Una mentira que se repite mil veces se convierte en una verdad, sostenía Göbbels. Un tuit de Trump es una mentira reforzada por sus anteriores mil mentiras.

Al leer el reciente libro de Bob Woodward, Rabia, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que un individuo como Donald Trump haya podido desempeñar el puesto de presidente de Estados Unidos. La fuerza del voto hace milagros, pero agrega riesgo al país.

Imaginar que su yerno llevó la relación con Arabia Saudita, Israel y México, es entrar a una realidad colonizada por la ciencia ficción. “El objetivo con Trump es hacer que deje centrarse en el gobierno y se centre más en la campaña, dijo Kushner”, escribe Woodward. “Cuando oí aquello, no podía creerlo. ¿En medio de la mayor crisis de salud pública en un siglo, Kushner pensaba que era el momento de centrarse en la campaña?”, señala Woodward.

El senador republicano Lindsey Graham define muy bien el desempeño de Trump durante la pandemia: “Está con un pie dentro y otro fuera. Quiere ser el presidente en tiempo de guerra, pero no quiere más responsabilidades que las imprescindibles”, le comenta a Woodward.

A Trump le advirtieron que el manejo de la crisis sanitaria le podría costar la reelección. Se lo dijo el propio Graham: Biden sería un candidato competitivo, “pero su rival será el coronavirus”.

Lo dijo el director de su campaña Brad Prascale, antes de que lo corriera: “Un visitante preguntó a Parscale cuál podía ser el agujero en la reelección. El coronavirus, respondió enfáticamente”, describe Bob Woodward.

Pero el personaje de importante peso en materia de seguridad que se lo advirtió desde el pasado 28 de enero fue Robert O’Brien: “La mayor amenaza para la seguridad nacional a la que va a enfrentarse en su presidencia” es el virus, le dijo al presidente el consejero de seguridad.

Trump, desde la Casa Blanca, se convirtió en aliado del virus al subestimar sus efectos, pero, sobre todo, por su nula empatía con la población. Su indolencia hace pensar que a  Trump nunca le interesó la población durante los cuatro años de su gobierno.

En Rabia hay un pasaje que comprueba la afirmación anterior porque retrata de cuerpo completo a Trump: “¿Y qué tenemos que hacer un esfuerzo para comprender la rabia y el dolor que siente en particular la gente negra de este país?”, pregunta Woodward al presidente en una de las múltiples charlas que sostuvo para escribir su libro. “No, replicó Trump. Te has bebido un Kool-Aid, ¿no? Escucha lo que estás diciendo, dijo entre burlón e incrédulo. Vaya. No tengo esa sensación en absoluto”.

En otro de los pasajes del libro de Woodward, describe las directrices que Kushner planteó a su suegro para lograr la reelección: “Hay básicamente tres cosas que han de ocurrir para que tengas una gran oportunidad de ganar las elecciones, le dijo Kushner al presidente.

“En primer lugar, has de construir el muro y reducir las cifras de inmigración (...) En segundo lugar, conseguir el tratado México-Canadá, porque es el 34% de nuestras exportaciones (...) Y en tercer lugar, si podemos hacer un buen trato con China, sería la cereza que corona el pastel. Y también daría una enorme cantidad de combustible a la economía”.

Kushner recibió de México una condecoración inmerecida, el Águila Azteca. Luis Videgaray se la entregó durante las últimas horas del sexenio pasado para evitar las críticas. A Videgaray poco le importó el legado de Trump en contra de México. Su objetivo era conseguir un buen trabajo en Estados Unidos. Lo encontró gracias al apoyo de Kushner, con quien estará muy agradecido.

Trump encontró la silla del Despacho Oval gracias a que supo sacar la rabia de la mitad de la población estadounidense. Pudo reelegirse. La pandemia lo desfiguró.

Su legado quedará para la historia en Twitter. Sirvió a la mentira.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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