Hoy se cumplen 500 años de la rendición del imperio mexica marcada por la caída de las ciudades de Tenochtitlan y Tlatelolco, un 13 de agosto de 1521.

Desde el año pasado, las autoridades gubernamentales en turno rebautizaron la efeméride, por lustros conocida –y conmemorada– como la caída de Tenochtitlan, y la llamaron el día de la “resistencia indígena”.

Parecía un subrayado inocente, inocuo, reivindicativo, en efecto, de la fortaleza de los vencidos, pero escondía un propósito de manipular y rescribir los acontecimientos, proveniente de la más alta esfera del poder y secundado por historiadores orgánicos al servicio de semejante “despropósito”.

Devino entonces el cambio de la ‘Noche triste’ por la ‘Noche victoriosa’, el renombramiento de calles en la capital mexicana, el ajuste en el calendario para forzar la fecha de la fundación de Tenochtitlan y que diera el número redondo de 700 años. No profundizaré en esas discrepancias, esa es tarea de los historiadores y de los arqueólogos. Solo subrayaré que han sido muchas las voces de connotados especialistas de intachable trayectoria que se han alzado para desmentir y rechazar los intentos por enderezar la historia.

Lo cierto es que México llega este viernes a una conmemoración desvencijada, nada victoriosa, de la caída de Tenochtitlan o de la resistencia indígena, como quieran llamarle. No exagero (Desvencijar: aflojar, desunir y desconcertar las partes de algo que estaban y debían estar unidas). El gobierno llega enfrentado con quienes desde el INAH, y otras instituciones como la UNAM, han construido a lo largo de varios decenios el corpus de conocimientos que hoy tenemos sobre la Conquista y los pueblos prehispánicos. El INAH arriba a esta fecha con el recorte presupuestal más agresivo en toda su historia, que ha mermado sus tareas de excavación y restauración de los contextos arqueológicos, y ya no se diga de sus publicaciones, con el silencio aquiescente de sus autoridades.

El recorte presupuestal sólo ha sido inocuo en la mente y en los discursos de la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, y del director del instituto, Diego Prieto. Pero los investigadores y trabajadores a quienes les ha sido retenido el sueldo por meses, cuando no rescindido su contrato, tienen otros datos.

La “gran exposición” conmemorativa que se anunció en octubre de 2020, para la cual se solicitaron códices prehispánicos y el penacho de Moctezuma en poder de instituciones y gobiernos de Italia, Ciudad del Vaticano y Austria, quedará reducida a una muestra sobre la Conquista, muy por debajo de las expectativas, en cuyo montaje ya trabaja el INAH, y a una maqueta monumental del Huey Teocalli que ha instalado el gobierno capitalino en el zócalo, que iluminarán este viernes, y que lucirá como las réplicas de monumentos icónicos en Las Vegas.

Para colmo, la conmemoración ocurrirá en el Templo Mayor, mudo testigo de la resistencia mexica, con una techumbre de más de 60 toneladas derrumbada sobre la Casa de las Águilas, que no ha sido removida a más de tres meses del colapso, ocasionado por una granizada el 28 de abril.

Las razones por las cuales no ha sido posible la reparación del daño se pierden en el laberinto de las declaraciones, pero se sabe que una de ellas es que no han alcanzado un acuerdo con el seguro y es algo que las autoridades han manejado con total hermetismo.

Al respecto, pregunté de manera puntual al señor Ulises Leyva, director de Medios de Comunicación del INAH, quien me mandó con un subordinado y éste, a su vez, me informó que necesitaba solicitar la información a la Dirección del Museo del Templo Mayor.

Le formulé las siguientes preguntas: 1. A cuánto asciende la póliza contratada con el seguro para atender el colapso de la techumbre; 2. Por qué no han alcanzado un acuerdo con la aseguradora; 3. Cuándo se estima que lo harán y cuando podrán comenzar a retirar la estructura derrumbada. 

Me informan que el INAH tiene contratado un seguro institucional con Agroasemex, SA de CV, que ampara un monto de hasta 250 millones de pesos por evento o ubicación.

Me aclaran también que “Es falso que no se hayan alcanzado acuerdos con la aseguradora. Sí ha habido acuerdo, lo que sucede es que la conciliación con el seguro se ha extendido debido a que son varios los aspectos donde se tienen que encontrar puntos de acuerdo, como los materiales, los procesos y los tiempos para llevar a cabo los trabajos”.

Finalmente aseguran que “se está avanzando; sin embargo, aún no se puede determinar la fecha exacta para el levantamiento de la estructura”.

La información recibida completa y corrige la que apareció este viernes 13 de agosto de 2021 en la edición impresa de El Economista.

J. Francisco De Anda Corral

Editor de Arte, Ideas y Gente

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