El crédito en sí mismo no es bueno ni malo. Es simplemente una herramienta. Si lo usamos bien, nos puede ayudar a lograr ciertas cosas más rápido, pero mal utilizado puede meternos muchos problemas.

Hay personas que huyen del crédito porque han visto de manera cercana los problemas que ha podido generar. Esto tampoco es bueno, porque tarde o temprano nos podremos ver en la necesidad de pedir uno y si no tenemos ningún historial, va a ser muy difícil conseguirlo. Y si lo hacemos, no será en condiciones óptimas. Prestar a alguien sin historial representa un riesgo adicional para las instituciones financieras, simplemente porque no nos conocen: no saben si somos buenos pagadores, porque no hay ningún antecedente. 

Yo siempre he pensado que es importante tener una tarjeta de crédito, aunque la usemos poco: quizá para domiciliar ahí algunos servicios básicos como el teléfono o servicios de streaming que fácilmente podemos contemplar en nuestro presupuesto. Si tenemos miedo de no saber manejarla bien, no la usemos para ninguna otra cosa y paguemos el saldo completo cada mes, para no generar intereses. Hay varias que no nos cobrarán cuota anual, así que no representará ningún costo. 

¿Por qué? Simplemente porque nos ayuda a crear un historial crediticio sano y esto se refleja en las sociedades de información crediticia como Buró de Crédito o Círculo de Crédito. 

La gente piensa, de manera incorrecta, que sólo la gente que no paga es “boletinada” en estas instituciones. Nada más lejos de la realidad. Todos los que usamos algún servicio que se contrata o paga a crédito, tenemos nuestro historial. En algunos casos es bueno, en otros es malo. 

Aún si odiamos el crédito y no queremos tener nada que ver con él, es posible que algún día queramos o tengamos que pedir uno. Quizá llegue el momento de comprar una casa y todo lo que hemos ahorrado durante varios años no sea suficiente. Si vamos al banco a solicitar una hipoteca, pero no tenemos ningún historial, es probable que nos sea negado. 

Cada banco o institución financiera tiene distintas políticas de otorgamiento de crédito. En algunos casos sólo prestan a personas con buen historial. Otras tienen un mercado objetivo más diverso, ponen menores requisitos, pero ofrecen créditos muy caros (tasas elevadas). 

Hay productos en los cuales las instituciones hacen una segmentación muy clara. Ofrecen una tasa de interés preferencial a sus mejores clientes, con historial impecable, pero también prestan a personas que les representan un riesgo mayor, con tasas de interés mayores. 

Lo que tenemos que entender es que cada vez que necesitamos pedir cualquier tipo de financiamiento, lo primero que nos piden las instituciones es nuestra autorización para consultar nuestro historial en una sociedad de información crediticia. Eso les permite ver no sólo qué tan constantes y puntuales somos en nuestros pagos. También pueden ver qué otros créditos tenemos y qué tan endeudados estamos. De esta manera pueden determinar si tenemos suficiente capacidad de pago para cumplir con una nueva obligación.

Los clientes que no tienen absolutamente ningún historial crediticio representan siempre el mayor riesgo, porque las instituciones no saben absolutamente nada sobre nosotros. No hay ningún antecedente que les pueda ayudar a determinar si seremos buenos pagadores o no. Es como si no existiéramos.

Por eso, es mejor tener un historial crediticio que refleje que somos cuidadosos en el uso del crédito, que no nos gustan las deudas y que preferimos pagar puntual todos nuestros compromisos. Eso al final nos abrirá puertas si algún día lo necesitamos. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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