Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Un príncipe asesino amigo de Kushner

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Jared Kushner regresa a la zona roja de la diplomacia de los amigos, tras la desaparición y muy probable muerte del periodista Jamal Khashoggi la tarde del 2 de octubre en el consulado de Arabia Saudita en Estambul.

Para el presidente Trump, en su acercamiento diplomático con el Riad subyace una estrategia geopolítica de enorme importancia: dar un giro a la herencia que le dejó Obama a través del acuerdo nuclear con Irán. Se dice fácil, pero las múltiples externalidades están reconfigurando la zona de Oriente Medio.

El costo del cambio de timón es elevado. Primero: el príncipe heredero Mohammed bin Salman alimenta la confianza en Trump a través de importantes contratos comerciales, entre los que figura el de las armas por 110,000 millones de dólares. El propio príncipe observa, como muchos otros líderes, el repliegue en el liderazgo de Estados Unidos en la diplomacia global. Ambos elementos generan mayor vulnerabilidad en la zona. Por ejemplo, el aislacionismo de Qatar y el agravamiento de la guerra civil en Yemen, donde iraníes chiítas apoyan a rebeldes hutíes, y juntos luchan contra Arabia Saudita.

De acuerdo con la inteligencia turca, el periodista Jamal Khashoggi ingresó al consulado de Arabia Saudita en Estambul a las 13:14 horas, fue detenido, torturado y desmembrado. Las pruebas recopiladas por la policía secreta de Erdogan ya fueron entregadas a Estados Unidos, y junto a ellas, el pastor Andrew Brunson, quien permaneció preso en Estambul durante dos años.

Algo no le salió bien al príncipe Mohammed bin Salman, o quizá la orden del operativo en contra de Khasshoggi se implementó de manera errónea.

Lo que reporta The Washington Post, diario en el que colaboraba Khashoggi, son elementos de enorme valor. El primero de ellos es que la propia inteligencia estadounidense, interviniendo teléfonos, se enteró de la intención del príncipe heredero: secuestrar al periodista para llevarlo a Arabia Saudita o matarlo. El segundo elemento es la respuesta inmediata de Erdogan, al entregar las pruebas de lo ocurrido en el interior del consulado: audios revelan torturas y el desmembramiento del cuerpo de Khashoggi. Y para mostrar su total cooperación con Washington, Erdogan liberó al pastor Brunson, una petición lanzada por Trump desde hace algunos meses.

Kushner fue convertido por su suegro en el business man de confianza para negociar contratos con Arabia Saudita. En el 2017, el esposo de Ivanka ofreció en su casa una cálida cena al príncipe Mohammed bin Salman. Un día después, el poderoso príncipe desayuno con Trump en la Casa Blanca. Posteriormente, la cúpula estadounidense viajó a Riad para ser protagonista de una majestuosa recepción, y claro, para firmar jugosos contratos públicos (la compra de armas por 110,000 millones de dólares), y posiblemente privados, a cargo del yerno de Trump.

Ahora, el crimen de Estado cometido en Estambul deja mal parado al príncipe, a Trump y a Kushner.

Empresas como Uber y MTV han anunciado que no asistirán al segundo evento de negocios en el Riad conocido como el “Davos del desierto”.

Trump sabía que el autoritarismo del príncipe se acentuaría mientras la confianza entre ambos crecía.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete