El presidente Donald Trump se está encogiendo de tamaño súbitamente, conforme la crisis sanitaria del nuevo coronavirus avanza en Estados Unidos: 70,476 muertos hasta la tarde de ayer.

Trump decidió nombrar a su yerno como líder en el manejo de la crisis sanitaria. Lo mismo hizo cuando llegó a la Casa Blanca, le encomendó a Jared Kushner negociar, con perfil de mediador, un acuerdo entre Israel y Palestina. Los resultados ya los conocemos: un desastre.

Kushner decidió conformar un comité de empresas consultoras que no cuentan con experiencia en pandemias de gran escala.

The Washington Post publicó ayer un conjunto de revelaciones de funcionarios de la Casa Blanca y de un voluntario implicado en una de las consultorías.

Firmas como Boston Consulting Group, McKinsey e Insight, entre otras, han ofrecido su trabajo y su tiempo de manera voluntaria para ayudar a mitigar el azote del nuevo coronavirus en Estados Unidos. Las experiencias de las firmas son vastas, pero al inicio de la crisis no pudieron distribuir material de protección para el equipo médico.

Kushner fue criticado por diplomáticos de la Secretaría de Estado cuando Rex Tillerson se encontraba al frente; su falta de experiencia en temas geopolíticos lo convierte en una caricatura frente a temas complejos. Ahora, el comité de empresas que trata de mitigar la crisis sanitaria no cuenta con experiencia necesaria para dominar el actual entorno en el que han muerto 70,476 personas. “Los estadounidenses se enfrentan a una crisis de proporciones trágicas y existe una necesidad urgente de contar con resultados efectivos, eficientes y audaces”, escribe un voluntario del comité (The Washington Post).

“De mis pocas semanas como voluntario, creo, nos estamos quedando cortos. Lo escribo para alertar a los integrantes del comité sobre estos desafíos y pedirles que hagan todo lo posible para ayudar a los trabajadores del sector médico que se encuentran en la primera línea de atención”.

El desorden es de tal magnitud que la presentadora de noticias de Fox News Jeanine Pirro ha presionado a la administración Trump para que entregue mascarillas al personal de un hospital de Nueva York.

A Kushner, como le sucede a su suegro, le preocupan más las formas de simulación. En un comunicado escribe: “Se han obtenido millones de mascarillas en un tiempo récord, y los estadounidenses que necesitaban respiradores los recibieron; estos voluntarios son unos verdaderos patriotas”.

Lo que ocurre detrás de cámaras, el presidente lo intenta ignorar. Frente a él se encuentra una batalla contra la Organización Mundial de la Salud y China.

Al ver que lo números electorales no le alcanzan para la reelección, regresó a las teorías de conspiración que tanto rating generan entre su público.

Las mentiras que dijo al inicio de la pandemia le están regresando como búmeran y, lo peor para él, le pueden costar la reelección.

La OMS le ha pedido pruebas con las que alimenta la teoría de que el virus nació en un laboratorio y no en un mercado de animales. Trump le pidió a Pompeo que se encargue de difundir el mensaje al mundo para sembrar la duda.

Las instituciones internacionales no son perfectas, y la OMS seguramente ha cometido errores. Sin embargo, se trata del brazo médico de la ONU, un organismo que también ha fallado, pero no se prestaría a cubrir información sobre el origen del nuevo coronavirus.

Estados Unidos es un gran país que no merece como presidente a un entretenedor como Donald Trump. Nombrar a su yerno como líder del comité revela el desprecio que le genera el servicio público.

En 12 semanas, el entorno ha encogido a Trump. Su desempeño lo revela como un presidente improvisado y creado por el ánimo de las redes sociales: el odio y la división.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.