Cada año, en diferentes instancias en la esfera de la alimentación se especula acerca de cuáles serán las tendencias alimentarias del año que empieza  tomando en cuenta las circunstancias sociales, culturales y económicas del momento que vivimos.

Con lo turbulento y atípico que fue el 2020 en nuestras vidas , las predicciones de este año son por decirlo de una forma, conservadoras en comparación con las tendencias de otros años.

Con la pandemia sin finalizar, se mantiene por ejemplo el regreso a la cocina en muchos hogares, pero también la búsqueda de comidas que ofrezcan confort. Las comidas que hacen sentir bien y que emocionalmente representan una zona de confort. Se especula que las personas estarán poco dispuestas a aventurarse a descubrir nuevos ingredientes o sabores. Por el contrario, se espera que en un ambiente de tanta incertidumbre como el que representa la pandemia. Las recetas conocidas, la comida que remonta al hogar y al pasado, son algunas de las tendencias esperadas en términos de las preferencias. Además, resurgen las recetas de cocina que implican mayor tiempo de preparación, y un interés aumentado en la preparación de alimentos desde cero. La creciente individualización de la alimentación como una tendencia observada desde hace décadas, se acrecentará por las necesidades de distanciamiento social.

Por otro lado, la industria restaurantera consolidará la obligada transformación hacia los servicios de entrega y para llevar. Los costos de esta adaptación se verán reflejados en el precio al consumidor en muchos casos. La experiencia de comer en restaurantes seguirá su transformación. Algunos expertos aconsejan a los propietarios que pueden hacerlo, readaptar los espacios en áreas abiertas en los lugares que cuenten con ellos. Resulta un hito en la transformación de los usos y costumbres de comer en el restaurant: del uso de espacios abiertos reservados para fumadores, pasamos a la prohibición de estos lugares a los fumadores para finalizar en la preferencia de lugares abiertos para consumir alimentos. Aunque en algunas latitudes, los restauranteros adaptaron sus lugares físicos poniendo distanciamiento social entre mesas o incluso, construyendo iglús de plástico para aislar mesas, se espera que existan innovaciones en las que el uso del espacio limitado con el distanciamiento social sea el desafío de los nuevos diseños.

En términos de la industria,  el desarrollo de nuevas tecnologías que reduzcan el contacto físico está a la orden del día. El Internet de las cosas y la inteligencia artificial, serán adaptados a resolver temas de inocuidad en el manejo y distribución de productos y alimentos. Muy probablemente,  aparezcan nuevas categorías de producto que integren las necesidades de reducción del contacto físico.

Aunado a todos estos desafíos, se mantienen las asignaturas pendientes en temas de alimentación como el impacto ecológico que nuestros hábitos de consumo generan en el planeta. En algunos lugares del mundo, las tendencias hacia la eliminación de empaques innecesarios en alimentos, o la innovación en hacerlos más sustentables.

Estas tendencias no forman parte de un año cronológico sino que probablemente continuarán a lo largo de diferentes años en la medida en la que la pandemia pueda ser controlada y nuevos retos se agreguen a la forma en la que resolvemos nuestra vida cotidiana. Para poder sobrevivir, necesitaremos adaptar la forma en la que alguna vez conocimos cómo comer, qué comíamos, con quiénes, y cómo accedíamos a la comida. Aunque la pandemia terminara en el 2021, es probable que muchos de los cambios se instauren a largo plazo por muchos años más.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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