El gobierno federal, a cargo del presidente Felipe Calderón, ordenó la extracción de los restos de los Héroes de la Patria: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Mariano Matamoros, José María Morelos, Francisco Javier Mina, Vicente Guerrero, Leona Vicario, Guadalupe Victoria, Andrés Quintana Roo y Nicolás Bravo –nótese que el elenco está enumerado por riguroso orden de desaparición-.

La medida tiene como objetivo identificar plenamente la identidad de algunos de ellos, evaluar su estado, realizar un registro preciso de las piezas y prever lo necesario para su conservación. Además, según la Presidencia, a los heroicos restos se les practicarán estudios para conocer más la vida de los héroes, como las enfermedades que padecían, su complexión física, así como las circunstancias en que ocurrieron sus decesos.

Para lograr los objetivos descritos, en el Castillo de Chapultepec ya se habilitó un laboratorio donde especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia les realizarán, con todo respeto considerando que se trata de egregias osamentas, las pruebas correspondientes.

Posteriormente, los epónimos huesos serán trasladados a Palacio Nacional donde serán exhibidos, a partir de agosto, en la exposición México 200 años,

La Patria en Construcción -perdone las molestias que ocasiona esta obra-.

Desde ahora se vislumbra que va a haber una larga fila de curiosos que quieran contemplar la tibia y el peroné de doña Leona Vicario, de la que algunos historiadores dicen que tenía buen chamorrín.

Concluida la exposición, el 30 de julio del 2011, fecha que coincidirá con el segundo centenario del fusilamiento del Padre de la Patria don Miguel Hidalgo y sus tres infortunados compañeros: Allende, Aldama y Jiménez, los venerables restos regresarán al Mausoleo de la Columna de la Independencia donde reposaban –si es posible reposar en medio de mítines, marchas, manifestaciones y pachangas futboleras- desde 1925.

Vamos por partes

Según la historiadora Carmen Saucedo, desde que el 19 de julio de 1823, el Congreso de la Unión decretó que fueran exhumados y reunidos los restos de los beneméritos de la Patria en grado heroico , con el fin de depositarlos en la Catedral Metropolitana, todo fue una confusión y un desorden. No se hallaron los restos de Mariano Abasolo, Hermenegildo Galeana y Leonardo Bravo. La osamenta de Mariano Matamoros que se hallaba en la capilla de un convento franciscano en Valladolid –hoy Morelia- fue trasladada a la ciudad de México en un pequeño baúl. Los restos de Francisco Javier Mina que se encontraban en el cementerio de Pénjamo, Guanajuato, fueron exhumados y trasladados a la Catedral, pero su nombre fue omitido de la placa alusiva. Dado que de todos los insurgentes, Mina fue el único nacido en España, no ha de haber faltado algún funcionario nacionalista que lo ninguneó excluyéndolo de la placa. Se exhumaron y se enviaron a la capital los cráneos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, pero nunca llegaron sus cuerpos.

Váyase usted a saber dónde quedaron éstos. Como hasta Elba Esther Gordillo sabe, tras ser fusilados en Chihuahua en 1811, las cabezas de los cuatro ilustres insurgentes fueron cercenadas de sus cuerpos y exhibidas en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato. Al parecer junto a ellas había una manta que decía: Para que se enseñen a respetar . (Hago un paréntesis para comentar una elucubración de mi autoría: ¿Las cabezas que separadas de sus cuerpos han aparecido en los últimos meses en diferentes lugares del país no será una forma que el crimen organizado ha encontrado para conmemorar, muy a su sangriento estilo, el Bicentenario?)

Los restos de José María Morelos, que yacían en la parroquia de San Crisóbal Ecatepec, fueron exhumados y llegaron completos a la Catedral. Existe la hipótesis propagada por el historiador Luis González Obregón, no comprobada, que los restos de Morelos fueron robados y llevados a Francia por su hijo natural Juan Nepomuceno Almonte quien fuera Ministro Plenipotenciario del Emperador Maximiliano. -Ha de haber dicho el gran traidor Juan Nepomuceno: Aprovechando que estoy palanca me llevo a mi papi a pasear a Europa aunque esté muerto -.

El 17 de septiembre de 1823, los despojos mortales de los libertadores mencionados fueron depositados en la Capilla de San Felipe de Jesús de la Catedral Metropolitana y tiempo después trasladados al Altar de los Reyes en el mismo templo, donde permanecieron amontonados y hasta mezclados, según el antropólogo español Miguel Botella, con el esqueleto de don Juan O’Donojú, el último Virrey de la Nueva España. Esto último no debe extrañar a nadie, México es desde su origen un país surrealista.

El 30 de julio de 1895, el desordenado amontonamiento óseo fue trasladado a la Capilla de San José. Un artículo de El Universal de esa fecha describió el penoso estado en que fueron encontrados los insignes restos durante la mudanza. Menciona fragmentos de cráneos, maxilares y fémures, sin que exista la certeza de que los huesos extraídos sean todos de los héroes .

-Quizá una Paca de la época añadió al desbarajustado acervo de reliquias patrias la osamenta del padre de su yerno con la esperanza de que pasara a la historia-. Ya en la Capilla de San José, al anárquico montón de huesos se incorporaron los de Nicolás Bravo en 1902. Se desconoce la fecha en que se integraron al desorganizado osario los de Vicente Guerrero.

En 1925, por órdenes del Presidente Plutarco Elías Calles, lo que quedaba de los gloriosos despojos mortuorios, a los que se sumaron los de Guadalupe Victoria que estaban en Puebla y los de Leona Vicario y Andrés Quintana Roo provenientes de la Rotonda de los Hombres Ilustres, fueron instalados en el Ángel de la Independencia de donde fueron removidos el pasado domingo.

¿Pero qué necesidad?

Si el objetivo de sacar los restos de nuestros héroes de su Mausoleo es el de saber más de su vida como las enfermedades que padecieron y su complexión física, ¿qué ganamos con saber que Leona Vicario padeció una úlcera gástrica parecida a la de la anciana de Zongolica? Si los estudios revelan que don Andrés Quintana Roo era bajo de estatura, ¿eso lo va a hacer menos héroe? Si la reconstrucción facial y capilar de don Miguel Hidalgo indica que no era calvo, sino por el contrario lucía un copete tipo el de Peña Nieto, ¿qué va a pasar? ¿Se va a cambiar su imagen de los libros, oficinas públicas, billetes, estatuas y escuelas? ¿Qué vamos a pensar de don Nicolás Bravo si las investigaciones osteológicas revelan que por ciertas características encontradas en la falange del pulgar y la falangeta del índice de su mano derecha es posible que cuando jugara canicas tirara de uñita?

Sabemos que Morelos padecía migraña, por eso usaba pañoleta en la cabeza con la que cubría los chiquiadores de las yerbas usadas para aminorar la dolencia.

En cuanto a las circunstancias en que ocurrieron sus decesos , no sabemos de qué murieron doña Leona y don Andrés, pero la historia consigna que Guadalupe Victoria murió de epilepsia, Nicolás Bravo de envenenamiento y los otros ocho héroes que nos dieron Patria de muerte natural.

Me explico: los fusilaron y cuando a alguien lo fusilan que muera es natural.