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Vacío y silencio ambiental
Desgraciadamente en esta columna no podemos comentar o analizar alguna nueva política ambiental. En el torrente de anuncios, descalificaciones, reacciones, ocurrencias y admoniciones que brotan diariamente del manantial de la 4T, es notable la ausencia de cualquier referencia a temas ambientales y relacionados con la sustentabilidad. Intrigan ese vacío y ese silencio sobre algo al parecer ajeno, desconocido o simplemente despreciado. Es rasgo prominente y tal vez consustancial. Debemos preocuparnos, ya que no sólo se percibe esta oquedad ambiental, sino que encaramos decisiones francamente contrarias a una lógica de sustentabilidad, cuestión primordial para cualquier país civilizado en el siglo XXI.
El nuevo gobierno impuso un recorte draconiano, incluso incapacitante, al presupuesto de la Semarnat, una de las áreas de gobierno más castigadas en el PEF del 2019. Resalta en este recorte la mutilación de recursos a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), institución a cargo de la riqueza biológica y del patrimonio y capital natural de la nación. Ni una mención, o siquiera insinuación, ha merecido el cumplimiento de compromisos internacionales. Tal es el caso de la Convención de Naciones Unidas para la Diversidad Biológica, en la cual México tiene la responsabilidad de proteger cabalmente al menos 17% de su territorio terrestre y 10% de su territorio marino. A pesar de lo anterior, en el todavía gobierno electo se decidió a cancelar la iniciativa de creación de una gran Reserva de la Biósfera en el Mar de Cortés, en atención a los intereses inmediatos de la industria pesquera. Con este precedente, los recortes a la Conanp hacen prácticamente imposible el cumplimiento de tales obligaciones.
El otro caso es el Acuerdo de París de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, donde nuestro país está comprometido a reducir entre 25 y 40% sus emisiones de gases de efecto invernadero al 2030 por debajo de la línea de base y a iniciar en el 2026 una reducción absoluta en el volumen de emisiones. Ni una palabra al respecto. El asunto no sólo se ignora, sino que el abandono de la reforma energética anula la arquitectura institucional y normativa necesaria para avanzar en la transición hacia las energías limpias y renovables, que se desarrollaba exitosamente hasta el año pasado. No sólo eso, se pretende construir una refinería de petróleo con fondos públicos y promover el consumo manteniendo bajos los precios de los combustibles automotrices —principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en México. Más aún, se ha decidido reactivar la generación de electricidad con combustóleo e incrementar el uso de carbón en termoeléctricas (obsesión compartida misteriosamente con Trump). En los hechos, nuestro país estará repudiando el Acuerdo de París.
Nada se ha escuchado de política urbana en casi 100 homilías presidenciales mañaneras, siendo México un país con grandes desafíos de desarrollo y sustentabilidad para sus ciudades medias y grandes, y para sus numerosas zonas metropolitanas. La urgencia de una nueva política de gestión del agua, y de una nueva Ley General de Aguas, no ha llegado a los ojos y oídos de la 4T. Ni el desempeño de los organismos operadores municipales, ni la funcionalización del derecho humano al agua consagrado en el Artículo 4 constitucional, ni el saneamiento de cuencas prioritarias y el combate a la contaminación hídrica, ni los problemas del régimen vigente de adjudicación del agua, ni el gravísimo problema de agotamiento de nuestros acuíferos subterráneos. Algo inquietante. No obstante, a la Conagua se le han asignado 1,665 millones de pesos para demoler las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, paradójicamente, en medio de un recorte de más de 30% de su presupuesto. La oquedad ambiental resuena con tambores de destrucción ecológica. Primero, en torno a la construcción del llamado Tren Maya, el cual impactará severa e irreversiblemente la Reserva de la Biósfera de Calakmul, Patrimonio de la Humanidad decretado por la UNESCO. Los desmontes y la deforestación serán inevitables para el trazado de la línea, el movimiento de tierras, la construcción de terraplenes, bancos de material, caminos de acceso, nuevos asentamientos humanos y una amplia gama de obras inducidas. Segundo, en materia agropecuaria, ya que la 4T establecerá nuevos mecanismos de subsidio, precios de garantía y reparto de ganado, con el ánimo de lograr la “autosuficiencia alimentaria”, lo cual generará una nueva ola de deforestación en nuestro país.
En fin, más allá del limbo ambiental, sin interés ni recursos, ni visión o programa, todo parece indicar que México enfrentará una peligrosa e inquietante regresión ambiental.

