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Opinión

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Turbosina del futuro

Justo cuando los petroprecios rebotan por arriba de 50 dólares por barril, no podía ser más oportuno un experimento conjunto que llevarán a cabo hoy en Houston Continental Airlines, Boeing y Honeywell, para el desarrollo del combustible del futuro.

Con el decidido apoyo de su CEO, Larry Kellner, Continental efectuará su primer vuelo de prueba sin pasajeros, de un 737-800 cargado en una de sus dos turbinas con una mezcla de la mitad de turbosina convencional y la otra mitad de un biocombustible derivado de algas y la planta jatropha, originaria de México y conocida aquí como piñón.

La jatropha curcas es una oleaginosa tóxica poco explotada. Ya desde la Segunda Guerra Mundial, en el frente africano, se utilizó para echar a andar motores y se le consideró como una especie relevante para el desarrollo de la bioenergía. Se adapta bien a condiciones climáticas áridas y semiáridas, y su aceite se considera como sustituto ideal del diesel, keroseno y otros combustibles.

Durante décadas, su producción durmió el sueño de los justos, pero desde hace pocos años, al intensificarse la búsqueda de combustibles alternos, la producción de la planta se tornó importante precisamente porque el aceite que se extrae de la semilla es una fuente de energía renovable no convencional, de bajo costo y amigable con el ambiente. Se quema sin producir humo y ha sido empleado para generar iluminación en zonas urbanas como la de Río de Janeiro.

Continental realiza su primer vuelo hoy y en pocos días la australiana Qantas y la neozelandesa Air New Zealand realizarán pruebas similares, pero con aviones Boeing 747-400 de cuatro turbinas. En un lapso relativamente corto, otras aerolíneas seguirán el ejemplo.

Entre los socios del proyecto están el fabricante Boeing, que en su sede de ensamblaje en Seattle ya integró un grupo de cabildeo que buscará en Washington apoyos para el desarrollo de la tecnología; CFM International, el fabricante de turbinas que es una coinversión entre la francesa Snecma y General Electric; la división de nuevas tecnologías de Honeywell y los fabricantes de combustibles especiales Sapphire Energy y Terrasol.

Según Boeing y Continental, el desarrollo del biocombustible que utiliza algas (incluyendo algunas variedades de alga marina) y jatropha se aceleró el verano pasado cuando los petroprecios alcanzaron los 150 dólares por barril. En algunos casos, como el de Continental, el combustible llegó a representar 30% del gasto operativo.

La belleza de la producción y utilización de aceite de jatropha, y que será una ventaja competitiva contra el etanol de maíz o de caña, es que no se utilizan terrenos bajo cultivo y por lo tanto no afectan la producción de alimentos, ni consumen agua ni contribuyen a la deforestación.

Para México (particularmente Chiapas, el mayor productor del país) y algunos países centroamericanos, podría representar una fuente de empleo y divisas totalmente inesperada.

Bajo la estricta supervisión de la Federal Aviation Administration, el experimento de hoy incluirá una amplia gama de pruebas, desde aceleraciones de despegue y desaceleraciones de emergencia, hasta apagado de turbina y reignición en pleno vuelo, entre otras maniobras. Aunque ya se sabe que la mezcla algas-jatropha es de bajísimas emisiones contaminantes, habrá mediciones de alta precisión.

Los ingenieros de los socios en el proyecto insisten en que tiene todo el potencial de convertirse en el combustible alterno más exitoso en mucho tiempo, ya que las pruebas fijas iniciales han demostrado que brinda la aceleración necesaria con bajas emisiones y a diferencia del hidrógeno, no necesita la adición de nuevos o más grandes tanques de combustible a los aviones.

La empresa UOP, filial de Honeywell, desarrolló la tecnología para la mezcla del combustible y para los iniciales vuelos de prueba utilizó proveedores de jatropha en África y la India, y productores de alga proveniente de estanques en Hawaii. Los aceites de ambas fuentes se mezclaron en los laboratorios de California de la empresa energética Terrasol.

Los socios del proyecto anticipan que el organismo mundial que regula las normas y el uso de combustibles en aviones, que es la ASTM International con sede en Philadelphia, dará su aprobación a principios del 2010 a la mezcla de 50% turbosina convencional y 50% aceite de algas y jatropha.

rmena@eleconomista.com.mx

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