Sin los aspavientos generados por el pleito con AMLO por el NAIM y los contratos del sector energético, la cúpula empresarial y el abanderado presidencial del PRI, José Antonio Meade Kuribreña, han sostenido una prolongada y desgastante escaramuza a lo largo de las últimas semanas de la campaña presidencial.

Algunos detalles de esa confrontación han sido revelados por funcionarios peñistas de primer nivel, los mismos que confirmaron las conversaciones entre el presidente Enrique Peña y empresarios que participan en el Consejo Mexicano de Negocios, sobre el rumbo de la contienda electoral y las vías para contener al puntero.

El PRI había decidido postular al exsecretario de Hacienda, mientras que el PRD y MC habían dado su respaldo a Ricardo Anaya. En una primera etapa, las candidaturas independientes estaban en ciernes y un sector del oficialismo apostaba a que la ex primera dama, Margarita Zavala, y el senador con licencia Armando Ríos Piter, llegaran a la boleta electoral. Y que junto con el Bronco, atrajeran al segmento de los votantes antisistémicos que temen el ascenso del político tabasqueño a la Primera Magistratura.

Con el arranque del año, vino la primera oleada de encuestas, misma que despertó señales ominosas: AMLO y Anaya disputarían el primer lugar. De la incredulidad, en el war room meadeadista pronto pasaron a la malevolencia. Una encuesta que aparecería en un diario capitalino a finales de enero quedó “embargada” dos semanas, porque sugería que el “candidato ciudadano” parecía condenado a quedar rezagado.

Desde la primera oleada de encuestas publicadas hubo consenso entre los demóscopos. Una confirmación vino con “la encuesta de los empresarios”, que a mediados de enero habría levantado De la Riva Group. “El cuestionario fue diseñado por un exasesor de la Casa Blanca”, referían los enterados, sin saber que el aludido era David Axelrod.

Antes, el war room de Meade había obtenido el visto bueno para desplegar el plan que buscaba minar la candidatura de Anaya. Los resultados de esa estrategia no modificaron las mediciones patrocinadas por los medios o por los empresarios. El tracking poll del PRI —que, ahora se sabe, genera la firma Innovación, de reciente aparición— registraba otras tendencias.

Información de ese calibre es la que habrían desplegado los empresarios que acudieron a Los Pinos después del primer debate para plantear la necesidad de corregir la estrategia con la que habían encarado al puntero. A diferencia de muchos otros temas a lo largo del sexenio, sus planteamientos encontraron una postura refractaria y nuevamente brotaron los reclamos sobre el impacto que tenía el rol fiscalizador de algunas ONG en la carrera presidencial.

Para la última quincena de mayo —una semana después del segundo debate, en Tijuana— entre los meadeadistas había un panorama distinto. La salida de Enrique Ochoa y el ajuste en la ruta estratégica habían servido para recuperar el ánimo, pero sobre todo contaban con información sobre la encuesta de los empresarios. Armando Ríos Piter —convertido en uno de los pivotes en el equipo, junto con Julio Di Bella— sostenía que, a diferencia de las encuestas de los medios, era un ejercicio “serio y robusto”, por el número de cuestionarios (30,000 entrevistas), su solidez metodológica y sus patrocinadores. ¿Quiénes? “(Daniel) Servitje y (Eduardo) Tricio”, sostiene un consultor político, quien tuvo acceso a los reportes de esa medición. ¿Y también Alberto Baillères o quizá Alejandro Ramírez?

Esa fuente prefiere no hablar al respecto. En cambio, sostiene que el reporte de mayo ponía a AMLO en la punta, con una ventaja de 10 puntos sobre Anaya y a éste, ocho puntos por arriba del candidato del oficialismo. La encuesta de Reforma —copatrocinada por Grupo Radio Centro, Dallas Morning News y Zócalo de Saltillo— habría confirmado esas tendencias, aunque su difusión causó más enojo entre el panismo, luego de que la primicia fuera adelantada al equipo lopezobradorista por una fuga de información dentro de la redacción del diario regiomontano.

El último capítulo de este oprobioso enfrentamiento ocurrió la semana pasada. Y lo detonó la publicación de los resultados del estudio de Berumen e Ipsos, contratado por Coparmex y la Fundación Este País.

A partir de allí comenzó una ofensiva meadeadista para que fuera divulgada la última evaluación de la encuesta levantada por encargo de un grupo de corporativos privados desde el mes de abril, bajo una metodología diferente (sic) y diseñada por un equipo de asesores externos.

En la columna de trascendidos de El Universal apareció la primera evidencia de la molestia de los meadeadistas con los empresarios. Los autores de “Bajo Reserva” acusaron al dueño de Cinépolis, Alejandro Ramírez, de haber abrazado la causa anayista y estar detrás de la difusión de la encuesta en la que apareció el abanderado tricolor en tercer lugar.

La molestia estaba justificada, de acuerdo con los funcionarios consultados. Los dirigentes del sindicato patronal conocieron el primer reporte de las mediciones de Ipsos y Berumen el viernes 8 y se comprometieron a divulgar el estudio después del debate de Mérida, que ocurriría el martes 12. La difusión de los videos del “caso Anaya” —entre otras valoraciones— los habría inclinado a adelantar.

Los trascendidos apuntaban a un intento de desafuero mediático: los empresarios tenían dos encuestas; en una Meade figuraba en segundo lugar y en la otra —la que financió Coparmex y Este País— en tercero. El mandamás de Cinépolis negó la versión de “Bajo Reserva”. “Nosotros no participamos en la toma de decisiones en temas que no nos corresponden”, quiso cerrar.

El viernes 15, Joaquín López-Dóriga escribió: “Ramírez había ofrecido a Meade publicar (las encuestas en las que aparecía en segundo lugar) pero necesitaba la aprobación unánime de los miembros del CMN”. Y Vanessa Rubio, jefa de la oficina de Meade, confirmó: “Varios miembros del Consejo Mexicano de Negocios” le habían compartido los resultados de la encuesta que confirmaría el desplome de Anaya, dijo a Ciro Gómez Leyva.

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Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.