Los binomios diagnóstico-tratamiento utilizados en México desde los años 70 tienen en común que han resuelto retos coyunturales, pero no han funcionado como plataforma para el crecimiento económico sostenido. Han servido para mantener a México en la mesa de juego, pero ciertamente no han permitido que ganemos la mano. La estrategia de México en el póker internacional ha tenido, y tiene, muchos nombres: reformas, competitividad y acuerdos políticos; todos ellos ponen el problema como un elemento externo, uno que depende mayormente de lo que hagan otros agentes u otros países. Sin embargo, qué tal si le apostamos a otro tipo de estrategia, una que dependa de nuestro juego y no del de los oponentes, qué tal si optamos por la productividad . Productividad en su más sencilla definición: una medida de eficiencia en el uso de recursos en la producción.

La productividad es un concepto familiar, casi intuitivo; es un concepto común que todos los actores conocen: empresarios, funcionarios, organizaciones sociales y laborales; es un concepto poderoso que se centra en las decisiones de cada agente económico. Pero más importante, es un concepto en el que México sufre de un rezago muy importante. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), nuestro país perdió 31% de productividad versus Estados Unidos entre 1960 y el 2005; mientras que Brasil se contrajo 2.5%, y países como Chile, Corea y China ganaron en 19, 40 y 219%, respectivamente.

Parece que la pregunta no es por qué México ha dejado de ser competitivo globalmente, sino por qué México ha perdido productividad a una tasa tan acelerada en los últimos 50 años. Por qué el cambio de modelo económico (de un mercado cerrado a uno abierto) no trajo consigo la anhelada prosperidad. Por qué la estabilidad macroeconómica no se refleja en el bolsillo del mexicano promedio. La respuesta es corta, pero muy compleja:

porque ni la reducción arancelaria ni la apertura a inversión extranjera ni el control de la inflación, tipo de cambio ni tasas de interés nos han hecho más productivos. Porque no se han puesto las bases para canalizar todas esas ventajas (que lo son) hacia el uso eficiente de los recursos del país en los procesos productivos.

Hacer más productivo a México no será una tarea sencilla. Implica primero subir el tema al debate público, para luego identificar los mecanismos y oportunidades concretas que permitirán incrementar la productividad, y finalmente combatir la resistencia a un cambio expresado en que el problema de México no está en los demás, sino en cada uno de los mexicanos.

El reto de ser más productivo depende de cómo cada individuo en México se esfuerza por incrementar sus capacidades, reducir costos y hacer más con menos. Depende de cómo el sector público pone las bases para impulsar las actividades económicas donde el país tiene ventajas competitivas. Depende de cómo los empresarios explotan esas ventajas competitivas.

El reto productivo de México es mayor, pero es una apuesta segura. Seguir la senda de la productividad tiene el potencial para detonar el crecimiento.

* El autor dirige el análisis económico en el Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. (CIDAC)