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La cartera de las plataformas de streaming presiona el bolsillo de los fanáticos

Gerardo Flores Ramírez | Ímpetu Económico
Ya quedaron atrás aquellos tiempos en los que un fanático de futbol americano en EUA encendía su televisor los fines de semana, buscaba el canal de siempre y encontraba el o los partidos de su interés. Hoy ese mismo aficionado necesita, según estimaciones citadas por el órgano regulador de las telecomunicaciones en EUA, la Federal Communications Commission (FCC), algo parecido a un título en ciencias de la computación para descifrar en cuál de las diez o más plataformas distintas se transmite el juego de la semana. Y si quiere ver toda la temporada de la NFL, tendrá que desembolsar poco más de 1,500 dólares al año.
El 25 de febrero pasado, el Media Bureau de la FCC abrió una consulta formal sobre la migración de eventos deportivos en vivo desde la televisión abierta hacia los servicios de streaming de paga o suscripción. El primer plazo para comentarios venció el 27 de marzo, pero el cierre definitivo de la consulta es el 13 de abril. Al 30 de marzo, el expediente ya contenía más de 8,500 registros entre particulares y empresas.
El presidente de la FCC, Brendan Carr, ha sido explícito en X y ante medios tradicionales. En redes sociales comentó que "durante décadas los estadounidenses disfrutaban encender su televisor y encontrar rápidamente el partido", pero que hoy eso ya no es tan sencillo. Este funcionario, muy cercano al enfoque de gobierno de Trump, señaló que la gran mayoría de los comentarios recibidos respalda mantener los grandes eventos en televisión abierta y gratuita.
Y es que la consulta apunta a algo más profundo que la incomodidad del consumidor. Carr ha argumentado que el deporte en televisión abierta atrae anunciantes hacia las estaciones locales, y esos ingresos financian los noticieros y la cobertura de interés público. Por ello, el éxodo deportivo hacia el streaming no solo amenaza el bolsillo del aficionado, también representa un riesgo para el ecosistema informativo de las comunidades.
La FCC tampoco esquiva el terreno jurídico. Carr ha cuestionado públicamente si la NFL sigue mereciendo la exención antimonopolio que le otorgó la Ley de Radiodifusión Deportiva de 1961, ahora que sus partidos migran a plataformas de pago. Ha advertido que las ligas se acercan a un "punto de quiebre": si continúan empujando juegos detrás de muros de pago, podrían perder esa exención.
La radiografía del mercado es contundente. En 2025, los partidos de la NFL se distribuyeron en diez plataformas; 20 juegos de temporada regular y un playoff se transmitieron exclusivamente en streaming. La NBA arrancó ese año un contrato de 11 años con Disney, Amazon y NBCUniversal valuado en 77,000 millones de dólares.
El fenómeno inquieta a gobiernos de varios países. Las plataformas de streaming han descubierto en el deporte en vivo el anzuelo más eficaz para atraer suscriptores y han abierto la cartera con una determinación que encarece aceleradamente los derechos de transmisión, presionando tanto a la televisión abierta como a la de paga. Netflix adquirió los derechos exclusivos de la Copa del Mundo Femenil de FIFA 2027 y 2031 en EUA y Canadá, sin sublicenciar ni un partido a señales abiertas. Paga además 150 millones de dólares anuales por juegos de la NFL en Navidad y tiene un acuerdo trianual con la MLB. Amazon Prime domina los jueves de NFL y tiene derechos de la NBA y ligas internacionales. Apple TV controla los derechos globales de la MLS. Y versiones extraoficiales apuntan a que Concacaf y Netflix estarían próximos a cerrar un acuerdo para sus distintos torneos, lo que privaría a la televisión abierta o de paga de una oferta futbolística de gran arraigo regional.
La FCC tiene razón en tomarse en serio este asunto. Lo que documenta no es nostalgia: es una transformación estructural con consecuencias directas para los consumidores, para la viabilidad de las televisoras y para el modelo de radiodifusión local que durante décadas sirvió como pilar informativo de las comunidades, tanto en EUA como en otros países. La pregunta que deberán responder los reguladores —no solo en Washington, sino en las capitales que observan con atención lo que ocurre al norte— es si las actuales reglas son suficientes para ordenar un mercado que evidentemente ya se transformó y que preocupa a muchos fanáticos. Así que no solo la Inteligencia Artificial ha puesto de cabeza muchos andamiajes jurídicos, también el dinámico mercado del streaming.
*El autor es economista.

