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Opinión

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El banco, la tasa y los críticos

El recorte de Banxico a la tasa de interés es una medida razonable ante el bajo crecimiento económico global, sin riesgos inflacionarios significativos, y busca impulsar inversión, estabilidad y reactivación económica en México.

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Vidal Llerenas Morales | Columna Invitada

Vidal Llerenas Morales

El Banco de México decidió realizar un nuevo recorte en la tasa de interés. Se trata de un movimiento esperado, que no va a generar ningún tipo de inestabilidad. No tiene nada de extraño que, en un momento en el que el ciclo económico está bajo, en México y en el mundo, la tasa disminuya. Mucho menos cuando no existen riesgos de vulnerabilidad cambiaria en torno a la moneda mexicana; por el contrario. Las decisiones de los bancos centrales, de todos, son integrales: se valora el efecto que la medida puede tener en las distintas variables macro. El riesgo mayor hoy, el global, es el de bajo crecimiento, por eso la medida es razonable. Por otro lado, es poco probable que, en esta circunstancia, la tasa tenga efectos mayores sobre la inflación, producto principalmente de la afectación de las cadenas globales de valor, menos cuando ya existe desaceleración en algunos componentes. La menor tasa, en cambio, impulsa a la economía, que requiere de inversiones.

Como en muchos otros temas de política económica, las coordenadas han cambiado. Subir o bajar la tasa no puede ser una solución de manual, sino una decisión que, según el contexto, sirva a la economía mexicana para su estabilidad y crecimiento. La reactivación económica del país está cercana y no conviene ponerla en riesgo por un tema monetario. Con la decisión que se toma, el Banxico sigue siendo el garante de la estabilidad, pero también un actor que entiende la circunstancia de la economía mexicana y actúa en consecuencia. No tenemos por qué pagar un costo de oportunidad que no existe; la inflación no se va a disparar por la decisión de reducir la tasa, y sí, en cambio, se requieren motores para el crecimiento.

Parte de las críticas a la decisión del Banco de México parecen descansar en una visión casi mecánica de la relación entre tasas de interés e inflación, como si cualquier relajamiento monetario condujera inevitablemente a un repunte inflacionario. Pero esa lectura ignora el contexto actual de la economía global y de la mexicana. La inflación reciente no ha respondido exclusivamente a excesos de demanda interna, sino también a otros factores, como disrupciones en cadenas de suministro, tensiones geopolíticas y reacomodos productivos internacionales, que no se corrigen con el incremento de la tasa. En un entorno marcado por incertidumbre global, desaceleración económica y cambios estructurales en el comercio y la inversión, la política monetaria no puede aplicarse como una fórmula automática, a costa de las posibilidades de reactivación. Exige una lectura más amplia de los riesgos que enfrenta la economía: no solo el de inflación, sino también el de prolongar innecesariamente un ciclo de bajo crecimiento y menor inversión.

Vidal Llerenas Morales

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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