“Zapatero a tus zapatos” reza un muy sabio refrán popular. Se refiere a la conveniencia, para beneficio personal y de la colectividad, de que cada persona se dedique a lo que sabe hacer, a su especialidad. Que el pescador pesque; el carpintero labre la madera, y el herrero se dedique a trabajar el metal. El propio Adam Smith en su gran obra La riqueza de las naciones hizo famoso el principio de la especialización en su ejemplo clásico de la fábrica de alfileres.

La cita viene a cuento en razón de que el actual gobierno morenista y en particular el propio presidente López Obrador parecen hacer caso omiso y aun despreciar la sabiduría implícita en el citado proverbio. En ese orden, los nombramientos de un agrónomo para encabezar a Pemex y de un dinosaurio político para hacer lo propio en la CFE —ambos con nula preparación en sus respectivas especialidades— habrían sido dignos de la desadministración que en su momento puso en ejecución el tristemente recordado presidente Echeverría.

Pero don AMLO tampoco canta mal las rancheras. Así, apenas el lunes de la presente semana dio a conocer con fanfarrias el sorpresivo anuncio de que la construcción y administración de la nueva terminal aérea en Santa Lucía se encargará a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Y como única razón para justificar esa decisión AMLO expresó encontrarse “muy satisfecho con la participación, el apoyo y el respaldo de las Fuerzas Armadas”.

De ninguna manera se pone aquí en duda la competencia profesional de la Dirección General de Ingenieros de la Sedena, la cual, según parece, será la encargada de la construcción del mencionado nuevo aeropuerto. Las dudas afloran en razón de la especialización que deben tener los profesionistas adscritos a esa unidad de tan importante secretaría. ¿Qué tanto pueden saber todos esos ingenieros —presumiblemente militares— de la construcción y operación de aeropuertos? La respuesta lógica es que nada o muy poco. Es decir, tendrán que improvisarse para cumplir con su encomienda.

Parece subyacer, en ésta y muchas otras decisiones que hasta la fecha ha tomado el gobierno de López Obrador, la idea de que las buenas intenciones y la honestidad impoluta de los nuevos gobernantes todo lo justifica, todo lo compensa. Pero desgraciadamente, esa idea es equivocada. No hay soluciones mágicas para los problemas y designar encargados improvisados puede llegar a ser una muy mala fórmula.

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BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico