Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Convención Bancaria 89: de la estabilidad a la ejecución


main image

Juan Pablo de Botton | Columna Invitada

Juan Pablo de Botton

La 89 Convención Bancaria dejó varios mensajes claros sobre el estado del sistema financiero mexicano. Se habló de estabilidad, de fortaleza de la banca, de digitalización y de inclusión financiera.

Pero más allá de los discursos, hubo una señal subyacente más profunda que vale la pena leer con atención.

El sistema financiero mexicano ha alcanzado un punto de madurez. La estabilidad macroeconómica ya no es el objetivo central. Es el punto de partida.

En ese contexto, la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, puso sobre la mesa un elemento clave para la siguiente etapa: la necesidad de contar con sistemas de pagos digitales eficientes, seguros y de bajo costo como base para impulsar la actividad económica y el bienestar social.

Es una idea que no es solo técnica, sino estructural.

Porque si algo dejó ver esta Convención es que el reto ya no es únicamente financiero en el sentido tradicional. Es operativo.

El Secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, destacó la necesidad de impulsar la inversión en infraestructura como motor de crecimiento. Es una afirmación que cambia el enfoque hacia lo pragmático. No basta con estabilidad fiscal. Se requiere ejecución.

En la misma línea, el presidente de la Asociación de Bancos de México, Emilio Romano, fue claro al señalar que existe la capacidad de aumentar el crédito del 38% al 45% del PIB hacia 2030, así como la disposición del sistema bancario para financiar proyectos productivos y estratégicos. Una excelente noticia para nuestro país.

El capital está.

La pregunta es qué tan bien estamos preparados para canalizarlo.

La Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, lo puso en perspectiva al subrayar que el crecimiento debe ser compartido y con bienestar, y al impulsar una nueva ley orientada a fomentar la inversión en infraestructura estratégica. En ese mismo marco, planteó una meta energética tan ambiciosa como fundamental para incorporar en México alrededor de 30 gigawatts adicionales de generación eléctrica hacia 2030.

Son señales claras de hacia dónde se quiere mover la economía.

Pero también dejan ver el tamaño del reto.

Porque si se juntan todos estos mensajes, el diagnóstico es evidente.

Hay estabilidad.

Hay una ruta de disciplina fiscal.

Hay capital disponible.

Hay voluntad política, un marco legal y una ruta propuesta.

Lo que sigue es la ejecución.

Y ahí es donde entra lo local y lo regional y en particular: las ciudades.

Las ciudades son el espacio donde la inversión deja de ser una variable macroeconómica y se convierte en resultados concretos. Donde la infraestructura se traduce en movilidad, en acceso al agua, en seguridad y en calidad de vida.

Pero para que eso ocurra se necesita algo más que financiamiento. Se necesita estructurar los proyectos en un marco de confianza.

La discusión sobre una nueva ley de infraestructura nos dará apuntes muy importantes en esa dirección. No se trata solo de atraer inversión, sino de estructurar proyectos con claridad, con horizontes de largo plazo y con esquemas que alineen riesgos y rendimientos.

Porque sin esa estructura, el capital se quedaría esperando.

Mientras tanto, el avance de reorganización económica mundial y el desarrollo de la tecnología no esperan, hay señales de hacia dónde sí puede avanzar esta transformación.

Una de ellas es la digitalización financiera en las ciudades.

En la Ciudad de México, por ejemplo, ya es posible pagar predial y agua a través de la aplicación oficial (app CDMX). Puede parecer un cambio menor, pero no lo es. Es un paso concreto hacia un ecosistema donde la interacción financiera entre ciudadanos y gobierno se vuelve más simple, más transparente y más eficiente.

Ese tipo de cambios, cuando se escalan, tienen un efecto profundo. No solo reducen fricciones. Cambian comportamientos.

Al respecto, la Presidenta propuso digitalizar pagos en gasolineras y pequeños comercios, lo que es sin duda un paso importante en esa dirección.

Pero incluso ahí hay un reto pendiente.

La digitalización no se sostiene solo con tecnología. Se sostiene con confianza. Y esa confianza requiere un esfuerzo conjunto entre gobierno y sector financiero para fortalecer la capacitación en ciberseguridad, de modo que las personas puedan operar con mayor certeza en el entorno digital.

La Convención Bancaria dejó claro que el sistema financiero mexicano se encuentra listo y que cuenta con estabilidad macroeconómica y recursos suficientes.

Ahora el reto es otro.

Convertir esa fortaleza en inversión real dirigida hacia la Ciudad y el país que queremos.

Pasar de la estabilidad a la ejecución.

Y construir, desde las ciudades, lo regional y lo local, los proyectos que le den dirección al capital.

Los recursos y el interés ya están. La pregunta es si sabremos cómo organizarlo.

Cuando ciudades, sistema financiero, gobierno y sociedad trabajan juntos en la misma dirección, los proyectos se vuelven realidad.

La ejecución conjunta será el motor del siguiente ciclo económico.

*El autor es Secretario de Administración y Finanzas de la Ciudad de México

Juan Pablo de Botton

Secretario de Administración y Finanzas de la Ciudad de México

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete