En El Laberinto de la Soledad, al reflexionar sobre la naturaleza del mexicano y su sentimiento de inferioridad el cual atribuye a la soledad, Octavio Paz escribió: “una soledad que despierta en la adolescencia y que tratamos de sobrellevar a través del uso de máscaras, caras ajenas a nosotros mismos que nos representan y con las cuales nos presentamos ante los demás. El silencio es la mejor arma, es mejor ser callado y reservado que llorar y ser observado, es mejor demostrar prosperidad aunque nos falte alimento”.

La anterior cita viene a colación por los resultados de la encuesta Indicadores de Bienestar Autorreportado de la Población Urbana (cifras a julio de 2021) que publicó el Inegi. Esta consta de tres grandes apartados: a) satisfacción con la vida en general y con ámbitos específicos de la misma; b) eudemonía (fortaleza de ánimo y sentido de la vida); y, c) balance anímico.

La situación por la cual atraviesa México dista mucho de ser buena. Después de que la economía experimentó el año pasado la peor disminución del PIB en casi un siglo (8.5%), el incipiente rebrote se está desacelerando (el IGAE tuvo una caída mensual en junio de 0.9%) y el PIB real del segundo trimestre de este año está apenas en el mismo nivel que el alcanzado en el cuarto trimestre de 2016.

Como resultado de la crisis económica, ha habido un significativo deterioro del mercado laboral (de acuerdo a la Encuesta sobre Ocupación y Empleo en julio de este año 7.5 millones de personas están fuera de la Población Económicamente Activa, pero estarían disponibles para trabajar y otros 7.5 millones que, estando ocupados, estarían dispuestos a trabajar más horas, lo que indica que su ingreso no es suficiente para cubrir sus necesidades básicas dentro del hogar) mientras que por otra parte hubo un aumento significativo de la población que cayó en una situación de pobreza por ingresos (durante el segundo trimestre, 38.5% de la población tuvo un ingreso inferior al costo de la canasta alimentaria; en el primer trimestre de 2020, antes de la pandemia, era el 35.6%). Adicionalmente, como resultado de la pandemia y el pésimo manejo de la misma por parte del gobierno, más de medio millón de mexicanos han fallecido. Y por último, prevalece una muy alta tasa de inseguridad e impunidad (un promedio mensual de 3,000 homicidios y miles de otro tipo de delitos).

Y a pesar de todo ello, de acuerdo con la encuesta de Bienestar Autorreportado, el mexicano promedio está muy satisfecho con su vida y además está de buen ánimo. Los principales resultados arrojan que la población le da una calificación de 8.3 a la vida en general (la calificación está arriba de ocho en relaciones personales, vivienda, ocupación, estado de salud, logros en la vida, perspectivas a futuro, nivel de vida y vecindario) y con una calificación de entre siete y ocho están tiempo libre, cuidad y país. La peor calificada, lo cual no sorprende, es seguridad ciudadana (5.8); “abrazos, no balazos” no parece estar muy bien evaluada.

En el apartado de eudemonía, muestra que el mexicano es sin duda optimista. Con calificación de nueve o más están soy una persona afortunada, lo que hago en la vida vale la pena, soy libre para decidir mi propia vida y tengo un propósito o misión en la vida. Con una calificación de entre ocho y nueve se encuentran tengo fortaleza frente a las adversidades, el que me vaya bien o mal depende de mí, me siento bien conmigo mismo, soy optimista respecto de mi futuro y la mayoría de los días siento que he logrado algo. Finalmente, en el apartado sobre el estado anímico, el balance general es de 6.1.

Así el mexicano, a pesar de la situación, reporta tener un alto nivel de bienestar, es optimista y está animado. ¿Realmente el mexicano es feliz o es solo una máscara como escribió Paz?

Twitter: @econoclasta

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.

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