ahora, antes de depositar los votos en las urnas, cuando convendría recuperar la idea de Sen: democracia significa también discusión pública. Porque votar supone elegir, pero para elegir verdaderamente tendría que existir previamente la posibilidad de discutir las opciones.

¿Quién decide quiénes serán candidatos? ¿Los militantes de los partidos? ¿Los ciudadanos? ¿Las dirigencias nacionales? ¿Los gobernadores? ¿Los grupos políticos regionales? ¿Las encuestas internas? ¿Y quién conoce esas encuestas, su metodología, sus resultados y las razones por las cuales una persona termina convertida en candidata y otra queda fuera?

No se trata solamente de cumplir las normas electorales. Se trata de preguntarnos cuánto espacio existe para la deliberación ciudadana en la construcción misma de las alternativas que después serán sometidas al voto popular.

Una democracia no empieza el día de las elecciones. Empieza mucho antes. Empieza cuando los ciudadanos pueden conocer a quienes aspiran a gobernarlos, escuchar sus propuestas, confrontar sus antecedentes, discutir sus ideas, cuestionarlos públicamente y exigirles respuestas.

Y empieza también dentro de los partidos. Un partido político difícilmente puede presentarse ante la sociedad como instrumento democrático si la selección de sus candidatos depende fundamentalmente de decisiones tomadas por pequeños grupos dirigentes. Tampoco basta sustituir el antiguo “dedazo” por mecanismos aparentemente impersonales si éstos no son transparentes, verificables y sujetos al escrutinio de militantes y ciudadanos.

La discusión pública de la que habla Sen implica algo más profundo: aceptar que las decisiones políticas deben poder ser examinadas, discutidas y cuestionadas. Eso supone información. Supone libertad de expresión. Supone medios independientes.

Supone ciudadanos capaces de preguntar y políticos obligados a responder. Y supone, sobre todo, aceptar el desacuerdo como parte natural de la democracia.

Tal vez uno de nuestros problemas sea que hemos concentrado demasiado la idea democrática en el momento electoral. Consideramos que una elección competida, organizada conforme a la ley y con votos correctamente contados agota prácticamente la cuestión. No es así. Las urnas son indispensables, pero representan el final de un proceso democrático, no necesariamente su principio.

Antes de ellas tendría que existir esa “discusión pública” a la que se refiere Amartya Sen: una sociedad que delibera acerca de quién quiere que la gobierne y por qué.

México tendrá elecciones el próximo año. Millones de ciudadanos acudirán a votar y decidirán quiénes ocuparán miles de cargos públicos. Pero la pregunta democrática más importante debe formularse desde ahora: ¿Participaremos solamente en la elección de los gobernantes o también en la discusión de quiénes merecen convertirse en candidatos? Hasta el presente no es así; nuestra democracia consiste únicamente en escoger entre nombres previamente escogidos por otros. Los partidos ponen y disponen candidatos. Los ciudadanos nos conformamos con votar y algunos ni siquiera se preocupan por eso.

Votar no basta para vivir en democracia. Debe haber discusión, crítica, debate, dentro y fuera de los partidos. Las urnas sólo sirven para contar votos, no para escuchar ciudadanos. Eso no es democracia, es aritmética electoral.

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Manuel Ajenjo

Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem) y Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros

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