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Solo la presidencia salvaría a Trump de la cárcel

Déjeme poner mi primer argumento por delante. A usted le interesa leer esta columna, porque, aun cuando el personaje central es Donald Trump, en realidad lo que estamos analizando es qué consecuencias habría para nosotros en México si Trump libra todas las crisis legales. Hoy, al menos en apariencia, los problemas legales parecen estar por ahogarlo. Así, ¿qué pasaría si esta vez llega a la presidencia por cuatro años más?
Vea usted a su alrededor en México, considere ¿quién de los posibles aspirantes a la presidencia mexicana podría tratar con Trump por los cuatro años entre el 2025 y el 2029… y ganarle?
La situación es gravísima hoy en Estados Unidos, en donde existe una alarma generalizada. Mucha gente cree que si Donald Trump vuelve a ganar la presidencia, para un segundo mandato, se sentirá tan cómodo usando y manipulando a su antojo las palancas del poder que su presidencia seguramente ignorará el estado de Derecho en el que los estadounidenses basan su confianza en el gobierno.
Y francamente, esa confianza es la que ha evitado nuevas guerras internas.
Hay quien sostiene que la división tan profunda que divide al país a la mitad es porque la guerra civil nunca en realidad terminó.
No exagero. ¡No! La alarma de la que hablo es esa precisamente.
Por eso los competidores del expresidente están derramando por todas partes la versión de que un segundo mandato presidencial de este hombre sería una clara amenaza a “la democracia” de Estados Unidos. "Democracia” es en realidad hablar de la paz interna.
Por eso también muy pocos hablan de esto públicamente, porque saben que los votantes de Trump en todo el país, a quienes ellos mismos quisieran ganarse, todavía están con Trump mientras enfrenta todos sus retos legales.
¡Desde el viernes 9 de junio en que se dieron a conocer los detalles de la acusación contra Trump, su popularidad creció! A un increíble 67%.
Los votantes republicanos dicen tener, con toda seguridad, la intención de votar para darle un segundo término en la presidencia.
El exvicepresidente Mike Pence, que conoce de cerca a Trump, dice que el expresidente, en su opinión, no sigue la Constitución porque no entiende el estado de Derecho.
Y el exgobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, está presentando un caso similar contra Trump. Es cierto que ambos quieren ser los candidatos presidenciales, pero no hay que desoír la sabiduría del viejo adagio de la poetisa Maya Angelou:
”Cuando alguien te muestre su carácter y como es en realidad… Créele la primera vez”.
En México ya tuvimos el placer de conocer a Trump, y de sentir y dolernos de sus caprichos como presidente. Ya lo vimos insultarnos con un muro, ya lo vimos manipularnos para ser su guardia de inmigración en territorio mexicano, ya lo vimos forzarnos a usar dinero mexicano para hacer esa vigilancia, y ya lo vimos forzarnos a aceptar un nuevo tratado comercial que le da ventajas a Estados Unidos por sobre las ventajas a México y ya fuimos forzados… Hasta a darle las gracias.
Dígame usted si no, nosotros tenemos que vigilar qué ocurre, y si no, afrontar las consecuencias que nos afectarían si este hombre regresa como el manipulador del poder más grande de este planeta.
Aun con esta aclaración, es muy difícil para el mundo entero entender que Estados Unidos esté hoy otra vez clasificando, explicando y tratando de entender los desafíos al sistema estadounidense a raíz de las acciones de un expresidente. Lo más sorprendente es que para los supuestos crímenes de Trump no existe un ejemplo previo en la historia contemporánea de este país.
Por primera vez en la historia, un expresidente de EU que es al mismo tiempo el candidato puntero a la próxima elección presidencial, ha sido acusado de múltiples (37 en este caso) cargos federales derivados de la investigación sobre su acumulación de material clasificado de la presidencia y sus intentos de ocultarlo del actual gobierno.
Esta es la segunda vez en el 2023 que Trump es acusado de violar la ley y la segunda vez que es instruido de crímenes serios ante una corte de justicia. Y lo que es peor, hay dos casos más esperándolo con crímenes igual de graves.
Hay tres cosas más que decir aquí: la primera es que todo este daño fue autoinfligido. El único responsable es Trump, nadie más lo orilló ni lo motivó a violar las leyes de impuestos, en el primer caso, de manejo de documentos presidenciales, en el segundo, de motivar a la violencia armada, en el tercero, y de intentar manipular las leyes electorales, en el cuarto.
Y hay tres cosas más:
- La primera, que los líderes del partido republicano y hasta sus propios rivales se hacen eco de lo que responde Trump sobre estas acusaciones –que fueron orquestadas por el actual gobierno demócrata;
- La segunda, que son una cacería de brujas;
- La tercera, que todo en conjunto demuestra cómo el gobierno de Joe Biden usa al poder judicial como un brazo armado contra sus opositores.
Así, la pregunta que surge de todo lo anterior es ¿por qué deberíamos creer que los votantes estadounidenses no sienten y creen lo mismo?
Hoy en Estados Unidos, para millones de personas, el villano no es Trump sino el gobierno federal y su Departamento de Justicia.
Solo sienta usted por un momento la desconfianza con que México y Estados Unidos se ven mutua y diariamente. Francamente, esta desconfianza es la misma que muchos de los aliados de Washington sienten también.
Por eso la atención sobre lo que ocurre con Trump y con la democracia estadounidense es tan alta en el planeta entero.
El expresidente cuenta a carcajadas cómo trato con el presidente Macron de Francia, cuando este último intentaba cargar con nuevos impuestos a las empresas estadounidenses estableciendo sucursales y operaciones en Francia.
Trump refiere que llamó por teléfono a su “amigo” Emmanuel y le dijo que debería quitar ese nuevo impuesto.
El presidente de Francia le respondió que “eso era imposible porque eso ya había sido aprobado por el consejo de ministros”. “Está bien”, le respondió Trump, “ve y dile a tu consejo de ministros, que mañana a las siete de la mañana, hora de Washington, que Estados Unidos aplicará un nuevo arancel, que duplicará el precio de todos los vinos y licores que importa de Francia”.
Macron, pegó un grito y le dijo, “Usted no puede hacer eso, sería injusto”. “Tan injusto”, le dijo Trump, “como tu impuesto a las empresas de Estados Unidos”. El presidente Macron, dice Trump, le respondió… “No hagas nada, espérame un momento, voy a tratar de solucionar esto”.
Media hora más tarde el presidente Macron le llamó por teléfono para decirle, “Ok, tú ganaste, ya les quitamos el impuesto a las empresas de Estados Unidos en Francia”.
Trump termina su relato con una enorme carcajada. ¿Le gustaría a usted tener un presidente así?
Claro que le gustaría, pero ¿es cierta la anécdota? El único capaz de aclararlo sería Emmanuel Macron mismo. ¿Lo haría? Por supuesto que no.
Pero la anécdota está en los discursos de campaña de Trump. Es el equivalente de cuando preguntaba a gritos ¿quién pagará por el muro?… y en coro la gente le respondía… ¡México!
Si el sistema judicial no detiene a Donald Trump, no hay nadie que será capaz de hacerlo, y el próximo presidente de Estados Unidos habrá derrotado cualquier semblanza de orden público que ha evitado que los otros 45 presidentes hayan mal usado el enorme poder de este país.
Por último, los procesos jurídicos en Estados Unidos son manipulados por los poderosos con dinero y son extendidos en el tiempo. La elección presidencial es en 16 meses más y es muy posible que los juicios ocurran ya cuando un nuevo presidente esté en funciones en la Casa Blanca.
Un presidente en este país no sería encarcelado, por eso digo que la única manera en que Trump evitaría ir a una prisión sería su reelección.
¿Eso, lo motivaría a usted? Obviamente a Trump también.

