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Una nueva forma de enseñar el Derecho de los abogados
La forma de ser de los abogados está íntimamente relacionada con la manera en la que se les enseña el Derecho e intentar nuevas formas de enseñarlo constituye un gran reto para los centros de enseñanza jurídica; lo anterior, nos haría pensar que hay toda una discusión al respecto; sin embargo, no es así.
El asunto muy poco se discute y en la mayoría de las ocasiones se polariza sin llegar a nada. Pero a pesar de ello, algunos juristas se han venido ocupando del tema, lo que ha permitido que contemos al día de hoy, con una bibliografía más o menos respetable.
En los términos anteriores, parecería que estamos hablando de un problema reciente, pero no es así, esta cuestión responde a una larga historia que se remonta incluso a los orígenes mismos de la cultura.
Por ejemplo, en las viejas civilizaciones como China, India y Egipto, la enseñanza del Derecho se impartía por medio de los escribas, por lo que dicha educación era muy rígida y consistía fundamentalmente, en que los pupilos se hincaban frente a un cajón de madera con arena y ensayaban en éste los rasgos de las letras, el maestro verificaba el trabajo de cada alumno y lo obligaba repetirlo cuantas veces fuera necesario.
En la época arcaica en Roma, la situación no fue muy diferente, en ésta los sacerdotes tenían el monopolio de la interpretación jurídica, lo aprendían por tradición oral hasta memorizarlo letra por letra.
Más adelanté, también en Roma, los caballeros llevaban a sus hijos con un abogado para que de ver y oír sus intervenciones, aprendieran con el paso del tiempo, apareciendo así las primeras escuelas de Derecho como: Berito, Cesaria y Constantinopla. Esta última, importante por: a) la recopilación que hizo Justiniano; b) porque en ella se intentaron diversos métodos de enseñanza y c) porque contaron con programas dedicados al estudio de los clásicos, en los que el maestro leía los textos y los comentaba.
Por otro lado, no hay que olvidar al Monje Irnerio, quien descubrió un manuscrito del Digesto en la biblioteca de Pisa (manuscrito Pisano) y lo llevó a la Universidad de Bolonia, dicho acto constituyó un volver al Derecho Romano y ayudó a que esta institución se convirtiera por muchos años, en el centro de enseñanza jurídica más importante de la época.
En la edad media se ensayaron distintos métodos. Algunos de ellos aún en práctica, como por ejemplo: cuando el maestro lee un texto de un autor consagrado y lo comenta o en otras ocasiones, propicia un debate entre los alumnos.
Sin embargo, el método que prevaleció en Europa y luego viajó a América fue la cátedra, que es un método de educación centrado en el maestro y no en el alumno, en ella, el alumno asume un papel pasivo que se reduce únicamente y exclusivamente a memorizar y repetir, así se enseñó el Derecho a muchas generaciones.
El problema es que si queremos un nuevo perfil de abogado comprometido con los valores y con la sociedad, debemos comenzar por intentar nuevas formas de enseñar el Derecho más allá del gis y el pizarrón. En este momento, hay instituciones que luchan por encontrar fórmulas exitosas en la enseñanza del Derecho; sin embargo, todo queda en la realización de un congreso con muy buenas intenciones y no se vuelve a insistir en el asunto hasta el año siguiente en que se retoma el tema.
Estimado lector, hoy más que nunca, necesitamos abogados postulantes honestos, no expertos en alegatos de oídas o de introducir billetes en un cajón de escritorio. Necesitamos jueces justos, actuarios eficientes, maestros que enseñen, notarios dignos de fe. La sociedad exige un mejor aparato de justicia, un sistema notarial confiable y cárceles donde los sentenciados sean readaptados verdaderamente.
Todos los vicios que vivimos, aunque parezca lejano, insisto, tienen que ver con las aulas y con los contenidos que enseñamos, pero más aún, con la manera de enseñar dichos contenidos.
Urge revolucionar la enseñanza del Derecho para formar a los abogados que necesita nuestro país en la aldea global. Abogados capaces de manejar los nuevos conocimientos sin ser displicentes con los establecidos, tolerantes, plurales, respetuosos, responsables, diestros en el manejo de la tecnología, multilingües y con un fuerte compromiso social, empleemos todo nuestro talento para formar abogados acordes a nuestra realidad.
*El Mtro. Arturo Rafael Pérez García es profesor de Ciencia Política de la Facultad Derecho de la Universidad La Salle y su correo electrónico es arturorafaelperezgarcia@gmail.com