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Opinión

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¿Trascenderá la 4T a su fundador? (I)

Siguiendo al profesor Leonardo Polo, filósofo español fallecido, a quien seguiremos a lo largo de los siguientes artículos, el autor se pregunta en su libro Filosofía y Economía las dimensiones del cambio social, desde tres ópticas: (I) La índole misma del proceso de cambio, con especial atención a su racionalidad; (II) La meta del cambio en la medida en que antes, de alcanzarla se vislumbra y (III) Los agentes del cambio. Es claro que las tres son inseparables, y las abordaremos en el orden mencionado.

En la índole del cambio que propone la 4T-AMLO, quizá el primero que en la época moderna tomó conciencia del tipo de un cambio profundo fue Maquiavelo. En El príncipe dice: “No hay nada tan arduo de llevar a cabo, ni de éxito tan dudoso, ni de tan peligro manejo, como el iniciar un nuevo orden de cosas”.

Iniciar un nuevo orden de cosas es arduo, y hay que emprenderlo con ánimo decidido. Este sin lugar a dudas no faltó en la toma de posesión de López Obrador. Además, el éxito no está asegurado, es dudoso, aventurado, comporta riesgo, porque algunos factores todavía no existen, hay que fomentarlos, y además se dan factores inerciales –que no ha medido del todo nuestro Gran Tlatoani, que son una rémora para el nuevo orden y se resisten a él. Pero todavía hay más en la mente de Maquiavelo.

El camino hacia el nuevo orden social dice Maquiavelo, es de peligroso manejo. No sólo el éxito es inseguro, sino que el rumbo iniciado puede acabar en una meta distinta de la pretendida, y ello tanto por la interferencia de factores extrínsecos al cambio, como, sobre todo, porque no se tiene una idea suficientemente clara del nuevo orden (se conoce de él solo la negación, el neoliberalismo, un proyecto de muchos colores, del cual sólo se toma la negación, pero de la negación no se llega de por sí a la afirmación, en estricta lógica). Supuesto que se cumpla la primera condición, que el agente del cambio asuma la tarea con energía, de entrada tenemos –nos dice Polo-, a lo sumo un ideal que ronda a veces la utopía; el gran inconveniente de la utopía es que no se conoce el camino para llegar a ella. El manejo peligroso del cambio se debe a que no se conocen los medios y a que el objetivo tampoco está del todo claro. El nuevo orden apenas está esbozado. Ninguna anticipación de un orden futuro es exacta. Por ejemplo, algunos sociólogos dicen que lo que se pretendía con la Revolución Francesa, era eliminar el orden estamental o de estados, no se ha logrado, pues la actual sociedad francesa tiene fuertes rasgos estamentales.

Sin un cierto rigor en la formulación del nuevo orden, ni siquiera tiene sentido decir que el resultado está de acuerdo o no con el plan parcial. Muchas veces se habla de proyectos que se han desnaturalizado. Pero, ¿respecto a qué? La racionalidad del proyecto ha de aclararse, porque si no, iríamos dando tumbos –como hace nuestra economía, por decir un orden-, y el cambio no ocurriría de cualquier manera.

No vale alegar que el cambio es endógeno, porque con esto no se asegura que coincida con la intención de los agentes, lo que se reduce a la simple variación histórica, no a una transformación, lo cual –señala el filósofo español-, para el hombre, sucede de manera estúpida. La 4T y las mañaneras, ¿no parecen empezar a sonar como algo rancio? Como decía Shakespeare, “la historia es un cuento de crímenes narrado por un idiota”.

Pero no es correcto desistir de los proyectos razonables. Dando un paso más allá de Maquiavelo: el cambio social es de entrada, inevitable y hoy lo es en sumo grado (de tal modo que no se puede detener). En México, el intento de cambio cada sexenio es más bien la norma. ¿No se tratará meramente del mero trance de pasar: de algo meramente transitorio? Pero puede suceder al revés, que el cambio se acelere hasta tal grado que no se sabe cómo hacerse cargo de ellos (como el Presupuesto), cómo gestionarlos, o saber quién los gestiona: ¿el crimen organizado? ¿un lunático? ¿Unos aprovechados oportunistas, al viejo estilo priísta? ¿O un poco de todo? Lo que podemos decir es que es un cambio que no ha sido precedido por una larga gestación. ¿Durará pues? Seguiremos indagando.

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