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El crudo subió y arrastró a las acciones; los fundamentos cuentan otra historia

Opinión
Cuando ExxonMobil, Chevron, Occidental Petroleum y Vista Energy publicaron sus resultados del primer trimestre de 2026, el mercado recibió la noticia con entusiasmo. Las acciones del sector energético llevaban semanas al alza, arrastradas por un precio del petróleo que superó los 100 dólares por barril en marzo, impulsado por el conflicto armado entre Estados Unidos e Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz.
El problema es que esa euforia bursátil tenía poco que ver con lo que realmente ocurrió dentro de estas empresas entre enero y marzo.
La razón es sencilla: enero y febrero transcurrieron con normalidad. El conflicto escaló a finales de febrero y el precio del crudo se disparó principalmente en marzo, lo que significa que el beneficio del alza llegó apenas a los últimos treinta días del trimestre. Los promedios trimestrales del WTI y el Brent, que son los que determinan los ingresos de estas compañías, reflejaron un entorno más moderado de lo que sugería el cierre del período. No hubo sorpresas en ningún sentido.
Donde sí hubo una sorpresa, aunque negativa, fue en las coberturas financieras. Estas compañías, como casi todas las productoras de petróleo de escala, utilizan instrumentos derivados para protegerse de caídas bruscas en el precio del crudo: pactan con antelación vender su producción a un precio fijo o con un piso garantizado. La lógica es razonable en tiempos normales.
Pero cuando el precio sube de forma abrupta e inesperada, como ocurrió en marzo a causa de la guerra, esas coberturas se convierten en una pérdida contable: la empresa dejó de ganar lo que habría ganado vendiendo al precio de mercado.
ExxonMobil y Chevron son el ejemplo más claro de este fenómeno. ExxonMobil reportó ingresos de 85,138 millones de dólares, 2.5% más que el año anterior, un EBITDA de 12,056 millones frente a 15,435 millones en el 1T25, un margen operativo de 7% contra 12.01% un año antes, y una utilidad neta que cayó 46% a 4,183 millones, arrastrada por las pérdidas en coberturas y los seguros financieros que el cierre del Estrecho dejó sin efecto.
Debajo de ese ruido, la empresa produjo a niveles récord, siguió creciendo y las refinerías del Golfo operaron con eficiencia histórica.
Chevron vivió algo similar: operó con un Brent promedio de 77.93 dólares por barril, reportó ingresos de 47,556 millones (+3.2%), pero una utilidad neta de 2,210 millones, 37% menos que el año anterior, golpeada por el mismo efecto contable descrito anteriormente, de aproximadamente 2,900 millones originado en el desfase entre contratos financieros y entrega física del crudo.
Lo que sí fue genuinamente positivo en Chevron fue su producción: 3.8 millones de barriles equivalentes diarios, un récord histórico impulsado por la integración de Hess.
Vista Energy contó una historia distinta: la empresa argentina registró una pérdida de 151 millones de dólares en instrumentos financieros, una partida que no existía en el mismo trimestre del año anterior. Ese golpe moderó el crecimiento de su utilidad neta a 30%, a pesar de que el EBITDA creció 64% y los ingresos subieron 58%, hasta 694 millones de dólares, con una producción que avanzó 67% interanual a 134,700 barriles diarios.
Los fundamentales operativos de Vista son notablemente mejores; fue el mercado de derivados el que, como a la mayoría de las petroleras, les cobró la factura de haberse cubierto ante un escenario que no ocurrió.
Ahora bien, si los resultados fueron buenos, pero no extraordinarios, ¿por qué las acciones de estas empresas subieron con tanta fuerza en las últimas semanas? La respuesta está en la beta. Las acciones de las grandes petroleras históricamente se mueven con alta correlación respecto al precio del WTI y el Brent. Cuando el crudo sube, el mercado asume que las ganancias futuras serán mayores y compra las acciones antes de que esos resultados lleguen.
Lo que ocurrió entre marzo y mayo no fue una relectura de los fundamentos de las petroleras; fue una apuesta sobre el precio del petróleo, ejecutada a través de las acciones de las petroleras.
El riesgo de esa dinámica es evidente hoy. El WTI cotiza alrededor de 101 dólares y el Brent en 106 dólares, niveles sostenidos por el cierre del Estrecho de Ormuz. Pero hay negociaciones en curso entre Estados Unidos e Irán, un alto al fuego que, aunque frágil, lleva semanas en pie, y señales de que China podría actuar como mediador.
Si el conflicto concluye y el tráfico por el Estrecho se normaliza, el mercado petrolero podría regresar rápidamente a un equilibrio de oferta y demanda menos tensionado, con precios significativamente más bajos. Y si el crudo cae, las acciones de estas empresas, que subieron no por sus resultados sino por la guerra, tendrían razones para caer también. Los números del primer trimestre fueron buenos, pero no lo suficientemente buenos para justificar los niveles actuales de cotización.
Lo que sostuvo el rally fue el miedo al desabasto y la especulación, no el crecimiento de los flujos de caja, y esa distinción importa. Tal vez el inversor debería preguntarse si está pagando por los fundamentales de estas empresas, o simplemente por la volatilidad del precio del petróleo.