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Opinión

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¿Una nueva definición de museo para el siglo XXI?

Nos informan desde Praga que, en el marco de la Conferencia General del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOM), acaba de ser aprobada ayer una nueva definición de museo. Lo anterior por abrumadora mayoría de 487 votos a favor (92%) y 23 en contra (4%). Lo primero que me viene a la mente es la pregunta de si en realidad es necesario, ya no digo definir, sino redefinir qué es un museo en los términos en que lo han hecho, concibiendo las instituciones museísticas solo como extensiones del aula educativa.

El organismo lleva cuatro años trabajando en esta definición, por lo mismo, extraña la pobre y anquilozada visión que tiene sobre estos espacios ¿Pero qué dice esta nueva redefinición que hará frente al siglo XXI?

“Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”.

La primera línea es de lo más obvio, nos recuerda que es una institución sin ánimo de lucro, con lo cual la condena al presupuesto estatal; que es permanente y está al servicio de la sociedad (faltaba más). La segunda, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe patrimonio cultural; que están abiertos al público, que son accesibles e inclusivos y que fomentan la diversidad y sostenibilidad. Asimismo, que con la participación de la sociedad operan y comunican ética y profesionalmente experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimiento. Seguramente se refieren a un museo de historia natural. Porque ya puestos a tomar en serio esta definición, en lo personal cuestionaría eso de que quien deseé participar en los museos debe hacerlo éticamente, pues la ética, entendida como la moral reflexionada, tendría un lamentable corsé desde la libertad creativa. Lo que debe hacer un museo es invitarnos a pensar y a reflexionar esencialmente. ¿Dónde queda la provocación y la irreverencia, propios de las nuevas expresiones y manifestaciones artísticas? ¿En la diversidad? No lo creo.

Estamos ante una definición estática, no dinámica. No acorde con el nuevo consumo de bienes y servicios culturales, que es cada vez más algorítmico y domiciliado. Preguntaría también dónde queda la servucción, ese cúmulo de bienes y servicios que puede prestar una institución museística, a partir de su actividad principal. Servicios como comida (de autor si se quiere), proyección de películas, catas de vino, bailes, cenas, locaciones para el sector audiovisual; poder ser escenario de otro tipo de manifestaciones artísticas y culturales que, dicho sea de paso, generan recursos autogenerados. Ah pero según la definición, estamos ante una institución sin fines de lucro.

Por otro lado, me pregunto si pensaron en la irrupción de la inteligencia artificial que viene declarando la guerra, entre otros sectores, al mundo de la ilustración, o en la popularización de las herramientas que permiten crear sofisticadas obras a partir de algoritmos, sin autor jurídicamente identificable.

Debemos tener claro que por la educación aprendemos a leer y a escribir, en tanto que por la cultura aprendemos a pensar y a reflexionar. Un museo, es ante todo un espacio de reflexión, no solo una extensión de las aulas educativas; se enmarca en esta segunda vertiente del aprendizaje, que tiene como tarea provocarnos desde la irreverencia, desde el escarnio, desde lo políticamente incorrecto: desde la libertad de expresión creativa, para que la sociedad tenga otras formas de pensar y reflexionar.

Los museos deben ser, más que ventanas educativas, escenarios, espacios y plataformas culturales. Aquí lo que menos importa es si esta nueva definición contó con la abrumadora mayoría del 92 % de una votación. Lo que realmente importa es que ayuden a la sociedad a pensar y a reflexionar desde la pluralidad y la libertad de expresión creativa, no desde el siglo XIX.

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