La diplomacia de Trump se produce, distribuye, consume y destruye a través de sus redes sociales. Afuera de ellas sólo existe un páramo que ha sido creado para generar desasosiego entre los multilateralistas.

Trump tiene la virtud de convertir en memes las clásicas teorías de las relaciones internacionales; no son el realismo ni el idealismo los bocetos de la diplomacia; tampoco es Henry Kissinger el “teólogo” que descifró el puente milagroso entre Washington y Beijing. Frente a Trump, lo anterior son simples memes.

Trump piensa que restando en el entorno multilateralista se obtienen ganancias. ¿De qué tipo? ¿Las que provienen de la Tasa Interna de Retorno o del Valor Presente neto, que con olfato gatuno le maximiza su equipo financiero? O quizá piensa en la excitación entre nacionalistas cuya metáfora demoscópica los convierte en “su base”, es decir, el conglomerado de estadounidenses marginados por la teoría de David Ricardo sobre comercio internacional.

En la cumbre del G7 poco se analizó sobre los temas de género o cambio climático. Lo que realmente trascendió fue un conjunto de memes realistas capturados por fotógrafos de agencias de información y privados.

El viernes, un de Reuters capturó el instante posterior al saludo de manos entre Trump y Macron. La mano derecha de Trump, roja, producto de un estrangulamiento de arterias y venas producido por la mano derecha del presidente francés. En el campo de comunicación creado por los dos mandatarios, se puede leer la foto como una competencia de vencidas.

Pero fue el equipo de Angela Merkel el que retuvo la editorial de la Cumbre en una foto. Trump cruzado de brazos y sentado. La espalda de la canciller alemana con inclinación de 15 grados reposando sus brazos sobre una mesa. Junto a Trump, John Bolton, halcón favorito de Fox News. “El aislamiento soy yo”, nombre que propongo a la obra de arte.

Lo que sucedió a puerta cerrada entre los siete mandatarios lo relataron Michael Shear y Catherine Porter en el diario The New York Times: Trump regañó a Merkel porque su país exporta demasiados coches a Estados Unidos pero un minuto después le recordó que su abuelo era alemán y quería mucho a Europa.

Trump enfrentó de manera individual a varios de los líderes presentes y les recriminó lo mal que han tratado a Estados Unidos en materia comercial.

Finalmente, y no era necesario que nos lo recordaran Shear y Porter, es el colapso de las frágiles alianzas entre algunos de los países del G7 con Estados Unidos.

En mal momento llega el pleito entre Trump y Trudeau. Ocurre en el crucero de la negociación del TLCAN. El primer ministro canadiense jugó de local y le tenía una trampa a Trump. Lo curioso es que el tipo de trampa es la que utiliza el propio estadounidense. Un episodio catártico .

En conferencia de prensa, el canadiense calificó como “insultante” lo que motivó a Trump para imponer aranceles al acero y al aluminio: seguridad nacional.

Fin del G7 (antes G7+1, por Rusia). El próximo año podría ser G5 o G4. Total, Trump lo ha convertido en meme.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.