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Una cruzada muy sospechosa
Arrancó la Cruzada. El principal cuestionamiento es su alejamiento de los focos de pobreza y hambruna. No se han elegido los municipios más pobres del país. Se privilegiaron capitales de estados con un nivel de pobreza bajísimo, como Chihuahua, Monterrey, Querétaro, Saltillo, etcétera, donde los pobres no llegan a 2% de la población.
En cambio, a los municipios pobres no seleccionados, siempre rurales, que Dios los bendiga. En la sierra Tarahumara, Batopilas y Urique (55 y 43% en pobreza extrema) quedaron excluidos; en Querétaro, los dos municipios más pobres (Pinal de Amoles y Amealco) no figuran; en cambio, los más ricos (Querétaro y San Juan del Río) serán atendidos. En Puebla también se reproduce el mismo esquema. Los municipios de la Sierra Norte concentran la mayor población en pobreza, pero sólo uno fue seleccionado. Prefirieron la capital, Tehuacán, San Andrés Cholula y Atlixco. La lista de incongruencias no tiene límite. Es cierto que se trata de la primera etapa, pero dice mucho de la concepción misma de la Cruzada.
Un primer dato es cierto. La Cruzada ha privilegiado a los municipios con mayor concentración poblacional, aunque su índice de pobreza sea muy bajo. El objetivo de la Cruzada, combatir el hambre, tendrá escasos resultados entre los más hambrientos.
Un segundo dato también es cierto. La política social, expresada como prioritaria, aunque no exclusivamente en la Cruzada, empieza a mostrar un sesgo muy riesgoso. El campo y sus pobres, que se las vean como quieran. No son muy revoltosos, sus votos son menos valiosos y como siempre han sobrevivido a su manera, dejémoslos en paz. A ver si en la segunda o tercera etapa les hacemos caso, cuando ya el dinero esté escaseando.
Un tercer dato finalmente: la exclusión de las organizaciones de la sociedad civil. En las regiones con altos índices de pobreza trabajan pequeñas organizaciones hombro con hombro con mujeres y hombres desvalidos. Muchas de estas organizaciones llevan años luchando con ellos por dignificar su vida, por generar oportunidades de educación, de ingresos, de cultura, de nutrición, etc. Ignorarlas en esta campaña es despreciar un capital invisible, pero de un gran valor adquirido a lo largo de años mediante un compromiso de largo alcance, de una entrega paciente y silenciosa.
Basta asomarse a los actuales refugios donde la población indígena sobrevive: la Tarahumara, la Sierra Norte de Puebla o la Sierra Negra, las regiones más pobres de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán o Nayarit. Ahí se topa uno con organizaciones que acompañan a estas poblaciones. Conocedores de la cultura cotidiana, de los poderes locales, de las potencialidades y de las limitaciones de cada grupo y sector de estas regiones, son actores de la historia que se construye día a día.
Estos tres datos llevan a sospechar de esta Cruzada. Los fines propuestos son inalcanzables para los hambrientos; el campo sí aguanta más; a la sociedad civil, ignorarla es lo mejor, pues no conviene su participación. ¿Cómo creerle a la Cruzada, que se ocupa de las capitales e ignora municipios de extrema pobreza?
*Experto en microfinanzas. Coordina Cosechando Juntos lo Sembrado SC.