Siguiendo al Profesor Polo en sus indagaciones sobre el cambio social, para tratar de aplicarlo a la 4T, máxime que acaba de cumplir su primer cumpleaños, la siguiente afirmación que hace Polo y que amortiguaría en cierto modo las múltiples críticas a la 4T es que la dificultad misma de la situación que nos ha tocado vivir está en la novedad. No hablemos de un nuevo orden de cosas (o de un cambio de régimen), sino simplemente de la novedad, de la innovación. Desde el punto de vista de cualquier individuo o país, si se trata realmente de una novedad, se habla de lo inesperado o lo insospechado, si se quiere, lo que atenuaría el miedo a este nuevo fenómeno que es la 4T.

La novedad es una de las características intrínsecas de la condición humana. La estabilidad -y eso lo deben entender los conservadores- no es condición humana. Y tampoco lo es que en el pasado siempre exista un antecedente de lo que acaba de surgir, aunque mucha gente así lo piense:  si aparece algo de lo que no tenemos ninguna noticia, entonces consultamos a la historia (profesión frustrada de nuestro Presidente, según sus propias palabras). A veces nos encontramos con cosas que parecen novedades y no lo son tanto (las tácticas militares de Napoleón).

No es que no haya precedentes, que la historia no sea maestra de la vida. Lo que no se puede aceptar es la disolución de la novedad en el pasado. No, en la situación de la 4T la “novedad” ya ha aparecido antes de aparecer un nuevo orden y es una novedad porque no sabemos todavía contextualizarla, pero no porque suponga un nuevo orden de cosas: un nuevo cambio de régimen.

Lo nuevo es lo no contextualizable, o sea, aquello para lo que no tenemos nuevas coordenadas, parámetros, desde los que entenderlo o encuadrarlo. Es nuevo, no se puede entender -siguiendo a Platón- porque se escapa de cualquier criterio de reconocimiento; pero lo tenemos que entender; no es un enigma puro, o algo que haya que eliminar por absurdo. No, ahí es el auténtico reto, donde no debemos equivocarnos, y también aportar: el manejo de lo nuevo es lo mas difícil porque obliga a una nueva organización. Sin ella no se sabe qué es lo nuevo, pero debemos encontrar el orden que le corresponde a esa nueva organización, cosa que se le está haciendo añicos a López Obrador y a muchos de sus críticos y lacayos. La invención del orden es la meta, y a lo que la gente se opone más duramente. La meta, el nuevo orden, es una síntesis.

Formulada de esta manera, la racionalidad del cambio social se hace muy exigente. Los cambios sociales -a juicio de Polo- se desvirtúan, puesto que comportan un nuevo favor que se sale del contexto actual. Lo nuevo invita a inventar el orden que exige, cosa que no ha hecho AMLO, ni siquiera en sus 17 libros ni su influentsia intelectual, como Ackerman. La tarea pensante de lo nuevo es inventiva, y de ello hay que ocuparse sin demora, porque no nos podemos conformar con que aparezca un factor solitario -como el crimen organizado-, y más aún si lo nuevo aparece de modo que no lo podemos esquivar. AMLO piensa en el nuevo orden en función del antiguo, y con el cambio están surgiendo cosas nuevas, que no sabe como esquivar: el incremento de la inseguridad, la desaceleración de la economía, los conflictos en Morena.

El antiguo sistema tenía como forma de organización  al mercado. Pero en la medida en la que aumenta la importancia del saber, la sociedad postcapitalista y la industria 4.0, la índole de los cambios se modifica. La nueva contextualización de la novedad aludida es la meta de un cambio decisivo que se vislumbra, pero que no llegamos a comprender, empezando por el timonel del barco, López Obrador.

Seguiremos indagando. Lo que está claro es que institucionalizar un nuevo cambio social impone nuevos contextos y elementos, que deben ser tomados en cuenta antes para instaurar la nueva organización. ¿Los consideró la 4T y AMLO desde su toma del poder? Transcurrido un año la respuesta a nuestro juicio es negativa.