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Opinión

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Ambiciones, trampas y corrupción

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Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano Espinosa Rafful

Todo hombre recibe dos educaciones, la que le dan y la que él se da; ésta última es la más importante. Edward Gibbon

Hay considerandos para acusar recibo de los mensajes cifrados, las alternativas de solución o distracción en las escenas vividas en el pasado reciente, pero sobre todo la repetición de esas actividades que debemos condenar, porque estamos en círculos viciosos, ante indiferencias notables por parte de los que sentencian sin juzgar.

Semanas de intensos y notables momentos en la noticia que no se diluye con dejar de conocer, leer, comentar y buscarle salidas de respuestas convincentes, en ese ánimo de conciliar la verdad con la realidad, que está en todas partes y en ninguna; que lejos de quitarle el sueño a los poderosos, los reanima a seguir el manual de contención de daños.

No hay engaño, continua en los partidos políticos la ambición, las listas, no de los comunicadores que son replicados y magnificados en las redes sociales, mediante mecanismos poco claros, sin culpables ni responsables a la vista de los hechos consumados, sino las otras, que se están conformando lejos de quienes acompañarán a sus protagonistas para llegar sin pena ni gloria los más.

Los ridículos son todos a la vez, lo mismo Lili Téllez que Noroña, Layda Sansores que los escapistas sin pistas en Sinaloa, los alcaldes en funciones con sus excesos y reclamos en Quintana Roo de el distante San Luis Potosí, protagonizan las trampas del engaño matizado, lo que nos dan a la carta según el gusto de quien degusta.

Y también la no frenada y rentable corrupción con la “abundancia” de esos productos que deben cuidarse, entre los que destacan los combustibles fósiles, que siguen siendo lo sustantivo y fundamental en una economía endeble, en el endeudamiento recurrente de los estados, mediante el mayoriteo de los complacientes diputados sin riesgo de colusión.

Así llegamos a cerrar una tercera semana de agosto, cuesta arriba desde enero, con sobresaltos propios de la decadencia de un sistema sin contrapesos, medidas de austeridad que se pasan por el arco del triunfo los “poderosos políticos”, lo mismo del PRI y su notoria actividad que solo descalifica y no propone, que los emergentes con anuncios en una radio coaptada en los espacios concedidos por una ley aberrante.

Las palabras y menos los discursos nos salvarán de la prisa o nos rescatarán de las treguas en silencios prolongados, serán miles de cargos de elección popular a elegir en unas urnas contaminadas por la opacidad el año venidero, el desarrollo de las nuevas tecnologías junto a la inteligencia artificial, harán un festín de encantos y dudas, de los que veamos en las malditas y conspiradoras redes, ya no tan sociales. 

Tendremos que darnos un espacio para la reflexión, la obligación es confrontar el mensaje con el futuro inmediato, lo novedoso de las repeticiones que no nos conducen a nada, las consecuencias de la maldad disfrazada es lo grotesco del juicio final.

Ni mariposas volando ni guerras contenidas, menos aún propuestas que satisfagan los desencantos del absurdo engaño de quienes no están en tiempo presente, pero han logrado seguir medrando en los espacios de atención y en la seducción de los que menos tiempo tienen para pensar y salvar la plana.

Seamos no parte de las procesiones, sino de los cumplimientos en los deseos y anhelos de un país mejor, sin más ambiciones de un solo lado, sin trampas en exámenes que dicen todo de esa juventud en fuga, pero en los desarrollos generacionales y las angustias y ansiedades de madrugada, sin compañías, instalemos un criterio propio sin juzgar a priori, en los cumplimientos de sentirnos sin reservas, salvados con dignidad y decoro.

ENTRE LÍNEAS

Hay en el ambiente social una especie de nube que flota de venganzas, de los excesos en el pasado reciente, de cuentas por cobrar y enemigos por eliminar; ahí donde la justicia tendrá que hacer su parte, porque leyes tenemos en esa convicción liberal, no en los rezagos, sino en lo tardía de esa aplicación con juzgadores en predicamento.

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