La semana pasada se dieron a conocer datos económicos importantes, incluyendo la cifras de producción industrial de abril y los datos de empleo formal de mayo. Adicionalmente, la OCDE publicó revisiones a sus pronósticos económicos para la economía global, incluyendo nuevos estimados para nuestro país.

Todos los indicadores dieron señales de una profunda recesión y con algunas cifras, como la actividad industrial, entrando en territorio de depresión. La actividad industrial en abril registró un colapso, en términos reales, de 25.1% con respecto a marzo de este año y de 29.6% con respecto a abril del 2019. La caída fue peor a lo esperado —el consenso esperaba una contracción de 21%— y es, por mucho, la peor en la historia de México, superando ampliamente la contracción de 17.6% observada en octubre de 1995.

Para entender la magnitud del colapso industrial, tendríamos que retrasar el reloj 27 años y remontarnos a marzo de 1993 cuando el Indicador Mensual de la Actividad Industrial alcanzó un nivel de 72.6, igual que en abril de este año. Si comparamos el periodo enero-abril del 2020 con el del 2019, la caída en la Actividad Industrial fue de 9.3 por ciento. Con los datos de abril, la Actividad Industrial registró su décimo noveno mes consecutivo sin crecimiento en términos anuales.

Cuando se publiquen los datos de mayo, se cumplirán 20 meses consecutivos sin crecimiento en la Actividad Industrial. La recuperación, en términos mensuales, probablemente se empiece a ver a partir de mayo en algunas industrias como la construcción y a nivel general en junio con la reapertura gradual de algunas actividades y el regreso a la nueva normalidad.

Sin embargo, las cifras de comparación anual seguramente seguirán siendo negativas en lo que resta del año. En el caso de los datos de empleo del IMSS, en mayo se registró una disminución de 344,526 empleos con respecto a abril y de 799,741 empleos con respecto a mayo del 2019. Entre marzo, abril y mayo se han perdido 1 millón 30,366 empleos, de los cuales 683,769 eran empleos permanentes y 346,597 eran eventuales.

Para dar un poco de contexto, el número total de empleos perdidos entre octubre del 2008 y mayo del 2009, los meses más críticos de la Gran Recesión, fue de 696,438. En aquel entonces, México tardó casi dos años en recuperar el número de empleos perdidos. En esta ocasión, el riesgo es que tardemos más tomando en cuenta los datos de la más reciente encuesta de empleo llevada a cabo por el Inegi en la que se registró una disminución de 6.4 millones de trabajadores subordinados y remunerados entre marzo y abril.

Es muy posible que una proporción no trivial de estos trabajadores pasen de una situación temporal de desocupación a una de desempleo ante la potencial quiebra de sus fuentes de trabajo en micro, pequeñas y medianas empresas. Todas estas malas noticias están siendo incorporadas en las revisiones de estimados de crecimiento del PIB para nuestro país.

La semana pasada la OCDE revisó el pronóstico de crecimiento para México a una contracción de 7.5%, suponiendo que no hay un rebrote de Covid-19, seguida de una recuperación de 3% en el 2021. Este segundo trimestre del año será recordado como el peor en la historia económica de México y las secuelas podrían ser duraderas.

Es por eso que la pregunta relevante no es si ya tocamos fondo, si no más bien ¿cuánto nos tardaremos en salir del fondo? Según la SHCP, la recuperación será en forma de “palomita”. Sin embargo, las estimaciones tanto de Banxico como de la OCDE, IMEF y la gran mayoría de los especialistas del sector privado apuntan más a una recuperación en forma de “U” con un valle duradero y un repunte lento y frágil.

Joaquín López-Dóriga Ostolaza

Socio Director de EP Capital, S.C.

Sin Fronteras

Joaquín López-Dóriga Ostolaza es Socio Director de EP Capital, S.C., una consultoría especializada en fusiones y adquisiciones fundada en 2009.

Es egresado de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana, donde se graduó con mención honorífica y el promedio más alto de su generación. Cuenta con una Maestría en Economía de la London School of Economics, donde fue distinguido con la Beca British Council Chevening Scholarship Award.